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Juicio
oral a dos genocidas |
El abogado de Etchecolatz lanzó
un discurso provocador y la gente se fue
El público se retiró de la sala de audiencias cuando Casabal
Elía dijo que "la ESMA es un museo de la media memoria". Fue
un alegato con alto contenido político y casi sin
referencias a la causa judicial. Dijo que a Etchecolatz "ya
lo absolvió Dios" y que "sólo puede dominar a su mujer".
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más: Caso Sanz - Por
dentro
Por Vanina Wiman (Secretaría de
Prensa)
LA
PLATA (26mar04).- "A Etchecolatz ya lo absolvió Dios, así
que la Justicia debería dejar de perseguirlo", dijo ayer el
abogado del represor, en un alegato político que hizo que el
público presente, indignado, se retirara voluntariamente de
la sala. Adolfo Casabal Elía no hizo planteos jurídicos: se
apoyó en el alegato de la defensora de Bergés para pedir la
absolución de Etchecolatz.
En la tercer jornada del juicio oral por la supresión de la
identidad de una joven hija de desaparecidos —que continuará
el próximo lunes, cuando se dicte la sentencia—, el Tribunal
Oral Federal Nº 1 escuchó también los alegatos de los
fiscales y los abogados de los represores Jorge Bergés y
Miguel Etchecolatz.
La fiscalía general, representada por Hugo Cañón y Carlos
Dulau Dumm, pidió 10 años de prisión para los imputados,
mientras que los defensores solicitaron la absolución. Por
la mañana, los representantes de la querella habían pedido
15 años de reclusión para los dos represores (ver: 250304)
"Soplan vientos montoneros en el gobierno, y la sala está
consustanciada con esa posición", provocó ayer Adolfo
Casabal Elía, casi al inicio de su alegato. "Acá se habla de
centros clandestinos pero se olvidan de las cárceles del
pueblo (...). ¿Por qué la ESMA es un museo de la media
memoria?", agregó, ante un público entre sorprendido y
enojado que no tardó en dejarlo hablando solo y que recién
volvió a la sala cuando el defensor concluyó su
intervención.
Probablemente Casabal Elía haya estado agradecido de que la
abogada de Bergés, Laura Díaz —a quien llamó su "socia de
emergencia"—, había centrado su alocución en los aspectos
jurídicos de la causa, lo que le permitió eludir toda
referencia al caso concreto por el que se juzga a ambos
represores. Es que apenas hace un mes que se hizo cargo de
la defensa de Etchecolatz.
Después de reconocer que fue "un mal estudiante de derecho",
el letrado se dedicó a atacar a los organismos de Derechos
Humanos y ensalzar los crímenes del terrorismo de Estado.
"Este juicio ha servido para mediatizar el discurso de
siempre que tienen los organismos de derechos humanos, que
son organismos de determinados derechos humanos, organismos
de izquierda", sostuvo y, dirigiéndose al presidente del
Tribunal, sentenció: "Los derechos humanos tienen que ser
para usted y para mí".
Casabal Elía pidió "la absolución lisa y llana" de su
defendido, y también que el Tribunal declare la prescripción
de la acción. Fundamentó esta última solicitud con un
razonamiento, cuando menos, sorprendente: "Han pasado muchos
años de que el comisario general Etchecolatz se retiró",
sostuvo.
La débil estrategia de Casabal Elía residió en atacar lo que
llamó "la teoría de dominio del hecho", haciendo referencia
al poder de mando que el ex Director General de
Investigaciones —y mano derecha del entonces jefe de la
Policía provincial Ramón Camps— tenía sobre sus
subordinados: "El señor Etchecolatz no tenía el más mínimo
dominio, ni lo podía tener", dijo el defensor y, olvidando
que los delitos se cometieron mientras Etchecolatz estaba en
funciones, remató: "Un comisario retirado no tiene dominio
sobre nada, excepto sobre su mujer".
El abogado alegó que con Etchecolatz "hubo alguien que
persiguió a los guerrilleros" y sostuvo que en nuestro país
se vivió "una verdadera guerra sucia". Caracterizó a los
desaparecidos como "jóvenes descarriados manipulados" y
pidió a la Justicia "que no piense como los organismos de
derechos humanos, que hoy prácticamente cogobiernan la
Argentina".
