Caso
Carlotto: La Cámara dispuso un careo entre un ex soldado y
un militar médico
La
medida fue dispuesta porque hoy un militar retirado negó
los dichos del ex conscripto que declaró la semana pasada.
Por otro lado, el ex comisario Ferranti negó que hubiera
detenidos ilegales en la Brigada de Avellaneda, mientras era
subjefe.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)

Chovancec se
mantuvo en la negativa y el juez Schiffrin lo retó y
le dijo que se comportara debidamente. (Foto: F.
Martínez) |
LA
PLATA.- La Cámara
Federal ordenó que en la próxima audiencia del Juicio por
la Verdad se careen el ex soldado Carlos Aníbal López
López y el médico militar retirado Andrés Jorge
Chovancec, quien hoy negó haber discutido con el represor
Federico Antonio Minicucci en torno a la aplicación de una
inyección a Laura Carlotto, luego que esta diera a luz en
el Hospital Militar Central en 1978.
La semana pasada López López aseguró en este juicio que
vio y escuchó cómo Minicucci le ordenó al entonces
capitán Chovancec que le aplicara una inyección a Carlotto
—supuestamente para dormirla— y que el médico militar
se negó.
El ex soldado aseguró que
entonces "apareció el general médico (Raúl Eduardo)
Mariné, director del Hospital. Habló con Minicucci y le
dijo a Chovancec que se fuera, que la aplicaba él".
"En lo que a mí
respecta, esa situación nunca ocurrió", dijo hoy el
militar retirado ante los jueces de la Cámara Federal. El
presidente del tribunal Leopoldo Schiffrin entonces le dijo
que estaba negando dichos de un testigo creíble. Con
absoluto desdén, Chovancec respondió: "Eso le
corresponderá aclararlo a cada uno de los testigos".
El juez se ofuscó con la
respuesta: "Usted le está faltando el respeto al
tribunal. Lo exhorto a comportarse debidamente y a contestar
seriamente". El militar, después, se cruzó de brazos,
miró hacia abajo y sólo dio escuetas respuestas.
Por esto, la Cámara
Federal dispuso que el miércoles 28 de julio —día de la
primera audiencia después del receso invernal— se lleve a
cabo un careo entre Chovancec y López López.
Por otro lado, el militar,
que es obstetra, negó conocer al represor Minicucci:
"Conmigo no trabajó ninguna persona con ese
nombre", señaló.
Un dato curioso de esta
audiencia fue que, para que Chovancec conociera la versión
de los hechos que terminó negando, el tribunal ordenó la
lectura por secretaría del informe de prensa de la APDH La
Plata del miércoles pasado —que da cuenta de la
declaración de López López— porque aún no contaba con
la desgrabación del testimonio del ex conscripto (ver 300604).
Laura Carlotto dio a luz en
el Hospital Militar Central el 26 de junio de 1978. Según
el ex conscripto López López, que debió custodiar la
habitación donde fue alojada la joven, el operativo de
ingreso y egreso de la joven al nosocomio estuvo a cargo del
"mayor Minicucci". Hoy la abogada de Abuelas,
Alcira Ríos, despejó la duda sobre su identidad: se trata
de Guillermo Antonio Minicucci, fallecido.
El ex conscripto también
dijo que Carlotto fue sacada en un Falcon y que vio que un
hombre flaco y alto, vestido de civil, salía con su bebé
Guido por otra puerta del nosocomio.

Ferranti, ex
subjefe de la Brigada de Lanús, reiteró que los
detenidos "se registraban y estaban a
disposición de un juez". (Foto: F.
Martínez) |
Ferranti, el negativo
En tanto, el comisario
retirado Rómulo Jorge Ferranti se empeñó en negar la
historia al afirmar que mientras fue subjefe de la Brigada
de Avellaneda "todos los detenidos" eran legales.
Ferranti, de 67 años,
concurrió a declarar tras haber pegado el faltazo la semana
pasada. Lo hizo con una abogada particular, Susana Severino,
quien llamó la atención en la audiencia por lucir una
plástica cirugía en su rostro.
El juez Schiffrin le
advirtió al represor que "puede tener imputaciones en
su contra, por derivaciones penales. Pero este no es el
caso" y pidió a la secretaria del Tribunal que leyera
los testimonios de sobrevivientes del centro clandestino
"El Infierno", que funcionó en la Brigada.
