Un
matrimonio relató su
cautiverio en "La Cacha"
Eduardo
Cédola y Liliana Méndez estuvieron catorce días en el
centro clandestino. Fueron torturados con picana eléctrica.
Un represor se les presentó y les advirtió de la vigencia
del Plan Cóndor. Por su parte, el intendente de Luján
acusó al jefe comunal de facto por las desapariciones.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez
(Secretaría de Prensa)

Liliana Méndez:
"Yo estaba congelada. Reaccioné cuando uno de
esos tipos le pedía a otra detenida que lo besara".
(Foto: FM)
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Eduardo Cedola:
"Antes de que me encapucharan reconocí a una
persona, que había sido un compañero de promoción
en el Colegio Nacional".
(Foto: FM) |
LA
PLATA.- Eduardo José Cédola y su esposa, Liliana Beatriz Méndez,
relataron a la Cámara Federal los catorce días de
secuestro que sufrieron en el centro clandestino de detención
"La Cacha", que funcionó en Olmos, en
instalaciones de Radio Provincia de Buenos Aires.
El matrimonio fue
secuestrado en la madrugada del 13 de septiembre de 1977 en
su casa de diagonal 76 y 18 de esta capital. Los represores,
algunos vestidos de civil y otros con uniforme de fajina
verde, se movían en cinco autos: un Falcon, dos Peugeot
404, un Torino y un Renault. Desde afuera gritaron
"policía" y Eduardo salió para abrirles.
Los tres pequeños hijos
del matrimonio —que luego fueron llevados a la casa de
unos primos— dormían en el comedor y, según contó el
matrimonio, no se despertaron porque los represores no
prendieron la luz. Mientras, un grupo de hombres armados
revolvió el dormitorio de la pareja y otro buscó algo en
la biblioteca. Eduardo y Liliana se vistieron por orden de
los secuestradores. En la calle, ya encapuchados, "nos
pusieron contra la pared y alistaron las armas. Fue unos
minutos. Después, nos subieron al auto", recordó
Eduardo, que fue introducido en el baúl. Liliana viajó
tirada en el piso del vehículo, en la parte trasera.
"Antes de que me
encapucharan reconocí a una persona, que había sido un
compañero de promoción en el Colegio Nacional (de la
Universidad de La Plata), de nombre Omar. Pero nunca pude
recordar el apellido", aseguró el Eduardo.
Los autos tomaron hacia el
oeste, por la avenida 44. Los testigos no tuvieron
dificultades para reconocer en un plano, que les exhibió la
secretaria del tribunal, que habían sido llevados a
"La Cacha".
En el centro clandestino
los separaron. Encapuchada y atada, Liliana pudo escuchar
parada junto a una escalera cómo torturaban a su esposo en
otra habitación. "Yo estaba congelada. Reaccioné
cuando uno de esos tipos le pedía a otra detenida que lo
besara. Ahí me di cuenta que me podía pasar cualquier
cosa, que me podían violar", señaló.
Eduardo, que compareció
después que su esposa, relató: "Me ataron de las muñecas
y de los tobillos y me empezaron a picanear en los
genitales, en el abdomen, en la boca. Después, me echaron
agua y me pegaron con algo pesado en la panza y en la
entrepierna. Estuve a punto de desmayarme, creí que me
mataban. Dejaron de pegarme y me empezaron a dar 220 voltios
en las muñecas. Sé muy bien que eran 220 porque una vez,
trabajando, por accidente, recibí esa descarga. Fueron
cuatro o cinco veces de forma prolongada, hasta que me
desmayé".
A Liliana le llegó el
turno de la tortura rato después. "Me acostaron
desnuda sobre un elástico, con las manos atadas, y me
aplicaron picana. Recé el Padrenuestro durante toda la
tortura. Mientras rezaba, ellos puteaban a los curas. Fueron
veinte minutos", recordó la mujer. El interrogatorio
se centró sobre la actividad política de sus primos
desaparecidos José Manuel Monteagudo y Laura Cédola, que
habían sido secuestrados el 24 de junio de 1977.
