"Graselli
me dijo que buscara
a mi hijo en una comisaría"
La
madre de un desaparecido contó que el ex capellán de la
Armada tenía una lista con nombres de desaparecidos:
"Me dijo que sabía que estaba en una comisaría, pero
no me dijo cuál". Y señaló que luego la hizo echar
de la iglesia con los militares.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

Brozzi: "Graselli tenía una lista de nombres y
estaba mi hijo. Me hizo sacar con los milicos, porque le
dije tantas cosas...". (Foto: F. Martínez) |
LA PLATA.-
La madre de un desaparecido aseguró hoy en el Juicio por la
Verdad que el ex capellán de la Armada, Emilio Teodoro
Graselli, tenía una lista con nombres de personas
desaparecidas, entre las que estaba su hijo, y que le dijo
que lo buscara "en una comisaría".
La vinculación de Graselli
con la represión ilegal no es nueva. La Cámara Federal de
esta ciudad ya lo interrogó dos veces y secuestró el
fichero con más de dos mil piezas que el sacerdote había
elaborado con datos propios y de los familiares que iban a
consultarlo a la capilla Stella Maris, en la Capital
Federal, sobre el destino de los seres queridos.
La declaración que brindó
hoy Nilda Brozzi, de 73 años, aporta aún más datos
contra el clérigo: la existencia en su poder de una lista
de desaparecidos y el conocimiento que tenía sobre el lugar
de detención de cada uno de ellos, dos circunstancias que
negó rotundamente las dos veces que fue citado por el
Tribunal.
Briozzi es la madre de
Eduardo Roberto Bonín, un obrero de Astilleros Río
Santiago que fue secuestrado en La Plata el 23 de febrero de
1977 en el consultorio odontológico de Norma Campano, en la
calle 33, entre 24 y 25. En esa oportunidad los represores
se también llevaron a Elena de la Cuadra y a su esposo,
Héctor Baratti; a la odontóloga y a su marido, Pedro
Campano, y a Humberto Fraccaroli. Todos permanecen
desaparecidos.
La familia Bonín, oriunda
de Federación, provincia de Entre Ríos, se movilizó
entonces a La Plata para realizar gestiones por la búsqueda
de Eduardo. "Vine, e hice un montón de habeas corpus
—la Cámara cuenta con tres en el expediente— y hasta me
dijeron que pudo haber estado en la Unidad 9 de La
Plata", aseguró Briozzi.
Y luego mencionó al
secretario del ex vicario castrense Adolfo Tortolo.
"Graselli me dijo que sabía que (Eduardo) estaba en
una comisaría, pero no me dijo cuál. Fui después y me
dijo que no estaba más ahí", contó. Y luego
añadió: "Graselli tenía una lista de nombres y
estaba mi hijo. Me hizo sacar con los milicos, porque le
dije tantas cosas...", recordó. El juez Leopoldo
Schiffrin acotó: "Graselli negó lo de las listas.
Vamos a ver si hacemos una confrontación", aunque no
aclaró si se refería a un careo.
Briozzi indicó que, tras
visitar al cura, fue hasta el Destacamento de Arana, sede de
un centro clandestino de detención, en las afueras de La
Plata: "Me dijeron que ahí no estaba". Según el
libro Memoria Debida, el joven Eduardo Bonín fue visto
allí.
Siete sobrevivientes que
declararon en el Juicio por la Verdad lo ubicaron a mediados
de 1977 en los centros clandestinos que funcionaron en las
comisaría 5° y 8° de esta ciudad.
La mujer también dijo que
su otro hijo, Alcides Ernesto Bonín, estuvo secuestrado
durante la última dictadura. Alcides, narró, fue
interceptado cuando viajaba a Buenos Aires y pasó quince
días detenido ilegalmente en un lugar cercano a un
aeropuerto. Después de su liberación, vivió un tiempo en
Florencio Varela y después se exilió en Suecia, donde hoy
reside.
En esta misma causa
declaró el primo de los Bonín, Néstor Petrauzkas. Contó
que los hermanos vinieron de Federación a vivir a la casa
de su tío Héctor Gómez, que reside en Berisso, al este de
La Plata, y también era obrero de Astilleros Río Santiago.
Petrauzkas aseguró que,
tras la desaparición de Eduardo, Alcides se fue a vivir con
él a su casa de Monte Chingolo, en el Gran Buenos Aires. A
esa altura, el sobreviviente trabajaba en "una empresa
de gas". Según contó el testigo, los hermanos dejaron
Astilleros antes del golpe de Estado porque se sentían
perseguidos.
