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7 de julio de 2004 (B)

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Caso Carlotto: La Cámara dispuso un careo entre un ex soldado y un militar médico
La medida fue dispuesta porque hoy un militar retirado negó los dichos del ex conscripto que declaró la semana pasada. Por otro lado, el ex comisario Ferranti negó que hubiera detenidos ilegales en la Brigada de Avellaneda, mientras era subjefe.

Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)



Chovancec se mantuvo en la negativa y el juez Schiffrin lo retó y le dijo que se comportara debidamente. (Foto: F. Martínez)

LA PLATA.- La Cámara Federal ordenó que en la próxima audiencia del Juicio por la Verdad se careen el ex soldado Carlos Aníbal López López y el médico militar retirado Andrés Jorge Chovancec, quien hoy negó haber discutido con el represor Federico Antonio Minicucci en torno a la aplicación de una inyección a Laura Carlotto, luego que esta diera a luz en el Hospital Militar Central en 1978.

La semana pasada López López aseguró en este juicio que vio y escuchó cómo Minicucci le ordenó al entonces capitán Chovancec que le aplicara una inyección a Carlotto —supuestamente para dormirla— y que el médico militar se negó.

El ex soldado aseguró que entonces "apareció el general médico (Raúl Eduardo) Mariné, director del Hospital. Habló con Minicucci y le dijo a Chovancec que se fuera, que la aplicaba él".

"En lo que a mí respecta, esa situación nunca ocurrió", dijo hoy el militar retirado ante los jueces de la Cámara Federal. El presidente del tribunal Leopoldo Schiffrin entonces le dijo que estaba negando dichos de un testigo creíble. Con absoluto desdén, Chovancec respondió: "Eso le corresponderá aclararlo a cada uno de los testigos".

El juez se ofuscó con la respuesta: "Usted le está faltando el respeto al tribunal. Lo exhorto a comportarse debidamente y a contestar seriamente". El militar, después, se cruzó de brazos, miró hacia abajo y sólo dio escuetas respuestas.

Por esto, la Cámara Federal dispuso que el miércoles 28 de julio —día de la primera audiencia después del receso invernal— se lleve a cabo un careo entre Chovancec y López López.

Por otro lado, el militar, que es obstetra, negó conocer al represor Minicucci: "Conmigo no trabajó ninguna persona con ese nombre", señaló.

Un dato curioso de esta audiencia fue que, para que Chovancec conociera la versión de los hechos que terminó negando, el tribunal ordenó la lectura por secretaría del informe de prensa de la APDH La Plata del miércoles pasado —que da cuenta de la declaración de López López— porque aún no contaba con la desgrabación del testimonio del ex conscripto (ver 300604).

Laura Carlotto dio a luz en el Hospital Militar Central el 26 de junio de 1978. Según el ex conscripto López López, que debió custodiar la habitación donde fue alojada la joven, el operativo de ingreso y egreso de la joven al nosocomio estuvo a cargo del "mayor Minicucci". Hoy la abogada de Abuelas, Alcira Ríos, despejó la duda sobre su identidad: se trata de Guillermo Antonio Minicucci, fallecido.

El ex conscripto también dijo que Carlotto fue sacada en un Falcon y que vio que un hombre flaco y alto, vestido de civil, salía con su bebé Guido por otra puerta del nosocomio.


Ferranti, ex subjefe de la Brigada de Lanús, reiteró que los detenidos "se registraban y estaban a disposición de un juez". (Foto: F. Martínez) 

Ferranti, el negativo

En tanto, el comisario retirado Rómulo Jorge Ferranti se empeñó en negar la historia al afirmar que mientras fue subjefe de la Brigada de Avellaneda "todos los detenidos" eran legales.

Ferranti, de 67 años, concurrió a declarar tras haber pegado el faltazo la semana pasada. Lo hizo con una abogada particular, Susana Severino, quien llamó la atención en la audiencia por lucir una plástica cirugía en su rostro.

El juez Schiffrin le advirtió al represor que "puede tener imputaciones en su contra, por derivaciones penales. Pero este no es el caso" y pidió a la secretaria del Tribunal que leyera los testimonios de sobrevivientes del centro clandestino "El Infierno", que funcionó en la Brigada.

