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Derivaciones
penales del Juicio por la Verdad |
Crous
denuncia el circuito de
CCD de La Plata y pide capturas
El dictamen explica el funcionamiento de la represión ilegal en
La Plata. Describe la operatoria de distintas dependencias
estatales en el marco del terrorismo de Estado. Pide la
invalidez e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y
Obediencia Debida.
Por Lucas Miguel (Secretaría
de Prensa)
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Circuito
de CCD de La Plata |
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Brigada
de Investigaciones
Cuerpo de Caballería e Infantería
(ingreso de detenidos) |
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Comisaría
5°
(centro de "depósito" de detenidos) |
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Centros
de Arana
(lugares de tortura de detenidos) |
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"La
Cacha"
(centro "alternativo", primer y único lugar de
algunos detenidos-desaparecidos) |
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Comisaría
8°
(último destino de detenidos, liberación o
desaparición) |
LA
PLATA.- El fiscal federal en lo criminal y correccional,
Félix Crous, denunció el circuito clandestino de centros de
detención de la ciudad de La Plata y pidió las capturas e
indagatorias de los implicados en su funcionamiento, para lo
cual solicitó la declaración de “invalidez e
inconstitucionalidad” de las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida.
La denuncia, un nuevo
desprendimiento de la prueba recabada en el Juicio por la Verdad
que tramita ante la Cámara Federal, fue presentada ayer en el
Juzgado Federal N°1 de esta ciudad, a cargo de Humberto Manuel
Blanco.
El dictamen fiscal hace un
pormenorizado relato del funcionamiento y articulación de los
centros clandestinos de detención (CCD) que funcionaron en la
ciudad de La Plata durante la última dictadura cívico-militar:
la Brigada de Investigaciones, las comisarías 5° y 8°, los
cuerpos de Caballería e Infantería de la Policía bonaerense y
los talleres de Radio Provincia de Buenos Aires, conocidos como
“La Cacha”. También en este esquema se denuncia lo que
Crous denomina el circuito “morgue policial-cementerio
municipal platense”, empleado según señala “como un
mecanismo enderezado, básicamente, a encubrir los homicidios de
los detenidos-desaparecidos, a través de su incorporación al
marco de la ‘legalidad’ entonces vigente”.
La denuncia fue realizada sobre
la base de lo relatado por 19 familiares y víctimas en el
Juicio por la Verdad, por inspecciones oculares realizadas por
los jueces en aquellos centros y por documentos de carácter
"reservado" que obran en poder del tribunal.
"Una de las
características más notorias del diseño del sistema de
desaparición forzada de personas ideado por la dictadura
militar para esta ciudad consiste en la gran cantidad de CCD
montados a tales fines, cada uno con un rol particular en el
plan criminal, tanto como el hecho de que las víctimas, como
regla general, rotaban por los distintos lugares de detención,
conformándose así diversos circuitos de traslado y alojamiento
de detenidos ilegales, que se repiten en los distintos casos
puntuales", señala el dictamen fiscal. Y agrega que
"se repite en distintos CCD la presencia de algunos
represores".
Todos estos centros, advierte
Crous, estaban bajo el comando militar del Área Operacional
113, a la que estaba subordinada la Policía de la provincia y
en donde también actuaban grupos de tareas conformados por
personal de distintas fuerzas de seguridad, armadas y civiles.
La denuncia indica que dentro
del sistema represivo "la Brigada de Investigaciones de La
Plata funcionó como centro de ingreso de los
detenidos-desaparecidos al circuito clandestino, y de
distribución de los mismos hacia otros centros de detención y
tortura".
Menciona entre estos últimos a
los centros clandestinos que funcionaron en
la localidad de Arana —"destinados a la práctica de
interrogatorios mediante la aplicación tormentos, a la
eliminación física de prisioneros ilegales y a la
incineración, y al parecer el entierro de los restos en fosas
comunes"—, pero no abunda sobre ellos porque también
ayer Crous presentó otra denuncia, con pedidos de detención e
indagatoria, y con un análisis y descripción sobre la
operatoria de esos centros, de la que se informará por
separado.
El dictamen tampoco se detiene
en la comisaría 5º, por la que ya hay una causa penal abierta
en primera instancia, luego de la presentación realizada por
Crous el 23 de diciembre pasado en el Juzgado Federal Nº3, cuyo
titular es Arnaldo Hugo Corazza.
Según Crous, los centros
clandestinos de La Plata funcionaron como "depósito"
de detenidos y, en la mayoría de las veces, como "lugares
de tortura" pero no de ejecución. De todas maneras,
advierte, hubo asesinatos.
