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Derivaciones
penales del Juicio por la Verdad |
Unidad
9: un nuevo testimonio
complica al jefe Dupuy
La
esposa de Ángel Georgiadis declaró en la causa penal en la
que se investigan los crímenes cometidos en la cárcel de
La Plata. Dijo que días antes de morir su esposo fue
llevado a la oficina del jefe del penal, donde le
advirtieron que iba a ser asesinado.
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cárcel (13-06-01)
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director de la U9 durante la dictadura se negó a declarar
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Por Lucas Miguel (Secretaría de
Prensa)

"Teté"
Piñero, esposa del asesinado Angel Georgiadis.
"El juez Russo no hizo nada", señaló. (Foto:
F. Martínez) |
LA
PLATA.- La esposa del asesinado Ángel Alberto Georgiadis
aseguró hoy en el Juzgado Federal N°1 de esta ciudad que
su marido fue encapuchado y llevado a lo que identificó
como el despacho del jefe de la Unidad Penal N°9, Abel
David Dupuy, donde un grupo de represores le advirtió que
iba a correr la misma suerte que Dardo Cabo y Rufino Pirles,
ultimados en enero de 1977 en una falsa fuga.
María Teresa "Teté" Piñero declaró durante
más de dos horas en el tercer piso de los tribunales ante
la secretaria del juez Humberto Blanco, Sandra Mañanes, y
con la asistencia del abogado de la APDH La Plata Oscar
Rodríguez. En su extenso testimonió narró que su esposo
fue detenido en la Capital Federal por una infracción de
tránsito el 16 de julio de 1975 y luego fue procesado por
violación a la denominada ley "antisubversiva",
N°20840, porque en el Citröen que manejaba le encontraron
panfletos de Montoneros, agrupación en la que militaba.
La esposa de la víctima
aseguró que, inmediatamente, su esposo fue alojado en el
Penal de Devoto y que en diciembre de 1975 fue trasladado a
la Unidad Penal N°9 de La Plata y puesto a disposición del
juez federal platense Leopoldo José Russo.
En ese período, el
matrimonio sufrió un allanamiento ilegal en su casa de
Lomas de Zamora, que fue saqueada. Hoy, por primera vez,
Piñero denunció ante un tribunal los objetos de aquel
saqueo: alhajas, las alianzas, un juego de té regalo de
Arturo Jauretche, una radio, fotografías y documentación
personal.
Entre estos papeles había
una carta que Ángel le había escrito cuando estaban de
novios. Esa carta decía, emulando a Raúl Scalabrini Ortiz:
"Yo ya no estoy solo ni espero, porque te encontré a
vos". Y, más adelante, señalaba: "Somos la voz
de los que no tienen voz". "A esa carta la
incorporaron como prueba en la causa por infracción a la
ley antisubversiva. El juez Russo me la devolvió toda
sellada y firmada después de la muerte de Ángel",
relató Piñero.
Hasta el 13 de diciembre de
1976 el presidio de Georgiadis había sido en
"buenas" condiciones. Pero ese día, que
coincidió con la asunción de Dupuy a la jefatura del
penal, todo cambió. "A las 5 de la mañana se produce
una gran requisa, terrible, con muchos golpes. A mi marido
lo golpean y lo torturan. Él me enviaba cartas pero nunca
me lo contó. Me enteré por otro preso que estaba en la
celda de al lado, que me dijo que escuchó que a Ángel lo
golpearon y lo torturaron varios hombres y por mucho tiempo,
y que no se quejó. Me dijo que, al día siguiente, Ángel
le dijo que le avisara a los otros compañeros que estaba
orinando sangre", declaró.
Georgiadis ese día fue
alojado en las celdas de castigos, denominadas
"chanchos", en el "Pabellón de la
Muerte".
El 5 de enero de 1977 los
hombres de Dupuy llevaron a cabo los dos primeros asesinatos
de una larga lista: Dardo Cabo y Rufino Pirles fueron
ejecutados en Coronel Brandsen, cuando eran trasladados a
otro penal. La versión que se hizo correr, al igual que en
las contemporáneas masacres de Las Palomitas (Salta,
6/7/76) y Margarita Belén (Chaco, 13/12/76), fue que
habían querido fugarse.