Después de hacer su particular recorrido por la historia
argentina, se refirió a Etchecolatz como "un luchador franco
y honesto contra la subversión". Y en un intento desesperado
para despertar la lástima de los jueces, musitó: "Está
enfermo, anciano, ya no es peligroso".
En todo momento calificó a los organismos querellantes y los
fiscales como "resentidos", y manifestó querer
"reconciliarse": "Olvidémonos de todo y abracémonos", dijo,
provocando comentarios irónicos entre el público y la
prensa.
"Yo sé algo de derechos humanos porque integro el organismo
pro derechos humanos en Cuba", remarcó, y se oyeron más
carcajadas entre el público. Y aunque se había quejado de
que "en este juicio se divagó mucho", Casabal Elía terminó
criticando a los movimientos piqueteros y pidiendo mano dura
para los delincuentes.
La defensa de Bergés
En cambio, la abogada del ex médico policial realizó un
alegato fundamentalmente jurídico. La defensora oficial
Laura Díaz —a quien le correspondió el uso de la palabra
después de los alegatos de la querella y los fiscales, pero
antes del de Casabal Elía—, se abstuvo de "realizar
manifestaciones sobre todos los sucesos históricos que se
han descripto" y se circunscribió, según definió, a "una
defensa técnica".
Díaz quiso desestimar las declaraciones testimoniales que se
brindaron durante el juicio por considerar que los testigos
"algún tipo de interés en el resultado de la causa deben
tener", puesto que en muchos casos se trató de ex detenidos,
familiares de desaparecidos y miembros de organismos de
Derechos Humanos.
En referencia a los sobrevivientes de centros clandestinos
que prestaron declaración, dijo que "salvo dos, ni siquiera
la vieron a Aída Sanz". Vale recordar que la mayor parte de
los ex detenidos que pudieron conversar durante su
cautiverio con la joven hoy desaparecida no pudieron verla
por haber estado con los ojos vendados o por estar alojados
en celdas diferentes.
Además, Díaz insistió en su petición de nulidad del examen
genético que determinó que María de las Mercedes Fernández
era en realidad Carmen Sanz. Una de las razones principales
que dio para fundar esta solicitud fue el hecho de que en su
momento Bergés no fue notificado de la realización del
examen.
El abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, Ramón Torres Molina,
se encargó de rebatir este argumento: "Primero se hace un
análisis genético y ese análisis genético nos pone en
conocimiento de los imputados de la causa. Por eso no hay
notificación previa, porque todavía no eran imputados".
Además, Díaz cuestionó la validez del formulario de
constatación de nacimiento de Carmen Sanz que firmó Bergés
—sostuvo que en su momento debería haber sido "ineficaz
desde el punto de vista jurídico para hacer (a partir de él)
un acta de nacimiento"— y quiso fundamentar así que "por eso
Bergés no puede ser responsabilizado" por la supresión de
identidad de la joven nacida en cautiverio.
La defensora del ex médico policial pretendió alegar también
la prescripción de los delitos que se imputan al ex médico
policial y a su superior Etchecolatz. En un principio
sostuvo que no calificaba a esos crímenes como delitos de
lesa humanidad —de carácter imprescriptible— y consideró que
"la acción penal se encuentra prescripta, meramente por el
paso del tiempo".
"En mi opinión no estamos ante un delito de lesa humanidad.
Aunque hablemos de un plan sistemático (de apropiación de
menores), hoy estamos hablando de un caso, los demás no
están", dijo en su alegato la defensora oficial. No
obstante, este dejó de ser un punto de discusión cuando los
querellantes criticaron en sus réplicas la postura de la
abogada. "No quise decir que no fueran delitos de lesa
humanidad", se desdijo, más tarde, Díaz.
Los alegatos de los fiscales
El fiscal Hugo Cañón abrió su intervención con un relato del
contexto social y político en el que ocurrió la sustracción
de Carmen Sanz y la posterior supresión de su identidad. "El
golpe de estado se produce con la intención de implementar
un plan criminal de exterminio", sostuvo e hizo referencia a
los hechos ya comprobados en el Juicio a las Juntas, en
donde "se explica el mecanismo detallado de este plan
criminal".
