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16 de junio de 2004 - A

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Barros Uriburu niega los cargos y dice que 
se enteró de la represión ilegal "por la prensa"

El coronel, que lloró, pidió disculpas por el faltazo de la semana pasada y se desvinculó de la represión ilegal. Dijo que las acusaciones "son falsas" y que cumplió "cabalmente todas las órdenes". El Concejo Deliberante de La Plata lo declaró persona no grata.

Por Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)





Dos imágenes diferentes de Barros Uriburu. Arriba, enérgico, cuando le preguntaron si sabía algo sobre delitos cometidos en la dictadura; abajo, compungido, cuando le leyeron las acusaciones contra él
(Fotos: F. Martínez).

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Retirada. El coronel se fue como vino y su caso irá ahora a los tribunales de San Martín.

No grato

Esta tarde, el Concejo Deliberante de La Plata declaró al coronel Nicolás Barros Uriburu persona no grata en todo el partido, informaron a esta Secretaría desde el despacho de uno de los impulsores del proyecto, Pablo Bruera.

LA PLATA.- El coronel Nicolás Barros Uriburu negó hoy ante la Cámara Federal todos los cargos en su contra, aseguró que se enteró de los crímenes de la dictadura "por todo lo que sale en la prensa" y dijo que lo involucraron en una "novela macabra".

El militar se presentó hoy a declarar por sus medios en el Juicio por la Verdad, acompañado por los abogados Juan Carlos y Ramiro Dilon. Barros Uriburu, fornido, vistió traje negro, camisa blanca y corbata oscura; el pelo, engominado.

La declaración se prolongó durante casi dos horas y comenzó minutos después de las 12. Antes había declarado el ex conscripto Héctor Enrique Torlaschi, quien lo denunció ante la Conadep y hoy ratificó aquellos dichos (ver más adelante).

Antes de declarar "sin juramento", Barros Uriburu escuchó atentamente las imputaciones que le hicieron Torlaschi y Miguel Ángel Pajón, otro ex conscripto que relató el año pasado en este juicio, con muchos detalles, cómo el coronel —entonces teniente— fusiló a una veintena de jóvenes y luego quemó sus cadáveres en una tosquera ubicada en el predio de la Compañía de Ingenieros X Pablo Podestá de San Martín.

En el comienzo de su declaración, el militar, con la voz quebrada por los nervios, pidió disculpas al tribunal por no haberse presentado la semana pasada a la primera citación: "Quiero expresar y pedir disculpas si en alguna medida ha interferido mi no presentación espontánea en determinado momento, debido a que me ubico a una distancia extrema de esta ciudad. Tengo mi familia en esa zona y no he querido de ninguna manera estorbar. Estoy a su disposición y todo lo que esté en mi posibilidad responder lo voy a hacer".

El actual director del Liceo Militar General Roca, de Comodoro Rivadavia (Chubut), siguió con el seño fruncido y el pañuelo en la mano la lectura del testimonio que prestó Pajón el año pasado. Hizo gestos de desaprobación —movía la cabeza de un lado a otro— cuando la secretaria leyó el episodio en el que el ex conscripto relata cómo Barros Uriburu fusiló a más de veinte jóvenes y luego quemó sus cadáveres.

Luego le leyeron el legajo 2300 de la Conadep, con la declaración de Torlaschi. "Me menciona pero no me imputa. Dice que soy un oficial más de la compañía", se defendió el militar.

"Lo que figura en la Conadep, figura hace años. Me enteré de un Barros Uriburu con el legajo 2300 hace años, pero pensé que no era yo", dijo. Más tarde aclaró que su primo hermano Mario Barros Uriburu también revistó en el Ejército. Pero fue terminante en señalar que todas estas acusaciones eran contra él: "El teniente de la compañía de ingenieros (que fue denunciado) soy yo", dijo.

Tras las largas lecturas de los testimonios, el militar hizo su descargo. El juez Leopoldo Schiffrin no le hizo ninguna pregunta y lo dejó en uso de la palabra. Barros Uriburu reconoció haber sido teniente en aquella unidad militar y haberse desempañado allí entre 1978 y 1980. Hizo un largo monólogo sobre los ejercicios que se realizaron durante 1978 en la compañía de cara al conflicto bélico con Chile, que estuvo a punto de estallar a fines de aquel año por la disputa del Canal del Beagle.

