Suspenden
la declaración de un represor porque no había abogado para
defenderlo
La Cámara había citado a Rómulo Ferranti como testigo,
pero luego consideró que estaba "en situación de ser
un posible imputado". Como no había defensor ni
fiscal, se eligió preservar las garantías de quien fue el
subjefe de la Brigada en donde funcionó el centro "El
Infierno".
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)

Ferranti ingresa
a la sala de audiencias. "La Brigada era
para la represión de delitos contra la propiedad y
las personas", aventuró. (Foto: F.
Martínez) |
LA
PLATA.- Los jueces de la Cámara Federal Leopoldo Schiffrin
y Julio Reboredo decidieron hoy suspender la audiencia del
represor Rómulo Jorge Ferranti, ya que no había abogado
para defenderlo y tampoco un fiscal que lo acusara, llegando
así las condiciones de la audiencia a una "absoluta
precariedad", en palabras del presidente del Tribunal.
Ferranti, ex subjefe de la
Brigada de Lanús con asiento en Avellaneda, había sido
citado como testigo, pero el Tribunal, tras escuchar al
represor decir que ostentaba un alto cargo en ese lugar,
decidió relevarlo del juramento.
"Al decir que fue jefe
está en situación de ser un posible imputado",
reflexionó Schiffrin en voz alta, tras una consulta con
Reboredo. Al advertir que no había abogado oficial para
defender al represor, los jueces decidieron postergar la
audiencia sin indicar fecha.
El represor había
alcanzado a decir que la Brigada "era nada más a los
efectos de la represión y prevención de delitos contra la
propiedad y las personas". "No teníamos relación
con... con... ", titubeó, sin animarse a hablar de los
desaparecidos.
Pero igual se atrevió a
pedir declarar sin abogado: "No tengo problemas en
declarar sin defensor, no tengo nada que declarar en ese
tema. No tuve detenidos de ese tipo", señaló,
tratando de ahorrar el tiempo. "Usted puede decir lo
que le parezca", le contestó Schiffrin, al tiempo que
decía inclinarse por respetar la garantía constitucional
del artículo 18, que establece como inviolable la defensa
en juicio.
Schiffrin remarcó que
tampoco había algún fiscal, como representante del
Ministerio Público, "lo que es un grave
obstáculo". Las condiciones de la audiencia "son
de absoluta precariedad", añadió.
Rato antes, el juez había
informado que no había representación del ministerio
público por la ausencia de los tres fiscales designados
para estas causas: Carlos Dulau Dumm estaba tomando examen a
aspirantes a fiscal, Marcelo Molina estaba en un juicio
oral, y Hugo Cañón está de licencia.
Ferranti estuvo en la
Brigada en donde funcionó el centro clandestino "El
Infierno" entre enero y noviembre de 1977, ya con el
rango de comisario. Actualmente está retirado y tiene 67
años.
El represor admitió en el
Juicio a las Juntas haber participado de la detención del
ex juez federal Ramón Miralles. El 23 de julio de 1977,
Miralles presentó un hábeas córpus preventivo para él
mismo, ya que su familia había sido secuestrada semanas
antes, mientras no estaba en el país.
Bajo orden de un superior
al que no identificó —podía ser Etchecolatz o el
comisario Trevisan —, Ferranti retiró a Miralles de un
juzgado de la Capital Federal y lo dejó ante autoridades
policiales de La Plata. Después de eso, Miralles ingresó
al circuito clandestino de detención: lo llevaron al centro
"Puesto Vasco", donde fue torturado.
La firma de Etchecolatz
Este mediodía declaró la
psicológa Estela Virginia Haristeguy en el marco de la
causa por la desaparición de su hermana Susana Inés y el
novio de esta, Rubén Mario Molina, quienes —de acuerdo
con documentos de la Dirección de Inteligencia de la
Policía (DIPBA)— fueron asesinados el 27 de enero de 1977
en un departamento ubicado en las calles 11 y 35 de esta
capital. Los desaparecidos militaban en la Juventud
Universitaria Peronista.
Estela, de 48 años,
declaró que tuvo conocimiento de los hechos el 31 de enero
de 1977, en su ciudad de origen, Necochea, mientras estaba
de vacaciones de sus estudios. La noticia la recibió de
Daniel Molina, hermano de Rubén y actual intendente de
aquella ciudad de la costa bonaerense.
