Relatan
la persecución a sindicalistas
santafesinos de Luz y Fuerza
Una sobreviviente contó a los jueces el seguimiento y las
detenciones que sufrieron los obreros del sindicato y su ex
esposo, Daniel Benavidez, desaparecido. Además, un ex
policía que estuvo en las brigadas de Quilmes y Lanús
intentó desligarse de la represión.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

Ferrigutti dijo que
perdió el contacto con su ex esposo en julio de 1977.
'Si pasa más de un mes sin que te escriba, no me
busques', le había dicho el desaparecido. (Foto: F.
Martínez) |
LA
PLATA.- La ex esposa de un desaparecido narró hoy ante la
Cámara Federal de La Plata la persecución que sufrieron
los trabajadores de la Empresa Provincial de Energía (EPE)
de Santa Fe antes y durante la última dictadura
cívico-militar.
Elena
Ferrigutti declaró como testigo en la causa por la
desaparición de su ex marido, Daniel Albino Benavidez, que
habría ocurrido en La Plata a mediados de 1977. Ambos eran
delegados gremiales del sindicato de Luz y Fuerza en la
empresa de energía eléctrica —Ferrigutti hace 35 años
que trabaja allí— y militantes de la Juventud Trabajadora
Peronista.
La persecución contra
Benavidez comenzó en abril de 1975, cuando un grupo armado
realizó un allanamiento ilegal en la casa que éste
compartía con su entonces pareja, de nombre Soledad.
"Los detuvieron durante cinco días. Me presenté en
los tribunales de Santa Fe y por disposición judicial
recuperaron la libertad", narró Ferrigutti, que había
sido esposa de la víctima, padre de sus dos hijas.
En diciembre de 1975 otro
grupo armado fue a la fábrica en busca de Benavidez, pero
no lo encontró. "Los del grupo de tareas estaban de
civil y fueron en Falcon. Se entrevistaron con el jefe
directo de Daniel", dijo la testigo.
En enero del '76, días
después del secuestro fallido, Benavidez pidió licencia
sin goce de haberes. La empresa le concedió la solicitud y
él se fue con su pareja, Soledad, y la beba de un año y
medio que habían tenido juntos a San Nicolás, en el
noreste de la provincia de Buenos Aires. La mujer dijo que,
así, "pasaron a la clandestinidad".
Ferrigutti recordó que al
día siguiente de haber obtenido el divorcio de su ex
esposo, el 9 de julio de 1976, la secuestraron de su casa.
"Fue un grupo del Ejército. Me llevaron al Cuerpo de
Infantería de la Policía de Santa Fe", contó.
"Salvo unos golpes en la cabeza, no me tocaron",
añadió. Y, emocionada, señaló que conocía ese lugar
desde niña "porque mi papá era jubilado de Policía y
me llevaba a jugar".
Esa detención ilegal se
prolongó durante veinte días e incluyó a todos los
delegados gremiales de la empresa de energía eléctrica,
que en ese momento estaba a cargo del Servicio de
Inteligencia del Ejército. "Volvimos a trabajar aunque
estábamos con suspensión preventiva (en la empresa) y nos
detuvieron nuevamente por averiguación de antecedentes. Nos
tomaron huellas digitales", declaró la mujer.
Benavidez fue dejado
cesante el 19 de julio del '76, mediante el decreto N°865
del gobernador de facto, Jorge Desimone. El decreto,
señaló Ferrigutti, invoca la resolución N°47 de la
empresa de energía del estado. Esa resolución, que la
testigo definió como "trucha", se refiere a una
licitación y no a un eventual problema laboral de
Benavidez.
En octubre de aquel año,
un grupo de civiles encapuchados ingresó a la vivienda que
ocupaba Benavidez con su pareja en San Nicolás. "Ellos
escapan y la nena queda en la cuna", aseguró
Ferrigutti. La beba, que quedó provisoriamente en casa de
unos vecinos, luego fue devuelta a los abuelos paternos por
orden de un juez.
La pareja, en la
clandestinidad, huyó a Villa Constitución, provincia de
Santa Fe. "A la semana, un operativo del Ejército mata
a Soledad y Daniel logra escapar", dijo la mujer.
A partir de ese episodio,
el destino de Benavidez fue incierto. Ferrigutti lo vio por
última vez, "muy mal", en enero de 1977 en la
ciudad de Buenos Aires, que no era su lugar de residencia.
