Una
sobreviviente narró su cautiverio
en el Regimiento 7 y en 1 y 60
La
mujer, oriunda de Florencio Varela, estuvo detenida en cinco
lugares diferentes, donde padeció la tortura física y
psicológica.
Por Lucas Miguel y Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
LA
PLATA.- Una sobreviviente declaró hoy en el Juicio por la
Verdad sobre su cautiverio y las torturas que sufrió en los
centros clandestinos que funcionaron en el Cuerpo de
Infantería de la Policía y el Regimiento de Infantería 7
de esta ciudad.
Ramona Melba Campodónico, que declaró por primera vez ante
un tribunal, fue secuestrada en Florencio Varela (sur del
Gran Buenos Aires) el 5 de abril de 1976. Era enfermera y
trabajaba en el Hospital Municipal, donde era delegada
gremial desde 1970 y había encabezado varios reclamos ante
las autoridades para mejorar las condiciones de trabajo y la
provisión de insumos. "Pedía cosas que faltaban. Los
enfermos se morían por falta de insumos", aseguró.
Antes del golpe aquellos
reclamos le valieron, incluso, la enemistad con el gremio de
trabajadores municipales: "El intendente (Juan
Fonrouge) se oponía y la cúpula gremial, que me acusó de
comunista, estaba con él", afirmó. Por entonces,
agregó, el director del nosocomio era un comisario retirado
de apellido Luanco.
Cuando la secuestraron,
hacía un tiempo que la mujer no trabajaba en el Hospital
porque no la dejaban ingresar y estaba realizando tareas en
un centro periférico de atención médica, que funcionaba
en un club del Barrio Aurora. Ese día se sintió mal y
regresó antes de tiempo a su casa. Cuatro cuadras antes de
llegar se encontró con una vecina: "Tu casa está
rodeada de militares. Se llevaron a tu hijo", le dijo.
Campodónico corrió.
"Estaban los militares. Cuando entré me esposaron y
les dije que era culpable de todo lo que decían, para que
largaran a mi hijo Jorge, de 14 años".
El primer día de
detención fue en la comisaría 1° de Florencio Varela. Esa
misma noche su hijo, que también había sido alojado en esa
dependencia, salió en libertad. Al día siguiente, la mujer
fue trasladada al Regimiento 7 de La Plata. "Un civil
de Varela me sacó de la comisaría. Era un señor que
robaba y trabajaba para la policía. Se presentó en las
últimas elecciones como candidato a intendente", dijo.
Y agregó: "Me llevaron esposada y tapada en un
auto".
"En el Regimiento me
esposaron a una cama, de pies y manos. Para mí fue
interminable. Empecé a perder mucha sangre y no tenía con
qué cambiarme ni lavarme", recordó sollozando. Dijo
además que la torturaron poniéndole un perro policía
encima de su cuerpo y que no le daban de comer: "Los
soldados nos llevaban a veces comida a escondidas. Yo ya
estaba esperando la muerte, sucia, con mal olor, con un
perro arriba".
"El que me esposaba y
engrillaba me pidió perdón. Era un soldado, que Dios lo
bendiga", dijo. "Cuando no pudieron soportar el
olor fétido que yo tenía me llevaron a otro lugar",
indicó luego.
Ese lugar no pudo ser
identificado por la mujer. La referencia que hizo sobre la
existencia de escaleras y la ausencia de celdas para alojar
a los detenidos hacen pensar que estuvo en "La
Cacha".
Campodónico recordó que
en aquel lugar iba al baño "engrillada, en caravana
con otras desaparecidas". También contó que
"cada vez que entraba en el baño apretaba el botón de
la cadena y me higienizaba con esa agua. Yo no veía, porque
estaba vendada. Pero a mí sí me veían que hacía eso y
una vez llenaron el inodoro de materia fecal hasta arriba;
cuando tiré la cadena para lavarme, me ensucié toda".
La mujer, que empezó a
declarar a las 10.25 y culminó minutos antes de las 13,
dijo que en aquel lugar fue torturada con picana eléctríca
e interrogada por la militancia de sus compañeros del
hospital. "Nunca dije sus nombres. Desaparecieron
muchos del hospital", declaró.
Después de dos semanas en
aquel lugar no identificado, el derrotero de Campodónico
continuó en lo que podría ser la Comisaría de la Mujer,
en 1 y 42 de esta ciudad. "La jefa nos hizo bañar, nos
dio ropa limpia. Fue como un oasis, pero duró poco",
dijo, y calculó que fue poco más de una semana.
