Belich:
"Cuando vinieron los militares,
la Brigada se desintegró"
El
represor del "Pozo de Quilmes" separó a la
Policía del Ejército en el accionar represivo de la
dictadura. Dijo que Etchecolatz le ordenó en 1976 desalojar
a los detenidos comunes de la Brigada para alojar a los
"subversivos".
Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

Belich explica a
los funcionarios judiciales la arquitectura del
"Pozo de Quilmes". (Foto: F.M.) |
LA
PLATA.- El represor Lucas Gumersindo Belich se desligó de
la represión ilegal de la dictadura, al afirmar que la
Brigada de Quilmes quedó al mando de los militares cuando
él era comisario de esa dependencia en 1976.
"La
Brigada no existía más", sentenció Belich durante su
declaración sin juramento, a la hora de intentar explicar
que la Policía no tenía participación en el cautiverio de
las personas alojadas en ese centro clandestino.
El comisario retirado, de
69 años, señaló que mientras él estaba a cargo de la
Brigada, el Director de Investigaciones de la Policía,
Miguel Etchecolatz, lo citó en su despacho de La Plata.
"Me dijo que la Brigada se levantaba porque los cinco
pisos (sic) de calabozos iban a ser para detenidos
subversivos. Yo tuve 8 días para reacomodar a los detenidos
(comunes) en comisarías y vino el Ejército y se hizo
cargo".
Belich remarcó que el jefe
policial pasó a ser el comisario Carrizo (podría llamarse
Ramón César), e insistió en que él no tuvo relación con
los detenidos ilegales. "Yo no era un funcionario que
pudiera hacer tareas que no eran de la Policía",
describió el represor.
La Cámara tomó la
declaración dentro de la causa por el secuestro de Rubén
Ares, un ex agente de Policía, ayudante del propio Belich,
que estuvo secuestrado tres meses tras haber sido tildado de
"comunista" por una prisionera. Una noche de
octubre de 1976, un grupo de compañeros de la Brigada lo
fue a buscar a su casa. "Fuimos a la Brigada y el
subcomisario Aguirre me preguntó si estaba en un partido
político, si era comunista o guerrillero", relató
Ares, quebrado por el llanto. En el interrogatorio, declaró
el ex policía, estaba el comisario Belich, "y un
señor de traje gris, bajo, canoso; nunca supe el nombre,
sé que venía de otro lado".
Ares, que recién entraba a
trabajar a la Fuerza, pasó por un centro clandestino de La
Plata y por el "Pozo de Banfield". Lo liberaron en
enero de 1977, intimándole a que dejara la Policía, y se
fue a vivir a San Luis.
Hoy, Belich contó otra
historia. Dijo que envió a Ares a la Dirección de
Investigaciones a pedido de un superior, al que no
identificó, y que entonces fue detenido. "Era un
agente joven, muy buen chico, muy educado. Excelente
persona", señaló, cayendo en el lugar común. Y
agregó: "Era sólo un asistente. Me llama la atención
que lo hayan denunciado. (...) Traté de defenderlo y dije
que me parecía una barbaridad".
Al comienzo de la
declaración, el Tribunal le leyó al represor algunos de
los testimonios de ex detenidos del "Pozo de
Quilmes". La secretaria repasó el testimonio de Pablo
Díaz —que relató traslados de detenidos a ese centro
clandestino y el "egreso" de Víctor Treviño, en
condiciones de ser víctima de un enfrentamiento
"armado"—, el de Nora Úngaro —que habló de
la división por pisos de los calabozos de hombres y mujeres—,
y el de Emilce Moller.
"Fui recibida a los
golpes. Les molestó que yo fuera una persona tan chiquita.
Decían que yo era de jardín de infantes, porque no me
podían ajustar las esposas", declaró Moller.
Estos
detenidos-desaparecidos llegaron a Quilmes a fines de
septiembre de 1976. No obstante, en el Juicio por la Verdad
declararon al menos otros dos sobrevivientes que estuvieron
allí en agosto del mismo año: Patricia Pozzo y Mario
Colonna.
Belich dijo que se hizo
cargo de Quilmes en junio de 1976 y que estuvo "dos o
tres meses como brigada normal". Después vino la orden
de Etchecolatz y, en palabras del represor, "la Brigada
se desintegró".
"No había oficiales,
sólo para abrir y cerrar los calabozos. Todo era del
Ejército", añadió el comisario retirado. Dijo que a
él le pidieron "cuatro hombres para las llaves de los
calabozos", aunque aseguró que no recordaba nombres.
Y graficó: "Era un
depósito. Los traían y los llevaban. No
interrogaban".
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