Los catorce días que
siguieron, hasta el 26 de septiembre, Eduardo y Liliana
estuvieron alojados en una gran sala, "alambrada",
con otros detenidos también encapuchados y engrillados, de
quienes no recordaron nombres.
Uno de los represores le
informó a Liliana que sus tres hijos "estaban
enfermos, pero estaban bien". La mujer señaló que
antes de la detención uno tenía varicela y que, durante su
cautiverio, los otros dos se contagiaron. Y atribuyó la
información con la que contaba el guardia a dos de su sus
primos, policías bonaerenses: Luis y Miguel Coliba.
Eduardo una vez pudo
levantarse la capucha. Reconoció entre los represores a un
empleado del Hipódromo de La Plata, lugar en el que había
trabajado. "Era alto, corpulento, gordo. Pero no
recuerdo su nombre", dijo.
Pero hubo una cara que
vieron los dos. Antes de ser liberados, otro de los
secuestradores les ordenó que le vieran el rostro:
"Era morocho, nariz aguileña, pelado. Nos contó que
estaban organizados en el país y regionalmente, en países
como Chile, Bolivia y Paraguay, y que no era posible tratar
de escapar. Después lo asocié con el Plan Cóndor",
dijo Eduardo.
El 26 de septiembre de 1977
el matrimonio fue liberado en la esquina de 131 y 36.
"Nos dieron cinco pesos para cada uno, para que tomáramos
un taxi", contó Liliana.
Eduardo, licenciado en
Economía, era estudiante, trabajaba por entonces en
Astilleros Río Santiago y participaba de las asambleas de
los trabajadores enrolados en la Asociación de Trabajadores
del Estado. Tiempo antes de su detención había sufrido
requisas del Ejército en su trabajo e, incluso, le
ordenaron que enseñara su trabajo a otro empleado. "Ya
sabían que me iban a secuestrar", reflexionó.
El represor que Eduardo
identificó como "Omar" volvió a aparecer en su
casa tiempo después. "Fue con la excusa de que la hija
de su novia iba a la misma escuela que mi hijo. Llevaba la
misma ropa que tenía puesta el día del secuestro",
aseguró. Y dijo que hace unas pocas semanas se enteró que
ese hombre, del que nunca pudo saber su apellido, había
muerto.
El testigo también indicó
que hasta 1999 o 2000 se siguió sintiendo perseguido.
El matrimonio descartó que
su liberación hubiera respondido a que el padre de Eduardo,
Víctor Jorge Cédola, era capitán de fragata de la Armada.
"Mi padre habló con todas las autoridades que conocía
y no tuvo respuestas. Siempre le negaron que estábamos
detenidos", dijo el testigo.
Días después de recuperar
la libertad, llegó a la casa de los Cédola la contestación
negativa del habeas corpus. El padre de la víctima firmó
la notificación e hizo una pequeña nota, dirigida al
"señor juez", informándole que su hijo y su
nuera habían aparecido.
En el final de su declaración,
Liliana aseguró que "una vez que fuimos liberados, no
hablamos de esto. Fue muy terrible para nosotros. No tuvimos
contención familiar. Nos quedamos sin amigos, sin hermanos.
Como que tenían miedo de juntarse con nosotros".
Acusan a un intendente
de facto
También declaró hoy el
intendente de Luján, Miguel Ángel Prince, quien acusó al
ex comisionado municipal de facto Silverio Sallaberry por
las desapariciones en ese distrito.
"En Luján las
desapariciones comienzan el 26 de mayo de 1976, cuando asume
este comisionado municipal", declaró Prince, quien fue
secuestrado en Capital Federal tres meses más tarde, cuando
era estudiante de abogacía en la UBA.
El jefe comunal pidió en
noviembre pasado declarar en el Juicio por la Verdad. También
aportó información sobre cuatro desaparecidos de la zona,
aunque vale aclarar que esa localidad no está comprendida
en la jurisdicción de la Cámara Federal de La Plata.