Aparentemente, trabajaba en una fábrica de yeso en las
cercanías de La Plata.
Los contactos entre los dos
siguieron por carta. Con nombres falsos, se escribían a
direcciones de estafetas postales. Benavidez usaba el nombre
de "Miguel Millevich" y recibía las cartas en la
"estafeta Ariel del Plata, de la ciudad de La
Plata", dijo Ferrigutti, que al término de su
declaración salió a buscar ese lugar en esta capital.
"La última carta se
la escribo en junio-julio de 1977. Él me enviaba una por
mes y me decía: 'Si pasa más de un mes sin que te escriba,
no me busques'", recordó la testigo. Benavidez fue
visto por última vez en julio, en un bar de Buenos Aires,
por Daniel Monti, compañero de trabajo.
Como a partir de entonces
no hubo más noticias de Benavidez, Ferrigutti inició
gestiones para buscarlo. "En Santa Fe no conseguí un
abogado que me firmara un habeas corpus", dijo. De
hecho, nunca se presentó uno. En 1978, hizo la denuncia en
la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y luego
realizó trámites sin resultado en el Ministerio del
Interior.
Ferrigutti presentó hoy
ante la Cámara Federal de La Plata un documento del Archivo
General de la provincia de Santa Fe. Allí se señala que en
1977 "la Unidad Regional de la Policía de Mendoza
informa que Benavidez, miembro de Montoneros y el ERP, está
a disposición de la Brigada de Montaña del
Ejército". La mujer dijo que le parecía un documento
destinado a "despistar" en la búsqueda de
Benavidez y señaló como dato inverosímil que a la
víctima se le atribuyera militancia política en dos
organizaciones con muy poco en común. "Él era
montonero", dijo.
La testigo habló también
de sus sospechas de que los gerentes de la empresa estatal
proporcionaron a los represores la lista de los delegados
gremiales, que luego fueron secuestrados.
Dijo además que el Renault
Gordini que era propiedad de Benavidez está en manos de un
policía de Paraná, provincia de Entre Ríos. Ese auto, que
la víctima había prestado a un amigo, apareció con
manchas de sangre en Santa Fe y luego habría sido apropiado
por aquel policía.
Según Ferrigutti, sobre
esto puede testimoniar su cuñado, Raúl Giménez, quien
"formó parte de la represión", estuvo detenido
cuatro años durante la dictadura y actualmente trabaja en
una empresa de seguridad santafesina.
La fecha de desaparición
de Benavidez es incierta. En el libro Memoria Debida se
señala el 7 de junio de 1977. En el expediente abierto en
2000 por la indemnización estatal a los familiares de los
desaparecidos dice, como fecha estimativa, 1° de octubre de
1977. Pero hasta ahora no se ha encontrado una prueba que
acredite la fecha y el lugar exactos.
"Etchecolatz es un
delincuente"
Hoy también declaró el ex
policía Carlos Roberto García, quien durante la última
dictadura prestó funciones en la Brigada de Investigaciones
de Lanús, con asiento en Avellaneda (provincia de Buenos
Aires), y que en la segunda mitad de 1975 fue funcionario de
la Brigada de Quilmes.
García declaró como
testigo. Antes de interrogarlo, el juez Leopoldo Schiffrin
le advirtió que no incurriera en "actitudes
reticentes" y le explicó que fue citado en ese
carácter porque "no se lo presume autor de un
ilícito".
García, de 58 años,
reconoció la presencia de "detenidos políticos"
en las dos dependencias —en Quilmes, antes del golpe— y
se desvinculó de la represión ilegal: todo el tiempo
repitió su baja graduación y denostó sus actividades como
oficial judicial y de servicio. "Por mi poca jerarquía
siempre hice sumarios por delitos comunes; no nos permitían
hacer preguntas ni nada", dijo.
Según su legajo, García
prestó funciones desde junio de 1975 a marzo de 1977 en la
Brigada de Quilmes, el Pozo, y luego en la Brigada de
Lanús, conocida como "El Infierno". El ex
policía dijo que esa información era errónea y que sólo
estuvo en Quilmes los últimos seis meses de 1975. Señaló
también que de enero a junio de 1976 prestó funciones en
Lanús y que de ese mes a diciembre del mismo año hizo un
curso en la Escuela de Oficiales.