Habló largamente de una "pista de reacción", un campo de entrenamiento riguroso, y, quizá para justificar los movimientos de camiones, las fogatas y los disparos que denunciaron los ex conscriptos, enfatizó: "Nos preparábamos desde principio de año para la guerra. Hasta había fuego de ametralladoras para hacernos sentir en la situación. La instrucción se hacía de día y de noche. Gracias a Dios, no hubo ningún accidente, salvo algún mordiscón de alguno de los perros de guerra".

El coronel se alejó tanto en el relato de los hechos que se investigan en este juicio que uno de sus abogados le recomendó en voz alta responder las imputaciones que hizo, con detalle, Pajón. "Me lo pueden leer de nuevo, no recuerdo exactamente qué era", pidió ante la bronca del público.

Así, una vez más la secretaria leyó: "Barros Uriburu, (a) Astroboy, tenía una campera, pañuelo al cuello o bufanda, camisa, jeans, una especie de botas o botitas... Extrae una 45, era un arma de él, toma puntería en las cabezas a casi un metro y exactamente le voy a decir la hora: eran la una y cuarto de la mañana ¿Sabe por qué me acuerdo? Porque según lo que decían, ingresaba el tren de Corrientes, que tenía orden de pitar hasta pasar la estación y, en ese momento que el tren pita en la curva, este hombre empieza a disparar contra las personas a la altura de la nuca y el pito del tren ahogaba las detonaciones".

El militar, ofuscado, contestó: "¡Eso es falso! Y jamás he tenido una pistola 45, de cachas de nácar. Se puede averiguar en el Renar (Registro Nacional de Armas). Yo siempre tuve la reglamentaria, eso se puede averiguar". Así se defendió: con el acento en el arma y sin mencionar los homicidios, más allá de que resulte obvio que los criminales no registran su arma oficialmente. Instantes después, también negó la existencia del tanque de combustible de 200 litros en el que, se denunció, se quemaban los cadáveres: "No existía, es mentira".

Luego, hizo una aclaración sobre su sobrenombre: "He escuchado que me decían Astroboy. Nunca me dijeron así. Le digo los apodos que he tenido desde chico: Colachito, porque a mi papá le decían Colacho; Roca, porque era duro, ajustado a la disciplina; el gordo Barros, así me dicen mis compañeros; y me he enterado que los alumnos del Liceo me dicen Piñata, porque estoy lleno de sorpresas para ellos".

El fiscal Carlos Dulau Dumm le recordó que en este juicio se buscan personas desaparecidas y, vagamente, le preguntó si tenía que decir algo respecto de los años de dictadura: "No me corresponde que lo exprese. Pero lo digo en nombre propio. Yo era joven. Puedo decirle que toda vez que he actuado en la institución militar lo he hecho cumpliendo la fórmula 'en cumplimiento de las leyes y reglamentos militares'. Mi problema era dar instrucción, hacer servicio y atender a mi gente", replicó.

Después se quebró y lloró emocionado, cuando recordó las únicas definiciones positivas que Pajón dio sobre él: "era rebueno" y "tenía afinidad con los soldados", había dicho el ex soldado. Y en el mismo testimonio también había señalado: "(Barros Uriburu) Me detonó varias veces el arma cerca de la cabeza, me dijo 'no te vas a olvidar nunca y no te mato porque no sirve, vos no servís para nada'", pero esta última parte no fue leída

"He trabajado con dignidad, con honor y he cumplido cabalmente todas las órdenes que me correspondían cumplir como oficial del Ejército Argentino. Me alegro sobre lo que relató el soldado", dijo entre llantos. Y agregó: "Creo que no existe comentario de alguien que haya sido mi subalterno que me pueda involucrar en semejante basura, en semejante novela macabra. Yo no he actuado nunca así".

—¿Si usted fue afectado en su buen nombre y honor, nunca se le ocurrió dar una declaración en el Ejército?— le preguntó el abogado de la APDH La Plata, Jaime Glüzmann.
—No se me imputa. Se me cita como oficial de la compañía. Nunca mi cuartel fue ningún centro de nada.
—¿No hubo una investigación dentro del Ejército, porque hay denuncias de soldados?— insistió Glüzmann.
—Nunca un tribunal militar me llamó a declarar sobre este tema. Creería que la Conadep debe haber preguntado detalles sobre esa denuncia, pero no me consta.
—¿Usted tiene conocimiento que desde el 24 de marzo en adelante personas que no son ni usted ni sus subordinados hubieran cometido algún delito durante el terrorismo de Estado?— siguió el abogado.
—El conocimiento que tengo es todo lo que sale en la prensa sobre diferentes personas y diferentes lugares— replicó el coronel.