El fiscal atribuye las
responsabilidades a los jefes y subjefes de la Zona, Sub Zona y
Área de Seguridad correspondiente a los CCD, quienes “deben
responder por los hechos cometidos en esos sitios durante el
período de su comandancia, como máximas autoridades de aparato
represivo”. En este sentido, brinda una larga lista de
policías y militares con poder de mando, aportada por la
Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos..
Con todos ellos, sugiere que se
detenga e indague —además de los identificados en cada centro
clandestino de detención— a los siguientes represores:
Carlos Guillermo Suárez Mason, Jorge Olivera Revere, Héctor
Gamen, Jorge Ernesto Álvarez, Juan Baustista Sasiaiñ,
Guillermo Ernesto Trotz, Reinaldo Tabernero, Rodolfo Aníbal
Campos y Rodolfo González Conti.
En cuanto a los represores no
identificados en la denuncia, Crous sostiene que “es difícil
establecer identidades para dirigir la imputación en calidad de
ejecutor, puesto que su acción se enmarcaba en la norma de la
clandestinidad de la represión que exigía el anonimato en
resguardo de la identidad de los agentes. Estos interrogantes
son los que debe responder una investigación penal seria y
eficaz. Esta que se inicia debe serlo”.
El funcionamiento del
circuito
Con esta denuncia, Crous
explica el funcionamiento de la represión ilegal
llevada a cabo por la dictadura en la ciudad de La Plata.
"Puede decirse que en
términos generales tanto la Brigada de Investigaciones como la
dependencia policial de calle 1 y 60 (Caballería e Infantería)
sirvieron como sitio de primera detención; la Comisaría 5ta.
era un centro de 'depósito' en los que los prisioneros
permanecían durante el tiempo intermedio entre su detención y
su traslado a centros de tortura –generalmente Arana-, o en el
lapso comprendido entre el regreso de éstos y el traslado a
otros lugares, como las Brigadas (‘pozos’) de Quilmes o de
Banfield, por ejemplo", señala el dictamen.
La cadena sigue con los centros
de Arana, que en algunos casos "fueron el primer destino de
los secuestrados", aunque "en general (los detenidos
llevados ahí) provenían de otros sitios, principalmente la
Comisaría 5° y la Brigada de Investigaciones. Hubo casos en
los cuales los secuestrados eran llevados a alguno de esos
centros más de una vez, permaneciendo el tiempo intermedio en
los centros de alojamiento (Comisaría 5°, en la mayoría de
los casos)".
También indica que "'La
Cacha' fue el primer y único lugar de detención, a veces con
permanencias por tiempos muy prolongados, de varias de las
personas secuestradas que han testimoniado ante la Cámara
Federal. Asimismo, muchos recuperaron su libertad desde dicho
centro de clandestino".
"La Comisaría 8º —completa
Crous— fue, al parecer, el último eslabón en la cadena de
centros clandestinos, previo a la legalización de los
prisioneros, a su desaparición definitiva o al asesinato".
La Brigada
De la investigación de la Cámara Federal en el Juicio por la
Verdad, señala el dictamen fiscal, se desprende que la Brigada
de Investigaciones de La Plata fue un "centro de ingreso,
admisión, concentración temporaria y distribución hacia otros
centros de detención y tortura, de los prisioneros
clandestinos".
Era el sitio "en el que se
practicaban los primeros interrogatorios mediante torturas y se
obtenían los primeros datos relacionados con la persona
secuestrada, e información de interés para los captores".
Y, asimismo, "fue el centro de operaciones de, por lo
menos, uno de los 'grupos de tareas' que actuaron en el
secuestro de personas en esta ciudad".
La Brigada tuvo su mayor
participación en el terrorismo de Estado durante 1977, mientras
estuvo al mando del comisario Rubén Oscar Páez. El grupo de
tareas que operaba allí estaba a cargo del fallecido comisario
Héctor Luis Vides (a) "el lobo", segundo jefe de la
dependencia.
"La casi totalidad de los
secuestros fueron practicados en la noche, lo que coincide con
lo relatado con los liberados acerca de que el mayor movimiento
de ingreso y egreso de personas era nocturno", advierte
Crous.
"Los detenidos ilegales
eran ingresados al interior del edificio de la Brigada con sus
cabezas tapadas y sus manos atadas por la espalda, y una vez
allí eran depositados en celdas, en pasillos o en alguno de los
dos patios del CCD, donde quedaban hasta el primer
interrogatorio", completa.
"Los interrogatorios eran
realizados mediante la aplicación de tormentos y tendían a
extraer de la víctima los primeros datos relacionados con su
actividad política o bien de alguna otra persona supuestamente
conocida por ella", describe.