Sin embargo, ese año
recibió la orden San Miguel Arcángel por "actos
destacados de servicio". Dijo que la Jefatura otorgaba
el premio "como incentivo para los más jóvenes"
y lo atribuyó a un enfrentamiento que tuvo con "tres
delincuentes que quisieron asaltarme".
Indicó que en Quilmes,
antes de la dictadura, "iban militares y hablaban con
los jefes" y que le estaba vedado el ingreso al tercer
piso, donde se alojaba a los "detenidos
políticos". La jefatura de esa dependencia, señaló,
estaba a cargo de un comisario de apellido Bértoli.
García aseguró que el
jefe de la Brigada de Lanús, el comisario (Bruno)
Trevisán, le dijo frases como: "De acá para acá,
estos calabozos no los controlás", "No te metés
en nada que no te corresponde" y "si traen
detenidos de otros lados no te tenés que meter".
Trevisán fue procesado por delitos cometidos en el
"Pozo de Quilmes" y beneficiado con la ley de
Obediencia Debida.
El testigo señaló además
que a los presos ilegales "los cuidaba gente del
jefe". En este sentido, indicó que los prisioneros
estaban bajo control policial y que los militares no
visitaban la dependencia.
"No presencié ningún
interrogatorio que no fuera por delitos comunes",
reiteró. "Yo limpiaba, pasaba lista a los detenidos
comunes. Me limitaba a hacer lo que me ordenaban",
abundó. "Quién se iba a arriesgar a perder la
vida", preguntó sorpresivamente.
A pedido de la Cámara
Federal, el ex policía hizo un croquis de la Brigada de
Lanús y la describió como un lugar pequeño. El fiscal
Hugo Cañón, entonces, le preguntó si escuchaba los gritos
de los torturados y contestó que no.
Luego, Cañón quiso saber
si en el curso que hizo en la Escuela de Oficiales le
"enseñaron el uso de la picana". García
reaccionó como ofendido: "No, doctor, qué me
dice".
El fiscal, entonces, le
narró el conocido episodio en el que el ex director de
Investigaciones de la Policía, Miguel Etchecolatz, exhibió
una picana durante una visita de estudiantes de derecho de
la Universidad de La Plata a una comisaría. "El señor
Etchecolatz es un delincuente condenado", dijo, con
molestia, García.
Operativo en 11 y 35
También declaró Ana
María Haristeguy, por la desaparición de su hermana Susana
Inés, quien habría sido asesinada en un operativo contra
una vivienda de la calle 11 esquina 35, de esta ciudad, el
24 de enero de 1977.
Haristeguy declaró que en
esa época vivía en un campo cercano a Benito Juárez
(interior de la provincia de Buenos Aires) y que supo de los
hechos por referencias de su familia y de los familiares de
Rubén Mario Molina, novio de Susana, quien también habría
resultado muerto en el operativo.
La testigo contó que tanto
Susana como su otra hermana, Estela Virginia, vivían en La
Plata, donde estudiaban Psicología. Relató que la última
vez que vio a Susana fue cuando partió a esta ciudad en
enero de ese año, para rendir la última materia.
Poco tiempo después de esa
despedida, Ana María recibió la visita intempestiva de su
hermana Estela: había sido traída por su suegro hasta el
campo de Benito Juárez escondida en el baúl de un auto.
Sentía que la perseguían. "Creo que ya daban a mi
hermana por desaparecida", dijo Haristeguy.
La mujer señaló que
Estela, quien hoy vive en Salta, podría brindar más datos
de lo que vivieron ella y Susana en La Plata. Haristeguy
señaló que los pocos datos del operativo los obtuvo de la
familia Molina.
En septiembre de 1999,
declaró en el Juicio Daniel Molina, hermano de Rubén.
"Por intermedio de un abogado tuvimos alguna
información indirecta que no pudimos constatar —afirmó—.
Aparentemente en el enfrentamiento habrían participado tres
automóviles Torino, y al comando del mismo habría estado
el Comisario Etchecolatz".
El hermano del desaparecido
continuó así su relato: "Prácticamente no fue un
enfrentamiento sino un tiroteo desde los automóviles hacia
el departamento, creo que sin ninguna respuesta de adentro.
Por una fuente similar conseguimos también el dato de que
24 horas después la compañera de mi hermano, Susana
Haristeguy, había sido hallada sin vida en el departamento
de al lado, en la casa vecina".
