Barros
Uriburu niega los cargos y dice que
se enteró de la represión ilegal "por la prensa"
El
coronel, que lloró, pidió disculpas por el faltazo de la
semana pasada y se desvinculó de la represión ilegal. Dijo
que las acusaciones "son falsas" y que cumplió
"cabalmente todas las órdenes". El Concejo
Deliberante de La Plata lo declaró persona no grata.
Por Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA
PLATA.- El coronel Nicolás Barros Uriburu negó hoy ante la
Cámara Federal todos los cargos en su contra, aseguró que
se enteró de los crímenes de la dictadura "por todo
lo que sale en la prensa" y dijo que lo involucraron en
una "novela macabra".
El militar se presentó hoy a declarar por sus medios en el
Juicio por la Verdad, acompañado por los abogados Juan
Carlos y Ramiro Dilon. Barros Uriburu, fornido, vistió
traje negro, camisa blanca y corbata oscura; el pelo,
engominado.
La declaración se
prolongó durante casi dos horas y comenzó minutos después
de las 12. Antes había declarado el ex conscripto Héctor
Enrique Torlaschi, quien lo denunció ante la Conadep y hoy
ratificó aquellos dichos (ver más adelante).
Antes de declarar "sin
juramento", Barros Uriburu escuchó atentamente las
imputaciones que le hicieron Torlaschi y Miguel Ángel
Pajón, otro ex conscripto que relató el año pasado en
este juicio, con muchos detalles, cómo el coronel —entonces
teniente— fusiló a una veintena de jóvenes y luego
quemó sus cadáveres en una tosquera ubicada en el predio
de la Compañía de Ingenieros X Pablo Podestá de San
Martín.
En el comienzo de su
declaración, el militar, con la voz quebrada por los
nervios, pidió disculpas al tribunal por no haberse
presentado la semana pasada a la primera citación:
"Quiero expresar y pedir disculpas si en alguna medida
ha interferido mi no presentación espontánea en
determinado momento, debido a que me ubico a una distancia
extrema de esta ciudad. Tengo mi familia en esa zona y no he
querido de ninguna manera estorbar. Estoy a su disposición
y todo lo que esté en mi posibilidad responder lo voy a
hacer".
El actual director del
Liceo Militar General Roca, de Comodoro Rivadavia (Chubut),
siguió con el seño fruncido y el pañuelo en la mano la
lectura del testimonio que prestó Pajón el año pasado.
Hizo gestos de desaprobación —movía la cabeza de un lado
a otro— cuando la secretaria leyó el episodio en el que
el ex conscripto relata cómo Barros Uriburu fusiló a más
de veinte jóvenes y luego quemó sus cadáveres.
Luego le leyeron el legajo
2300 de la Conadep, con la declaración de Torlaschi.
"Me menciona pero no me imputa. Dice que soy un oficial
más de la compañía", se defendió el militar.
"Lo que figura en la
Conadep, figura hace años. Me enteré de un Barros Uriburu
con el legajo 2300 hace años, pero pensé que no era
yo", dijo. Más tarde aclaró que su primo hermano
Mario Barros Uriburu también revistó en el Ejército. Pero
fue terminante en señalar que todas estas acusaciones eran
contra él: "El teniente de la compañía de ingenieros
(que fue denunciado) soy yo", dijo.
Tras las largas lecturas de
los testimonios, el militar hizo su descargo. El juez
Leopoldo Schiffrin no le hizo ninguna pregunta y lo dejó en
uso de la palabra. Barros Uriburu reconoció haber sido
teniente en aquella unidad militar y haberse desempañado
allí entre 1978 y 1980. Hizo un largo monólogo sobre los
ejercicios que se realizaron durante 1978 en la compañía
de cara al conflicto bélico con Chile, que estuvo a punto
de estallar a fines de aquel año por la disputa del Canal
del Beagle.
Habló largamente de una
"pista de reacción", un campo de entrenamiento
riguroso, y, quizá para justificar los movimientos de
camiones, las fogatas y los disparos que denunciaron los ex
conscriptos, enfatizó: "Nos preparábamos desde
principio de año para la guerra. Hasta había fuego de
ametralladoras para hacernos sentir en la situación. La
instrucción se hacía de día y de noche. Gracias a Dios,
no hubo ningún accidente, salvo algún mordiscón de alguno
de los perros de guerra".