La secretara María Antonieta Pérez Galimberti leyó partes de las declaraciones de los ex detenidos Adolfo Paz, Ramón Miralles, Juan Antonio Díaz, Horacio Matoso y la del ex comisario Rubén Oscar Páez, que fue comisario en esa dependencia policial.

Adolfo Paz contó que conocía el barrio de la Brigada por haberse críado en la zona. "Conocía el ruido del tren, porque a dos cuadras de ahí había un ferrocarril de carga, yo jugaba de chico ahí. (...) Sentí la sirena de los bomberos, yo fui bombero voluntario y el cuartel está a tres cuadras, conocía la cancha de fútbol, conocía la voz del botellero que todas las mañanas pasaba por ahí", declaró en abril de 2002, al señalar su certeza de haber estado en ese centro clandestino, donde fue torturado y secuestrado durante más de 50 días.

Paz compartió el cautiverio con varios prisioneros políticos, entre los que estaban el hermano de Dante Gullo y los líderes de la comisión interna de la Mercedes Benz, Esteban Reimer y Víctor Ventura (ver 100402)

Horacio Matoso declaró en octubre de 2000 que estuvo en la Brigada de Avellaneda "casi dos meses sin tomar agua y sin comer. (...) 25 kilos debo haber bajado". Juan Antonio Díaz dijo que estuvo detenido ilegalmente unas horas en esa dependencia, donde junto a su hermano fue sometido a un interrogatorio por una persona de civil que pidió "que no lo mirásemos". "Se escuchaba mucho barullo de gente detenida o para interrogatorio", recordó.

Pero el testimonio que irritó a Ferranti fue el del ex juez federal Ramón Miralles. El represor interrumpió la lectura que hacía la secretaría para decir: "Al señor Miralles lo traté con consideración y respeto".

Miralles fue detenido por el propio Ferranti en un juzgado de la Capital Federal al que había ido para hacer un hábeas corpus en favor suyo. El represor, que entonces tenía el rango de comisario, lo trasladó de ese juzgado a una dependencia policial de La Plata.

"A Miralles le agradecí la ley de retiro de los policías, durante el gobierno de (Victorio) Calabró (Miralles fue ministro de economía del ex gobernador bonaerense)", señaló Ferranti. "Cuando estuvo bajo mi. . . protección. . ., fue tratado con total consideración y respeto. Le pregunté, para no tener problemas, si me permitía ponerle las esposas", agregó el represor.

La detención de Miralles dista de ser legal, como la presentó Ferranti. El ex juez tenía a parte de su familia secuestrada cuando fue al juzgado porteño, a cargo de Rafael Sarmiento, quien años después lo querelló por injuria agravada. En La Plata, gracias a la gestión de Ferranti —quien hoy dijo que obró bajo orden de Sarmiento—, Miralles fue presentado a una persona "de los servicios de la Marina", que se lo llevó detenido en un auto, donde lo encapucharon. Fue el preludio de la tortura: entró al circuito de centros clandestinos, siendo llevado al "Coti Martínez" y luego a "Puesto Vasco".

Miralles dijo en el Juicio que Sarmiento y Ferranti "hablaban con un conocimiento acabado de las cosas que estaban haciendo". Hoy Ferranti presentó las cosas como dentro de la legalidad: "Lo llevé desde el mismo juzgado", señaló. Y agregó: "Fuimos a comer a la Brigada. Él estuvo tomando café y leyó el diario (...) Su detención salió en los diarios".

Otro testimonio contra Ferranti fue el de un ex compañero suyo. El comisario Rubén Páez, quien también fue jefe de la Brigada de La Plata, negó en octubre de 2000 que los detenidos de Avellaneda estuviesen a disposición de algún juez. "En absoluto", sentenció.

A pesar de que el juez Schiffrin le dijera que los testimonios "indican a las claras" que en esa Brigada funcionó un centro clandestino de detención, Ferranti se mantuvo en la negativa.

"Mientras yo era subjefe de la Brigada, los detenidos se registraban y estaban a disposición de un juez", dijo, con un tono de voz alto. "No tenía detenidos políticos", añadió, por si quedaban dudas.

Ferranti dijo que su jefe en la Brigada de Avellaneda fue el comisario Bruno Trevisán, quien también fue jefe del "Pozo de Quilmes". Cuando le preguntaron si recibió alguna directiva especial tras el golpe de estado, el represor señaló: "Sólo sobre delitos comunes. De lo otro, ni se hablaba".

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