Inmediatamente, Estela
viajó a La Plata junto a su actual marido, Roberto
Hernández, para buscar a su hermana, que estudiaba
psicología con ella en la Facultad de Humanidades. No supo
por dónde comenzar, dado que "por razones de
seguridad" Susana no le había dicho su domicilio. En
esta ciudad, Daniel Molina le informó que días atrás
había ocurrido un "enfrentamiento" (tal era el
término utilizado por la prensa de entonces) en 11 y 35.
Estela y su esposo Roberto
—quien pidió declarar para aportar detalles al relato de
su esposa—, fueron hasta el departamento. "Estaba
todo destruido. Yo no sabía quién vivía ahí, pero
reconocí los cubrecamas de Susana", aseguró Estela.
"Había una cajita de monedas y un sacapuntas. Y un
tomo de (Sigmund) Freud, con un forro especial, que eran de
Susana", agregó Roberto. "No fue un
enfrentamiento; fue una masacre: había un buraco en la
pared y en la ventana", completó el testigo.
"Vi impactos en las
aberturas de madera. Las persianas estaban destruidas",
dijo la mujer. Estela añadió que supo que los represores
habían allanado con anterioridad otra casa que ocupó en
1976 junto a su hermana, cuando vivían juntas. Y contó que
las fiestas de fin de año las pasaron con su familia en un
campamento "para que no nos encontraran. Ya habían
desaparecido muchos compañeros". Entre ellos, recordó
a Elsa Alicia Nocent, a Daniel Favero y a otros dos
estudiantes de humanidades apodados "la turca" y
"el brujo".
Durante la audiencia, el
juez Schiffrin leyó los informes de inteligencia elaborados
por la DIPBA, que fueron incorporados a la causa
recientemente. En esos informes aparece el
"abatimiento" de Rubén Molina y de "la
presunta concubina del delincuente abatido, identificada
como Susana Inés Aristelli". Si bien el apellido
aparece mal escrito, no hay dudas de que se trata de la
misma persona porque el número de documento es igual al de
Susana Haristeguy.
El informe de la
persecución y "abatimiento" de Rubén Molina,
encabezado con la fómula "factor subversivo"
está firmado por Miguel Osvaldo Etchecolatz, entonces
Director General de Investigaciones de la Policía
bonaerense. En el mismo escrito se aclara: "personal
policial ileso". Al analizar los hechos en plena
audiencia, juez Schiffrin concluyó: "Esto es un caso
claro de asesinato, de fusilamiento".
"Ni mirar ni hacer
preguntas"
Hoy también declaró el ex
comisario Félix Francisco Murad, quien durante la última
dictadura revistó en la comisaría 8° de La Plata (de
enero a agosto de 1976) y en la Brigada de Investigaciones
de Quilmes (de esa fecha a marzo del '77), sedes de dos
centros clandestinos de detención.
Murad, de 60 años,
cumplió funciones de oficial de servicio en Quilmes y se
desvinculó de cualquier cosa que tuviera que ver con la
represión ilegal, al afirmar que "había un sector de
la planta baja (de la Brigada) que era para presos comunes.
Lo demás lo desconozco".
"Lo demás" eran
los sectores de calabozos de las plantas superiores del
edificio. Según dijo, "existía la prohibición
absoluta de concurrir a esos lugares". Y mencionó que
había carteles con las leyendas "zona de
exclusión" y "área restringida". También
señaló que allí sólo ingresaban "personas de civil.
No sabíamos si eran militares. Nosotros no
preguntábamos".
Y cuando se le pidió que
explicara por qué no preguntaba, Murad contestó: "En
un régimen militarizado no se hacían preguntas". Y
luego recalcó: "Teníamos terminantemente prohibido...
ni mirar ni preguntar. No nos animábamos a preguntar".
—¿No le llamaba la
atención (el movimiento de personal de civil)- inquirió la
abogada de la APDH La Plata, Alicia Peralta.
—No me llamaba la atención. Estábamos asustados. No
podía preguntar y temía por mi familia- el policía elevó
tanto el tono de su voz que el juez Schiffrin debió
solicitarle que se dirigiera en una forma respetuosa.
Murad, quien aseguró que
nunca participó en "casos contra la subversión",
indicó que la situación era similar en la comisaría 8°
de La Plata, donde, según dijo, también existía un área
restringida. "Tenía que hacer sumarios y mucho no
prestaba atención a lo que ocurría", se justificó.
"No nos inmiscuíamos en problemas. Éramos
verticalistas y acatábamos las órdenes", completó.
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