El coronel se alejó tanto
en el relato de los hechos que se investigan en este juicio
que uno de sus abogados le recomendó en voz alta responder
las imputaciones que hizo, con detalle, Pajón. "Me lo
pueden leer de nuevo, no recuerdo exactamente qué
era", pidió ante la bronca del público.
Así, una vez más la
secretaria leyó: "Barros Uriburu, (a) Astroboy, tenía
una campera, pañuelo al cuello o bufanda, camisa, jeans,
una especie de botas o botitas... Extrae una 45, era un arma
de él, toma puntería en las cabezas a casi un metro y
exactamente le voy a decir la hora: eran la una y cuarto de
la mañana ¿Sabe por qué me acuerdo? Porque según lo que
decían, ingresaba el tren de Corrientes, que tenía orden
de pitar hasta pasar la estación y, en ese momento que el
tren pita en la curva, este hombre empieza a disparar contra
las personas a la altura de la nuca y el pito del tren
ahogaba las detonaciones".
El militar, ofuscado,
contestó: "¡Eso es falso! Y jamás he tenido una
pistola 45, de cachas de nácar. Se puede averiguar en el
Renar (Registro Nacional de Armas). Yo siempre tuve la
reglamentaria, eso se puede averiguar". Así se
defendió: con el acento en el arma y sin mencionar los
homicidios, más allá de que resulte obvio que los
criminales no registran su arma oficialmente. Instantes
después, también negó la existencia del tanque de
combustible de 200 litros en el que, se denunció, se
quemaban los cadáveres: "No existía, es
mentira".
Luego, hizo una aclaración
sobre su sobrenombre: "He escuchado que me decían
Astroboy. Nunca me dijeron así. Le digo los apodos que he
tenido desde chico: Colachito, porque a mi papá le decían
Colacho; Roca, porque era duro, ajustado a la disciplina; el
gordo Barros, así me dicen mis compañeros; y me he
enterado que los alumnos del Liceo me dicen Piñata, porque
estoy lleno de sorpresas para ellos".
El fiscal Carlos Dulau Dumm
le recordó que en este juicio se buscan personas
desaparecidas y, vagamente, le preguntó si tenía que decir
algo respecto de los años de dictadura: "No me
corresponde que lo exprese. Pero lo digo en nombre propio.
Yo era joven. Puedo decirle que toda vez que he actuado en
la institución militar lo he hecho cumpliendo la fórmula
'en cumplimiento de las leyes y reglamentos militares'. Mi
problema era dar instrucción, hacer servicio y atender a mi
gente", replicó.
Después se quebró y
lloró emocionado, cuando recordó las únicas definiciones
positivas que Pajón dio sobre él: "era rebueno"
y "tenía afinidad con los soldados", había dicho
el ex soldado. Y en el mismo testimonio también había
señalado: "(Barros Uriburu) Me detonó varias veces el
arma cerca de la cabeza, me dijo 'no te vas a olvidar nunca
y no te mato porque no sirve, vos no servís para
nada'", pero esta última parte no fue leída
"He trabajado con
dignidad, con honor y he cumplido cabalmente todas las
órdenes que me correspondían cumplir como oficial del
Ejército Argentino. Me alegro sobre lo que relató el
soldado", dijo entre llantos. Y agregó: "Creo que
no existe comentario de alguien que haya sido mi subalterno
que me pueda involucrar en semejante basura, en semejante
novela macabra. Yo no he actuado nunca así".
—¿Si usted fue afectado
en su buen nombre y honor, nunca se le ocurrió dar una
declaración en el Ejército?— le preguntó el abogado de
la APDH La Plata, Jaime Glüzmann.
—No se me imputa. Se me cita como oficial de la
compañía. Nunca mi cuartel fue ningún centro de nada.
—¿No hubo una investigación dentro del Ejército, porque
hay denuncias de soldados?— insistió Glüzmann.
—Nunca un tribunal militar me llamó a declarar sobre este
tema. Creería que la Conadep debe haber preguntado detalles
sobre esa denuncia, pero no me consta.
—¿Usted tiene conocimiento que desde el 24 de marzo en
adelante personas que no son ni usted ni sus subordinados
hubieran cometido algún delito durante el terrorismo de
Estado?— siguió el abogado.