El último lugar de
detención fue el Cuerpo de Infantería de la Policía
bonaerense, en 1 y 60 de esta capital. Allí, describió,
también la mantuvieron esposada a una cama. La mujer dijo
que el lugar era "una locura". "Los
escuchábamos decir (a los represores) 'vamos de caza' y
después regresaban con mucha gente. Se escuchaban gritos de
chicos y mujeres", relató, y recordó haberle hecho
masajes a una detenida embarazada que tenía el cuerpo
entumecido por la tortura con picana eléctrica y que
"en su inconciencia me decía mamá". Las esposas
que le habían puesto le quedaban grandes y, por eso, podía
zafar de su inmovilidad e ir a otras camas para curar o
asistir a las detenidas.
En 1 y 60 fue sometida a un
simulacro de fusilamiento: "Yo dije 'por fin' y el que
estaba a cargo me dijo: 'no tenga miedo, si no la van a
matar'", señaló Campodónico.
También aseguró que entre
los detenidos había una pareja de ancianos y que "el
abuelo murió en la tortura". Y agregó que una vez
escuchó cómo torturaban a un chico de la edad de su hijo:
"Les grité 'asesinos, ni a los chicos respetan'. Me
dieron una inyección y dormí 24 horas".
En aquel centro también
mantuvo contacto con una detenida embarazada de apodo
"Teté", que -según dijo- trabajaba en una
fábrica de Berisso y, cuando se estaba por producir el
parto, la llevaron a dar a luz a la cárcel de mujeres de
Olmos.
Un día de noviembre o
diciembre, según los cálculos que hizo la mujer con la
ayuda del juez Leopoldo Schiffrin, el jefe del centro
clandestino le ordenó bañarse porque iba a salir en
libertad. "Usted no tiene que estar acá. Trajeron este
certificado del Regimiento 7", le dijo el represor. El
certificado, que le fue entregado en mano, figura en el
expediente abierto por su secuestro.
El documento, que lleva el
sello del Regimiento y una firma ininteligible, dice que la
mujer estuvo detenida a "disposición de las
autoridades militares desde el día 6 de abril hasta el día
11 de mayo a las 13 horas" y que "ha sido dejado
en libertad por no haber estado incurso en actividades
ilegales" (sic).
La fecha de salida
señalada en el certificado era falsa: la mujer recuperó su
libertad en noviembre o diciembre de 1976. "No discutí
la fecha porque quería irme", dijo. Dejó el centro
clandestino envuelta en un tapado. En un dobladillo llevaba
papeles que habían escrito otras detenidas con sus
direcciones, para que avisara a sus familias.
Mientras estuvo
secuestrada, los represores la dejaron realizar llamadas
telefónicas a su familia. "Yo llamaba al hospital. El
administrador prohibía que me atendieran y yo gritaba:
'díganle a mi familia que me traigan algodón'. Y luego me
enteré que me llevaban algodón al Regimiento 7. Mi hermana
hizo gestiones en todos lados y el único que la escuchó
fue monseñor (Jorge) Novak", relató.
En una de sus últimas
intervenciones, la mujer contó cómo soportó la detención
en los centros clandestinos: "Cuando estaba detenida
muchas veces tenía la mente en blanco, porque era la única
forma de sobrevivir".
Al finalizar la audiencia,
los jueces le exhibieron las fotografías de represores de 1
y 60. Una foto le resultó conocida, aunque no pudo aseverar
que fuera el mismo que la mantuvo cautiva: el policía
Alberto José Esteban Pulvermacher, denunciado en la CONADEP
como torturador de aquel centro clandestino.
Melba Campodónico tardó
siete años en encontrar trabajo. "Fui
discriminada", aseguró. Del Hospital la habían
expulsado una semana después de su secuestro, con un
decreto firmado por el interventor militar de la
Municipalidad de Florencio Varela, el teniente coronel Raúl
Guillermo Pascual Muñoz.
| Arroyo
Morales no fue
En tanto, hoy no se
produjo la comparecencia de Víctor Alberto Arroyo
Morales, el médico acusado de retirar al nieto de
Estela de Carlotto del Hospital Militar Central de
Buenos Aires.
En Tribunales
trascendió que la Policía Federal no pudo notificar
a Arroyo Morales porque no lo encontró en su
domicilio. Los policías, se informó, dejaron la
cédula en la casa del vecino. |
Testigo sin datos
También declaró Eleazar
Estanislao Rivera, primo del desaparecido Eduardo Raúl
Romano, secuestrado en Ensenada el 2 de julio de 1976.
"Yo era navegante, y me enteré que se lo habían
llevado cuando volví de un viaje", declaró.
Rivera, que no pudo aportar
más datos porque los desconocía, dijo que el desaparecido
"vivía con la madre y hacía cosas de mecánica"
y afirmó que sólo sabía que lo secuestraron a la
madrugada en su casa de Alberdi 267, de esa localidad
cercana a La Plata.
El primo del desaparecido
dijo que por esa época muchos jóvenes del barrio fueron
secuestrados, y señaló que Romano fue secuestrado la misma
noche que Jorge Omar Benvenutto.
|