También señaló que,
cuando lo liberaron, Alcides se presentó en la casa de su
tío Héctor Gómez: "Apareció semidesnudo, golpeado,
herido. No podía hablar bien, no podía comer. Contó que
lo dieron por muerto y lo tiraron en un camino",
señaló Petrauzkas.
Más policías de la 3°
de Lanús
Hoy también declaró el
suboficial mayor de la Policía bonaerense, Lucas
Evangelista Sosa, quien actualmente se desempeña en el
Comando Lanús de la Departamental Lomas de Zamora y durante
la dictadura prestó servicios en la comisaría 3° de
Lanús, también conocida como comisaría de Valentín
Alsina.
El policía, de 59 años,
reconoció haber custodiado y dado de comer a los detenidos
ilegales y se acordó de los nombres de todos sus
compañeros. No obstante, en el inicio del interrogatorio,
Schiffrin le preguntó sobre los prisioneros y el hombre se
atajó: "¿Qué le puedo decir yo de eso?",
preguntó.
Sosa dijo que no recordaba
la cantidad de "detenidos políticos" que había
en la comisaría pero que calculaba que "siempre
serían entre 15 o 20, todos jóvenes", entre los que
había mujeres, aunque no recordó embarazadas.
Dijo también que los
detenidos eran llevados hasta allí "en coches
particulares" por "policías de otras
comisarías", que "iban vestidos de civil". Y
señaló que los "detenidos políticos estaban
detenidos muchos meses, hasta ocho meses".
Según se ha probado en la
causa Camps y en este juicio, la comisaría 3° de Lanús
fue utilizada en el circuito represivo como el paso previo o
la transición del sistema clandestino de detención al
oficial. Los detenidos de los distintos centros clandestinos
del Gran Buenos Aires eran llevados hasta allí y, luego de
un tiempo, puestos a disposición del Poder Ejecutivo
Nacional —que reconocía por decreto que los tenía
prisioneros— y trasladados a unidades penales.
El policía, que por
entonces era agente, mostró mala memoria cuando le
preguntaron por las dos felicitaciones que obran en su
legajo en 1976, por haber participado en "actos
destacados de servicio". No las recordó. Y sólo
recibió tres felicitaciones en su vida profesional. La
restante fue en 1992.
"Nunca participé en
enfrentamientos. Nunca tiré tiros en la calle. Nunca
detení (sic) a nadie", dijo, cuando el fiscal Carlos
Dulau Dumm le preguntó si alguna vez había participado en
una detención o en un enfrentamiento.
Sosa mencionó entre sus
compañeros a los comisarios Pini y Crespo, al oficial
Moreira, al sargento Verón, a los cabo primero Roberto
Martínez y Albino Vazquez, a Jesús Héctor Galván y a un
policía de apellido Sánchez.
También declaró el ex
policía Ramón Silvano Sánchez, quien se desempeño en la
3° de Lanús durante toda su carrera, entre 1967 y 1992.
Sánchez dijo que durante
la dictadura "había toda clase de detenidos" en
esa dependencia policial. Y cuando le preguntaron por los
detenidos políticos, agregó: "Venían por orden del
Poder Ejecutivo (...) Estaban apartados, en otro
lugar".
Señaló que esos detenidos
eran trasladados por el Ejército, "generalmente en
camionetas verdes", y que en alguna oportunidad los
custodió en sus celdas.
El ex policía recordó a
algunos compañeros de trabajo: el oficial Añasco, a
Antonio Pirilio, a los comisarios Pini y Crespo y al
inspector Moreira, de quien la semana pasada una ex detenida
dijo que llevaba a los prisioneros "manos y cráneos
para terminar de limpiarlos". "Era alguien
importante, el tercero en importancia" dentro de la
comisaría, dijo Sánchez, quien negó haber visto mujeres
embarazadas en la comisaría en la que trabajó.
La Cámara Federal también
había citado a declarar a la ex detenida Beatriz Lilian
Bermúdez. La mujer entró a la sala de audiencias como todo
testigo, pero en ese momento el juez Schiffrin estimó
inconveniente el testimonio puesto que la sobreviviente ya
había declarado en la instrucción de la causa Sanz —también
lo hizo en el reciente juicio oral por ese caso ver 230304B—,
llevada adelante por el juez Arnaldo Corazza. "Le
agradecemos y le pedimos disculpas", se excusó el
juez, al anunciar que ese testimonio será agregado a la
causa.
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