Cañón describió las prácticas del terrorismo de Estado y
habló del funcionamiento de las estructuras jerárquicas de
la dictadura, en las que "las órdenes secretas y
generalmente verbales apuntaban a garantizar impunidad".
"(La dictadura) fue una cacería de conejos y no una guerra
sucia", señaló, y destacó el "concepto mesiánico de
Etchecolatz" cuando en su declaración indagatoria del jueves
pasado dijo que "había que terminar con esa lacra", en
referencia a los desaparecidos.
| Extraño
personaje
Un hombre de edad, alto
y con camisa blanca llama la atención en la sala de
audiencias. Pero más sorprende cuando uno se pone a
hablar con él: se define como "amigo y subordinado" de
Etchecolatz y critica el juicio, al que considera
"prefabricado". Eso le dijo a un joven que el lunes se
le acercó a pedirle fuego y a una productora del
programa "La Lucha que nos parió", quien grabó una
entrevista que se emitirá el próximo sábado a las 13,
por FM Universidad. En ese diálogo, el extraño personaje
habló de "BDS" (Banda de Delincuentes Subversivos) y de
que "los Derechos Humanos convencieron a todo el mundo
con su versión" de la historia. |
Además, Cañon enmarcó la práctica de apropiación de menores
dentro de la lógica de la eliminación sistemática de
personas: "Debían ser exterminados ellos y su descendencia",
remarcó.
El fiscal también refutó los intentos de Etchecolatz por
despegarse de la cadena de mandos que lo involucra en los
delitos cometidos en las dependencias bajo la órbita de la
Dirección General de Investigaciones de la Policía de la
provincia de Buenos Aires.
"El imputado quiere ampararse en la estructura jerárquica,
pero esto tiene una relatividad inmensa", indicó Cañón, y
añadió: "En los hechos, el tema era la capacidad de
decisión. Y la Dirección de Investigaciones fue la mano
derecha por medio de la cual trabajó (el entonces jefe de la
Policía, Ramón) Camps en esta represión ilegal".
Luego Cañón cedió la palabra al fiscal Carlos Dulau Dumm,
quien se refirió al caso concreto que se juzga en este
proceso. "Encuentro plenamente acreditados los hechos y la
responsabilidad penal de Bergés y Etchecolatz", afirmó. "Se
trata de una criminalidad sólo emparentada con la Alemania
nazi de la década del '40", añadió.
El fiscal consideró que "el caso de Carmen Sanz es
paradigmático del terrorismo de Estado", ya que hubo "una
decisión tomada de suprimir la identidad, de falsificar
documentos, de ocultamiento de la criatura".
Dulau Dumm también hizo referencia, al igual que los
organismos querellantes, a los hechos probados en la causa
13 —Juicio a las Juntas— y en la causa 44 —"causa Camps".
"No tengo ninguna duda de que el autor de estos delitos es
Jorge Antonio Bergés y que el partícipe necesario es Miguel
Osvaldo Etchecolatz", sentenció. Y destacó: "Todas las
pruebas habidas y por haber se contraponen a sus dichos".
En el marco de este caso el fiscal calificó los delitos de
supresión de identidad y de falsificación de documento
público como delitos permanentes, de lesa humanidad y, por
lo tanto, imprescriptibles. Sobre el cargo de retención y
ocultación de una menor (artículo 146), sostuvo que "sí
corresponde esta figura, como la querella siempre ha
entendido", pero se abstuvo de pedir pena por ese delito ya
que no lo había incluido en su requerimiento de elevación a
juicio oral.
El fiscal no encontró atenuantes para los cargos. De hecho,
consideró como agravantes el carácter de funcionario público
de ambos imputados y, en el caso de Bergés, su condición de
médico. Tanto para Bergés como para Etchecolatz, la fiscalía
solicitó "la pena máxima que me permite esta imputación: 10
años". También pidió la anulación de toda la documentación
referida a María de las Mercedes Fernández (Carmen Sanz).
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