—El conocimiento que tengo es todo lo que sale en la
prensa sobre diferentes personas y diferentes lugares—
replicó el coronel.
El militar después
intentó defenderse al afirmar que no fue impugnado su
ascenso a coronel en 2001, en el acuerdo que prestó el
Senado de la Nación. "En el año 2001, en conocimiento
de que podía haber una denuncia en mi contra, me presenté
en el Estado Mayor del Ejército para firmar un habeas data,
que se presentó en organismos de Derechos Humanos para que
proporcionasen datos. Quería saber qué era lo que cargaba
contra mí para hacer el descargo correspondiente. La
respuesta la dieron el CELS (Centro de Estudio Legales y
Sociales) y otras agrupaciones de derechos humanos. El
informe lo firmó el señor (presidente del CELS, Horacio)
Verbitsky y yo no tuve ninguna observación", relató.
El abogado Glüzmann le
contestó que no tenía nada que decir sobre los pliegos
aprobados por el Senado, le advirtió que "el Senado ha
prestado acuerdo a personas que han sido imputadas por
violaciones a los derechos humanos" y le contó que la
APDH La Plata nunca recibió un habeas data de su parte.
En ese momento, el juez
Schiffrin leyó una denuncia que figura en el legajo
personal de Barros Uriburu, posterior al ascenso. "Hay
tres profesoras que firman y dicen: 'Integramos la comunidad
educativa del Liceo General Roca, que con la nueva
dirección del teniente coronel Barros Uriburu se han dado
en la institución situaciones conflictivas'... y dice que
integra la lista de represores de la Conadep", señaló
el juez.
El militar, entonces,
pidió los nombres de los profesores para aclarar la
situación, pero Schiffrin dijo que no era materia de
tratamiento de este juicio.
En el final, el juez Julio
Reboredo le preguntó sobre el parque automotor del
Ejército y del personal: "Tenían Falcon. Era un
vehículo de servicio. En esa época no había Isuzu, como
ahora", dijo el militar.
Antes de la declaración,
el juez Schiffrin le confió a esta Secretaría que el
tribunal no pensaba detener al militar. "Es un caso que
corresponde a otra jurisdicción (San Martín) y ni siquiera
tenemos un requerimiento fiscal", dijo el juez.
Después de la audiencia,
el fiscal Carlos Dulau Dumm pidió a la Cámara que reuniera
todos los elementos contra Barros Uriburu y los enviara a un
juzgado federal de San Martín.
"Los conscriptos
sabían"
El ex conscripto Héctor
Enrique Torlaschi, hoy un empleado de comercio de 46 años,
declaró antes que Barros Uriburu. Fue su primera
declaración judicial sobre estos hechos. Antes, lo había
hecho espontáneamente ante la Conadep el 20 de febrero de
1984.
Torlaschi dijo que se
presentó ante aquella Comisión porque se sintió
"indignado" y ratificó todo lo que afirmó en esa
oportunidad. "Han pasado casi treinta años", se
justificó, para no proporcionar más detalles. No obstante,
se acordaba de Barros Uriburu, aunque no pudo identificarlo
en fotos. Dijo que era teniente y que revistaba en el lugar,
aunque no lo mencionó en actividades delictivas.
Aseguró que los oficiales,
entre los que identificó a un tal Ferrasani, "salían
vestidos de civil a la tarde en Falcon verdes y volvían a
la madrugada y se internaban en la tosquera. Los veía desde
la torre de guardia. Desde allí, a la noche, se veían las
fogatas", dijo y añadió que "muchas noches"
lo despertaron los ruidos "de disparos".
"Cuando avisé que vi
fuego, me hicieron bajar de la torre", agregó.
El ex conscripto reiteró
una frase que dijo en la Conadep: "Los conscriptos
sabían, dudaban y callaban".
"Los comentarios
(entre los conscriptos) era que traían y mataban gente. Y
que luego la quemaban", aseguró. "La duda era
porque las cosas no se veían. Uno veía los autos,
escuchaba los tiros y veía las fogatas y sacaba
conclusiones".
Torlaschi también
proporcionó datos para que la Cámara Federal ubique a otro
ex conscripto que vive cerca de su casa, en Morón, aunque
no recordó su nombre. Esa persona le había dado
información para su denuncia en la Conadep.
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