Diez días después de
aquel episodio, Georgiadis, el médico Horacio Crea y Julio
Urien fueron encapuchados en sus celdas. "Los llevaron
a una habitación que ellos creían que era la oficina del
jefe del penal y les dijeron que les iba a pasar lo mismo
que a Cabo y Pirles", señaló Piñero.
En paralelo, narró la
mujer, el obispo de Morón, monseñor Justo Laguna (miembro
de la APDH de la Capital Federal), "recibía denuncias
sobre las amenazas de muerte contra los detenidos de la U9.
Hizo varias gestiones en la Casa de Gobierno".
El 26 de enero comenzó el
periplo para Georgiadis. Nuevamente fue sacado de su celda
junto a Julio Urien. "Los militares se lo llevaron en
una ambulancia al Regimiento 7 (de La Plata)", aseguró
la mujer. Esa es la última vez que alguien lo vio con vida.
Urien fue liberado inmediatamente porque su familia había
realizado gestiones ante el ministro del Interior, el
general Albano Harguindeguy, que era pariente lejano de su
madre.
"Cuando lo liberan a
Urien, lo cambian por (Horacio) Rapaport. Horacio gritaba
(en la U9) 'me llevan para matarme'", reveló Piñero.
El 1° de febrero de 1977,
Piñero y Susana Quiróz de Rapaport recibieron el mismo
telegrama, firmado por el "Servicio Correccional de la
Provincia de Buenos Aires". El texto de aquel mensaje,
que fue incorporado hoy a la causa, dice: "El día
1/2/77 habiendo sido retirado su esposo Ángel Alberto
Giorgiadis Otero de la Unidad 9 por personal militar para
ser interrogado en jurisdicción militar dependiente del
Área Operacional 113 se infirió lesiones por auto
agresión las que le ocasionaron su deceso".
Hasta ese día Piñero
desconocía el paradero de su esposo. La última noticia
había sido que el 26 de enero lo habían trasladado los
militares, pero no sabía a dónde. Entonces fue a ver al
juez Russo: "No siga con las gestiones porque en lugar
de uno van a ser dos", le respondió el fallecido
magistrado, en alusión a que la mujer podía también
desaparecer.
Cuando conoció la noticia
de la muerte de su esposo, Piñero comenzó a divulgar el
caso e inició una lucha incesante en el juzgado para
recuperar el cuerpo. "Russo no hizo nada",
señaló. Recién el 28 de febrero un comisario de apellido
Rivero le informó en la Jefatura de Policía que su esposo
estaba enterrado en una tumba del Cementerio de La Plata.
Una de las últimas frases
que los compañeros de celda escucharon de Georgiadis fue:
"Somos como canarios enjaulados. Estamos a la espera
del zarpazo del gato".
En la causa penal por los
delitos cometidos durante la dictadura en la Unidad 9 se
investigan también los asesinatos de Juan Carlos Deghi;
Dardo Cabo; Rufino Pirles; Horacio Luis Rapaport; un hombre
de apodo "Gorosito", que sería Humberto Mariano
Rodríguez; Roberto Lasala; Marcos Ibañez; y un hombre de
apellido Pintos. Además, se investigan las desapariciones
de Juan Pettigiani, Gonzalo Carranza, Guillermo Segalli,
Miguel Alejandro Domínguez y un hombre de apellido
Gallardo.
A este cuadro se suman las
decenas de denuncias por tormentos sufridas por los
desaparecidos, asesinados y la larga lista de sobrevivientes
que poblaron una de las cárceles que más presos políticos
alojó durante la última dictadura.
El prefecto Abel David
Dupuy, que se negó a declarar cuando lo citaron en el
Juicio por la Verdad, encabeza la lista de los imputados
junto a otros 18 penitenciarios, militares y civiles. El 21
de agosto del año pasado, los fiscales Carlos Dulau Dumm y
Marcelo Molina solicitaron al juez Blanco que declare la
nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y
comience a investigar. El de Piñero fue el primer
testimonio que tomó el juez, pero aún no se ha pronunciado
por la validez de las dos leyes. |