La secretara María
Antonieta Pérez Galimberti leyó partes de las
declaraciones de los ex detenidos Adolfo Paz, Ramón
Miralles, Juan Antonio Díaz, Horacio Matoso y la del ex
comisario Rubén Oscar Páez, que fue comisario en esa
dependencia policial.
Adolfo Paz contó que
conocía el barrio de la Brigada por haberse críado en la
zona. "Conocía el ruido del tren, porque a dos cuadras
de ahí había un ferrocarril de carga, yo jugaba de chico
ahí. (...) Sentí la sirena de los bomberos, yo fui bombero
voluntario y el cuartel está a tres cuadras, conocía la
cancha de fútbol, conocía la voz del botellero que todas
las mañanas pasaba por ahí", declaró en abril de
2002, al señalar su certeza de haber estado en ese centro
clandestino, donde fue torturado y secuestrado durante más
de 50 días.
Paz compartió el
cautiverio con varios prisioneros políticos, entre los que
estaban el hermano de Dante Gullo y los líderes de la
comisión interna de la Mercedes Benz, Esteban Reimer y
Víctor Ventura (ver 100402)
Horacio Matoso declaró en
octubre de 2000 que estuvo en la Brigada de Avellaneda
"casi dos meses sin tomar agua y sin comer. (...) 25
kilos debo haber bajado". Juan Antonio Díaz dijo que
estuvo detenido ilegalmente unas horas en esa dependencia,
donde junto a su hermano fue sometido a un interrogatorio
por una persona de civil que pidió "que no lo
mirásemos". "Se escuchaba mucho barullo de gente
detenida o para interrogatorio", recordó.
Pero el testimonio que
irritó a Ferranti fue el del ex juez federal Ramón
Miralles. El represor interrumpió la lectura que hacía la
secretaría para decir: "Al señor Miralles lo traté
con consideración y respeto".
Miralles fue detenido por
el propio Ferranti en un juzgado de la Capital Federal al
que había ido para hacer un hábeas corpus en favor suyo.
El represor, que entonces tenía el rango de comisario, lo
trasladó de ese juzgado a una dependencia policial de La
Plata.
"A Miralles le
agradecí la ley de retiro de los policías, durante el
gobierno de (Victorio) Calabró (Miralles fue ministro de
economía del ex gobernador bonaerense)", señaló
Ferranti. "Cuando estuvo bajo mi. . . protección. . .,
fue tratado con total consideración y respeto. Le
pregunté, para no tener problemas, si me permitía ponerle
las esposas", agregó el represor.
La detención de Miralles
dista de ser legal, como la presentó Ferranti. El ex juez
tenía a parte de su familia secuestrada cuando fue al
juzgado porteño, a cargo de Rafael Sarmiento, quien años
después lo querelló por injuria agravada. En La Plata,
gracias a la gestión de Ferranti —quien hoy dijo que
obró bajo orden de Sarmiento—, Miralles fue presentado a
una persona "de los servicios de la Marina", que
se lo llevó detenido en un auto, donde lo encapucharon. Fue
el preludio de la tortura: entró al circuito de centros
clandestinos, siendo llevado al "Coti Martínez" y
luego a "Puesto Vasco".
Miralles dijo en el Juicio
que Sarmiento y Ferranti "hablaban con un conocimiento
acabado de las cosas que estaban haciendo". Hoy
Ferranti presentó las cosas como dentro de la legalidad:
"Lo llevé desde el mismo juzgado", señaló. Y
agregó: "Fuimos a comer a la Brigada. Él estuvo
tomando café y leyó el diario (...) Su detención salió
en los diarios".
Otro testimonio contra
Ferranti fue el de un ex compañero suyo. El comisario
Rubén Páez, quien también fue jefe de la Brigada de La
Plata, negó en octubre de 2000 que los detenidos de
Avellaneda estuviesen a disposición de algún juez.
"En absoluto", sentenció.
A pesar de que el juez
Schiffrin le dijera que los testimonios "indican a las
claras" que en esa Brigada funcionó un centro
clandestino de detención, Ferranti se mantuvo en la
negativa.
"Mientras yo era
subjefe de la Brigada, los detenidos se registraban y
estaban a disposición de un juez", dijo, con un tono
de voz alto. "No tenía detenidos políticos",
añadió, por si quedaban dudas.
Ferranti dijo que su jefe
en la Brigada de Avellaneda fue el comisario Bruno
Trevisán, quien también fue jefe del "Pozo de
Quilmes". Cuando le preguntaron si recibió alguna
directiva especial tras el golpe de estado, el represor
señaló: "Sólo sobre delitos comunes. De lo otro, ni
se hablaba".
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