Lo cierto es que los
cuerpos de Molina y Haristeguy nunca aparecieron. Ana María
declaró hoy que una vez pasó por el frente de la casa:
"Era un colador", recordó.
La testigo señaló que sus
padres tuvieron el teléfono intervenido por más de un año
en su domicilio de Necochea. Añadió que en 1978 ó 1979,
el Ejército allanó la manzana en la que vivían los
progenitores y revisó casa por casa.
Haristeguy también
recordó que una compañera de su hermana, Graciela Beatriz
Saguez, está desaparecida, al igual que el esposo de ésta,
de apellido Perdigue.
Familia secuestrada
También declaró el ex
detenido-desaparecido Miguel Angel Laporta, quien contó que
fue secuestrado junto a su familia cuando tenía 17 años.
Todo ocurrió en septiembre
de 1976, en el domicilio de Capitán Rosas 2471, Banfield.
Un día, a la tarde, uniformados de la Policía Provincial
secuestraron a Miguel Angel, a su hermana María y a la
madre de ambos, hoy fallecida. Buscaban a otro de los
hermanos: Roberto Laporta, quien hoy está desaparecido, al
igual que su mujer, Norma Molina.
Los llevaron a todos a la
Brigada de Quilmes. "Me torturaron preguntándome por
mi hermano", declaró Laporta. Dijo que lo alojaron en
el 3° piso de la Brigada, conocida como "Pozo de
Quilmes", dependencias que el ex detenido hoy
reconoció en un plano del libro "Nunca más".
Unos días después,
apareció en ese centro clandestino su hermano Roberto.
Miguel Angel recordó que "lo sacaban a la calle para
marcar gente, pero sus compañeros ya estaban todos
muertos".
En Quilmes, declaró
Laporta, "había un viejo con un palo con pinche que te
pegaba en las manos y en la cabeza". También recordó
que años después vio a uno de los represores en un banco
en Quilmes y a otro en Lomas de Zamora.
El ex detenido señaló
que, tras estar varios meses en el "Pozo de
Quilmes", lo llevaron a un lugar que no supo precisar
dónde quedaba. "Era una cárcel vieja, había
inscripciones sobre jugadores de fútbol", reseñó.
Después, lo llevaron al
Regimiento de La Tablada, de donde lo liberaron "diez
días antes del Mundial '78", o sea, mediados de mayo
de ese año.
Laporta señaló que
también sus vecinos en Banfield fueron secuestrados. Se
trata del matrimonio compuesto por Carlos Guillermo Robles y
Martina Espinoza, desaparecidos en Quilmes el 13 de
septiembre de 1977. Por este caso declaró en noviembre de
2002 María Rosa Pugliese, madre de Robles.
Testigo poco creíble
El último de los testigos
fue Osvaldo Roberto Gómez, el hombre que provocó un
escándalo en el acto de los organismos de Derechos Humanos
realizado en La Plata el 16 de marzo pasado. Allí dijo:
"Yo pertenecí a la represión". Y fue retirado
por integrantes del público, entre quienes había algunos
que lo insultaban a los gritos.
Su testimonio, sin embargo,
fue poco creíble y de hecho desató algunas risas y
sonrisas entre los asistentes a la audiencia. Gómez no fue
preciso y sólo pareció ser un ex conscripto de la Fuerza
Aérea enemistado con los militares.
Dijo que en 1973 entró al
entonces Servicio Militar Obligatorio, hasta marzo de 1975.
"Ahí me dieron la baja, pero no me largaron, se
quedaron con mi documento. Porque mi tío, el general Ojeda,
me odiaba", señaló.
Gómez dio muchas vueltas y
el juez Leopoldo Schiffrin llegó a decirle: "No veo
que usted nos informe sobre lo que nosotros
investigamos".
Después, dijo que siendo
conscripto se había enterado que en el cementerio de Morón
se quemaban cadáveres durante la dictadura, aunque no dio
fechas. "Hacían un pozo de diez metros; yo ví el
pozo. Echaban el cadáver y lo prendían fuego",
señaló, aunque ante una pregunta puntual afirmó no haber
sido testigo de esos hechos.
Como Gómez dijo haber
estado en la Fuerza Aérea, Schiffrin le preguntó por el
centro clandestino que manejaba esa arma, la Mansión Seré.
"No sé", fue la parca respuesta.
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