En
1984, un represor llamó a una Madre
para decirle dónde estaba su hijo
Le
ocurrió a Nadia Vicentini, madre del desaparecido Guillermo
Ricny. El represor tenía datos concretos del secuestro, le
pedía diez mil dólares y decía que la Conadep estaba
"infiltrada". También declararon un ex detenido y
un policía.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA
PLATA.- La madre de un desaparecido contó hoy que fue
"citada" en 1984 al penal de Caseros por un
presunto represor que tenía datos concretos del secuestro
de su hijo y le pedía dinero a cambio de información sobre
su destino.
Esto le pasó a Nadia
Vicentini, madre de Guillermo Ricny, secuestrado junto a su
esposa Graciela Nogueira el 21 de julio de 1977. Siete años
después, un hombre que estaba detenido en el penal de
Caseros la convocó a ese lugar de detención para
"ofrecerle" el plan extorsivo.
"Me llamó el director
del penal", declaró Vicentini, quien no pudo recordar
el nombre, y añadió que este funcionario estaba al tanto
de lo que le proponían: "Iban mitad y mitad",
explicó.
El detenido le pidió a la
madre de Ricny diez mil dólares a cambio de decirle en qué
lugar de una fosa común del cementerio de Avellaneda estaba
enterrado su hijo. La mujer le contestó que no tenía el
dinero y que tampoco le interesaba. "Si mi hijo está
enterrado ahí con los compañeros, que se quede con los
compañeros", declaró.
Pero ese presunto represor
dijo más cosas: afirmó haber estado en el secuestro de
Ricny y su esposa y le dio datos concretos. Vicentini los
sabía porque ella misma fue testigo e incluso fue
secuestrada por unas horas.
"Me dijo que él
había desinformado a la Conadep. Que esa comisión estaba
inflitrada" por represores, señaló Vicentini. Y
agregó, más tarde: "También me dijo que había
torturado él mismo a Graciela (...) Que los norteamericanos
le habían enseñado a torturar en la escuelita de
Panamá".
La mujer señaló que esto
ocurrió en el otoño o el invierno de 1984, y que en una
mudanza perdió un texto que había escrito sobre las
gestiones. Los jueces le pidieron que, si en la tranquilidad
de su hogar, podía hacer esfuerzos por reconstruirlo.
En ese texto estaban los
nombres de las personas involucradas en el plan extorsivo.
El represor que estaba detenido en Caseros le dijo a
Vicentini que el jefe del penal "había estado" en
la masacre de Trelew, ocurrida en 1972.
El secuestro del matrimonio
Ricny-Nogueira se produjo en su domicilio de Bermúdez 633,
Burzaco (Gran Buenos Aires). Pero esa noche habían ido al
cine y los represores los fueron a buscar al domicilio de
Vicentini, en donde robaron cosas de valor y "me
llevaron de rehén por si mi hijo no aparecía". Allí
estaba el pequeño hijo del matrimonio, de casi 4 años, que
declaró en este Juicio el año pasado.
"Si no hubiese estado
Nahuel en mi casa yo sería también Abuela de Plaza de
Mayo", reflexionó Vicentini.
La testigo señaló que se
la llevaron en un auto y que escuchó cómo sus
secuestradores pedían permiso por una radio para
"entrar a otra zona". Después, el grupo represor
se encontró con otro similar. "Ahí le pregunté al
que me custodiaba: '¿Hace mucho que haces esto? ¿No estás
cansado?'. Y me contestó: 'Si salgo, me chupan'".
Después, sintió que
cargaban a su nuera en el auto. Escuchó que preguntaba por
su hijo. Horas después, Vicentini fue liberada, sin saber a
dónde se habían llevado a sus seres queridos.
Un mes después, un hombre
mayor se contactó con ella para decirle que Guillermo
había estado con él en el centro clandestino "El
Vesubio". La madre del desaparecido nunca supo el
nombre del sobreviviente.
La mujer dijo que realizó
gestiones en la embajada de Alemania, ya que su esposo era
de esa nacionalidad. "Los alemanes nos recibían, nos
ofrecían cenas. Pero nunca hicieron nada", aseguró.
También, junto a otras
madres, fue a ver al ex obispo de Lomas de Zamora, Marcelo
Colinos. "No nos recibió jamás. Era un militar con
sotana. En vez de un obispo, era un representante de allá
abajo, del demonio".