Al comenzar su declaración,
Prince hizo constar que su testimonio se enmarcaba en el
"compromiso del Estado municipal en poner a disposición
información y documentos para reconstruir la historia sobre
la base de la Verdad y la Justicia".
El testigo dijo que fue
detenido ilegalmente en una residencia universitaria del
barrio de Parque Patricios. Aunque en la audiencia afirmó
que fue secuestrado el 26 de agosto, en el escrito de
presentación indicó como fecha el 3 de septiembre. Ese
mismo 26 fueron capturados Gustavo Javier y Carlos Alberto
Fernández, en el domicilio de unos familiares de Prince en
Floresta. Los integrantes de la patota de la Policía
Federal preguntaron entonces por el hoy intendente de Luján.
Prince no pudo precisar el
lugar de detención, aunque por referencias cree que fue
alguna depedencia policial del sur del Gran Buenos Aires.
Fernández, que estuvo en cuativerio con él, dijo en
diciembre que estuvieron en una dependencia de la Policía
Federal en Avellaneda.
En los interrogatorios, en
los que fue torturado con picana, a Prince le preguntaron
por personas de Luján. Afirmó además que en esa zona
operaba el Regimiento de Infantería VI de Mercedes, con una
participación activa de un teniente 1° de apellido Durán.
"Fue muy comentado su accionar", acotó.
Además, sindicó a un
suboficial de apellido Silva, como el "enlace con las
patotas" de Luján. "Hacía de una suerte de
baqueano", graficó.
El intendente apuntó al ex
comisionado Sallaberry cuando mencionó que su madre hizo
gestiones por él. La mujer era entonces Directora de
Cultura del Municipio y cuando le fue a preguntar al
comisionado por el destino de Miguel Ángel, "le
contestó que nosotros éramos malos hijos", señaló
el jefe comunal.
También indicó que le dio
una respuesta del mismo tenor a la esposa del poeta
desaparecido Dardo Dorronzoro. "Terminó echándola,
diciéndole que el poeta era una persona peligrosa, y que
tenía la categoría de adoctrinador".
Sallaberry fue comisionado
hasta 1981 y años más tarde fue elegido intendente del
partido para el período 1991-95. En la elección del año
pasado, enfrentó al propio Prince como candidato de la Unión
Vecinal.
Miguel Angel Prince también
dijo que se han detectado "anotaciones irregulares, con
lápiz, de NN" en los libros del Cementerio de Luján y
dijo que ponía esa documentación a disposición de la Cámara.
Los hermanos Laporta
María Rosa Laporta, en
tanto, prestó testimonio por su detención, la de su madre
y la de sus hermanos Miguel y Roberto. Este último y su
esposa, Norma Molina, se encuentran desaparecidos. La madre
de Norma también estuvo secuestrada.
Excepto Roberto, todos
fueron apresados por un grupo de hombres armados en
septiembre de 1976, en su domicilio de Banfield. Según contó
María Rosa, estuvieron detenidos en el Pozo de Quilmes, en
una comisaría y en el Pozo de Banfield.
"Querían averiguar en
qué andaba mi hermano y me torturaron", dijo la
testigo.
Días después de la
detención, a Quilmes llegaron secuestrados su hermano
Roberto y su cuñada, Norma.
María Rosa recordó que en
Quilmes compartió el cautiverio con sus vecinos
desaparecidos, Carlos Robles y su esposa Martina; con el
sobreviviente Alcides Chiesa y con la desaparecida Gladis
Noemí Musante.
También dijo haber
reconocido a dos de los represores de la comisaría donde
estuvo detenida. Dijo que uno era un hombre "petiso,
morocho, de apodo 'Pipi' o 'Pipo'" y que el otro era
"un pelirrojo, que he visto un par de veces en la
calle". "Ellos decían que nos iban a seguir.
Mucho tiempo después lo encontré a 'Pipo' y me hice notar:
lo saludé", añadió.
La mujer señaló que su
madre y la suegra de su hermano fueron las primeras del
grupo en recuperar la libertad. Ella y su hermano Miguel
fueron liberados a mediados de mayo de 1978.
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