El militar después intentó defenderse al afirmar que no fue impugnado su ascenso a coronel en 2001, en el acuerdo que prestó el Senado de la Nación. "En el año 2001, en conocimiento de que podía haber una denuncia en mi contra, me presenté en el Estado Mayor del Ejército para firmar un habeas data, que se presentó en organismos de Derechos Humanos para que proporcionasen datos. Quería saber qué era lo que cargaba contra mí para hacer el descargo correspondiente. La respuesta la dieron el CELS (Centro de Estudio Legales y Sociales) y otras agrupaciones de derechos humanos. El informe lo firmó el señor (presidente del CELS, Horacio) Verbitsky y yo no tuve ninguna observación", relató.

El abogado Glüzmann le contestó que no tenía nada que decir sobre los pliegos aprobados por el Senado, le advirtió que "el Senado ha prestado acuerdo a personas que han sido imputadas por violaciones a los derechos humanos" y le contó que la APDH La Plata nunca recibió un habeas data de su parte.

En ese momento, el juez Schiffrin leyó una denuncia que figura en el legajo personal de Barros Uriburu, posterior al ascenso. "Hay tres profesoras que firman y dicen: 'Integramos la comunidad educativa del Liceo General Roca, que con la nueva dirección del teniente coronel Barros Uriburu se han dado en la institución situaciones conflictivas'... y dice que integra la lista de represores de la Conadep", señaló el juez.

El militar, entonces, pidió los nombres de los profesores para aclarar la situación, pero Schiffrin dijo que no era materia de tratamiento de este juicio.

En el final, el juez Julio Reboredo le preguntó sobre el parque automotor del Ejército y del personal: "Tenían Falcon. Era un vehículo de servicio. En esa época no había Isuzu, como ahora", dijo el militar.

Antes de la declaración, el juez Schiffrin le confió a esta Secretaría que el tribunal no pensaba detener al militar. "Es un caso que corresponde a otra jurisdicción (San Martín) y ni siquiera tenemos un requerimiento fiscal", dijo el juez.

Después de la audiencia, el fiscal Carlos Dulau Dumm pidió a la Cámara que reuniera todos los elementos contra Barros Uriburu y los enviara a un juzgado federal de San Martín.

"Los conscriptos sabían"

El ex conscripto Héctor Enrique Torlaschi, hoy un empleado de comercio de 46 años, declaró antes que Barros Uriburu. Fue su primera declaración judicial sobre estos hechos. Antes, lo había hecho espontáneamente ante la Conadep el 20 de febrero de 1984.

Torlaschi dijo que se presentó ante aquella Comisión porque se sintió "indignado" y ratificó todo lo que afirmó en esa oportunidad. "Han pasado casi treinta años", se justificó, para no proporcionar más detalles. No obstante, se acordaba de Barros Uriburu, aunque no pudo identificarlo en fotos. Dijo que era teniente y que revistaba en el lugar, aunque no lo mencionó en actividades delictivas.

Aseguró que los oficiales, entre los que identificó a un tal Ferrasani, "salían vestidos de civil a la tarde en Falcon verdes y volvían a la madrugada y se internaban en la tosquera. Los veía desde la torre de guardia. Desde allí, a la noche, se veían las fogatas", dijo y añadió que "muchas noches" lo despertaron los ruidos "de disparos".

"Cuando avisé que vi fuego, me hicieron bajar de la torre", agregó.

El ex conscripto reiteró una frase que dijo en la Conadep: "Los conscriptos sabían, dudaban y callaban".

"Los comentarios (entre los conscriptos) era que traían y mataban gente. Y que luego la quemaban", aseguró. "La duda era porque las cosas no se veían. Uno veía los autos, escuchaba los tiros y veía las fogatas y sacaba conclusiones".

Torlaschi también proporcionó datos para que la Cámara Federal ubique a otro ex conscripto que vive cerca de su casa, en Morón, aunque no recordó su nombre. Esa persona le había dado información para su denuncia en la Conadep.

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