Nadia Vicentini, que hoy
tiene 77 años y dijo que su ocupación era "Madre de
Plaza de Mayo", pidió a los jueces que le digan si su
declaración va a servir para algo. "Quiero saber si
alguien va a ir preso. Vamos a estar muertas nosotras y
ellos (por los represores)", afirmó. Al terminar su
declaración, pidió: "No me quiero morir sin ver la
Justicia. Y ya estoy más cerca del arpa que de la
guitarra".
"Me ataron con
cadenas"
También declaró Juan
José Rúa, un sobreviviente que fue secuestrado el 14 de
octubre de 1977 junto a su esposa Herna Silva (fallecida),
de su casa de Témperley, en el sur del gran Buenos Aires.
Rúa recordó que los
represores llegaron en tres autos y que quien comandaba el
grupo vestía un traje. Los llevaron a la Brigada de
Quilmes: "Ahí me ataron con cadenas a una columna. A
mí mujer también. Todavía tengo las marcas de las
cadenas".
En ese centro clandestino
estuvieron entre cuatro y cinco meses. Estaban encapuchados
sólo cuando los movían de lugar o venía "algún
jefe".
Después, Rúa y su mujer
fueron llevados a la comisaría 3° de Lanús, en Valentín
Alsina, donde pasaron otros seis meses. El sobreviviente se
preocupó por destacar que las condiciones de detención
allí no eran mejores, y que les daban muy poco de comer.
"Los policías tiraban
cajas de pizzas sin abrir, enteras, y nosotros no comíamos
por tres días", recordó. "Si no fuera por los
presos comunes, mi señora hubiera muerto ahí. Le dio una
hermorragia interna en el estómago por no comer, y los
familiares de los presos le llevaron leche, yogurt, y
remedios", agregó Rúa.
El próximo lugar de
detención fue la Unidad 9. La Cámara Federal le mostró a
Rúa su legajo del Servicio Penitenciario Bonaerense en el
que constaba su ingreso (octubre de 1978) y su egreso (mayo
de 1979).
Su último destino fue la
cárcel de Caseros. De ahí salió, con libertad vigilada,
recién hacia junio de 1980. "Yo pedí la salida del
país y me la negaron. (El ministro del Interior, Albano)
Harguindeguy contestó que, por no ser peligroso, yo era
recuperable para la Nación", recordó.
Un policía casi
jubilado
Hoy también declaró el
policía Deolindo Ramón Velazquez, de 65 años, quien
actualmente ostenta el cargo de suboficial principal y
presta servicios -tal como lo hizo durante la dictadura- en
la comisaría 3ra de Lanús.
De la misma forma en que lo
han hecho los policías que declararon en las últimas
jornadas de audiencias, Velazquez reconoció la presencia de
"detenidos políticos" en los calabozos de aquella
seccional durante la última dictadura cívico-militar.
Cuando le preguntaron si
veía con frecuencia a los detenidos, dijo: "Cómo no
los vamos a ver si estábamos ahí".
El policía dijo que
durante la dictadura en los calabozos de la 3° sólo había
"detenidos políticos": "Los comunes iban a
distintas comisarías", aseguró.
No obstante su contacto con
los detenidos, sostuvo no saber cuántos estaban alojados en
la dependencia aunque indicó que nunca eran más de 10 o
12. El abogado de la APDH La Plata, Jaime Glüzmann, le
preguntó entonces qué capacidad tenían las celdas y el
policía replicó: "El criterio de cuántos (detenidos)
tenía que haber era todos los que querían poner. No les
preguntaban si estaban cómodos".
Si bien señaló que su
función era la de patrullar las calles, reconoció que
durante un mes debió cumplir la de cabo de guardia. Es
decir, a cargo del cuidado de los detenidos. "Les
cocinaba yo, por mi cuenta. Yo iba a la esquina, a la
carnicería, a pedir. Y mi hija tenía panadería.
Llevábamos pan, facturas... Les daba mate cocido a la
mañana. Si tenía azúcar les ponía; si no, no", se
jactó.
Tras relatar el episodio,
el juez Julio Reboredo le preguntó cuántas raciones de
comida preparaba, para de esa forma establecer la cantidad
de detenidos alojados. "No me acuerdo cuántos platos
servía. Les daba un poquito a cada uno", respondió
Velásquez.
El ex policía, que cuenta
los días para jubilarse -dijo que le quedan 41-, aseguró
que con sus compañeros "nunca hablamos sobre lo que
pasaba (con los detenidos). Hablábamos de algún problema
nuestro, pero no de eso".
|