Crous asimismo repara en que
"en algunas oportunidades los 'grupos de tareas' obligaban
a las víctimas, al momento de ser secuestradas, a llevar
consigo el documento de identidad, que era retenido en la
Brigada y a veces devuelto al momento de la liberación, en el
caso de que esta se produjera desde esa propia dependencia. Lo
mismo sucedía, en ocasiones, con algunas de las pertenencias
del secuestrado".
Además, agrega que "en la
Brigada se utilizaba un sistema informal de listas de detenidos
ilegales, que era manejado por los encargados de su vigilancia,
el que era reemplazado con cada cambio de guardia en la medida
que hubiera modificaciones en la situación de la población de
prisioneros".
La Brigada fue escenario de una
"experiencia piloto", dice Crous: "Varios ex
desaparecidos han mencionado la presencia de un grupo de siete
detenidos ilegales que prestaba colaboración a los represores a
cambio de una especie de indemnidad personal; mejores
condiciones de detención; la posibilidad de obtener salidas
transitorias y visitas familiares y una promesa de futura
libertad". Esos detenidos eran, según la investigación de
la Cámara Federal, Domingo Héctor Moncalvillo, María
Magdalena Mainer, Pablo Joaquín Mainer, Cecilia Luján Idiart,
María del Carmen Morettini, Nilda Susana Salomone y Liliana
Galarza. Todos están desaparecidos.
El fiscal sostiene que deben
ser imputados los siguientes personajes, pertenecientes a la
Policía bonaerense: el comisario Rubén Oscar Páez, el oficial
Mario Mijín —segundo jefe de la Departamental de Lomas de
Zamora el día que la Policía asesinó a Darío Santillán y
Maximiliano Kosteki—, Mario Oscar Tocho, el ex médico
policial Jorge Antonio Bergés, el subcomisario Eros Amilcar
Tarella, Valentín Pretti y Norberto Cosani, el cura Christian
Von Wernich —"de presencia habitual" en la Brigada—
y el ex director general de Investigaciones, Miguel Osvaldo
Etchecolatz, por su responsabilidad jerárquica en el
funcionamiento de la dependencia..
Crous señala que "la
Brigada era muy pequeña, pues había sido con anterioridad una
residencia familiar, razón por la cual nadie que prestara
funciones allí podía ignorar lo que sucedía" y sostiene
que está acreditada "la participación de personal
policial en la aplicación de tormentos, (y que) está
demostrado que también vigilaban a los detenidos clandestinos,
intervenían en su secuestro y también en su traslado a otros
campos de concentración y tortura".
Caballería e Infantería
El centro clandestino que
funcionó desde los primeros días de la dictadura en los
cuerpos de Infantería y Caballería de la Policía bonaerense
—ubicados en la intersección de las calles 1 y 60— estuvo a
cargo de fuerzas conjuntas. "Puede colegirse que su rol
dentro del esquema represivo fue el de depósito de detenidos
ilegales, -en algunos casos sólo en tránsito hacia otros
sitios- a la vez que centro de torturas", sostiene Crous.
Los prisioneros
"permanecían en una especie de barraca militar —una o
más— o grandes galpones, con sus ojos vendados, acostados en
camas y esposados a ellas", describe, y cita testimonios de
sobrevivientes que dicen haber visto, en distintos momentos,
entre 80 y 200 personas, algunas de ellas mujeres embarazadas.
Las instalaciones policiales también eran sedes de uno o más
grupos de tareas. En este sentido, Crous recuerda el testimonio
del ex policía Leopoldo Campano, "quien reveló al
tribunal que el 23 de marzo de 1976 hubo una convocatoria a la
dependencia de 1 y 60, dirigida a empleados de policía, en
especial a aquellos que poseían automóviles, a los fines de
conformar los 'grupos de tareas' encargados del secuestro de
personas".
Entre los responsables del
centro clandestino figuran solo dos nombres completos. A partir
del testimonio de víctimas, el fiscal pudo reconstruir la
siguiente nómina: un mayor del Ejército de apellido Pacheco,
un teniente primero Gómez Miguens, un capitán o coronel Del
Río, un sargento del Ejército de apellido Avellaneda, un
comisario Alí, un policía Caputo que sería subjefe del lugar,
el comisario Luis Héctor Vides (fallecido), y el policía
Baltasar Barrera.
Una particularidad que no se
dio en ningún otro centro de detención es la entrega a los
liberados de certificados que acreditaban que no se encontraban
involucrados en "actividades ilegales". Esos
documentos eran firmados por las autoridades policiales de la
dependencia.
"La Cacha"
El centro clandestino "La
Cacha" funcionó en los talleres de la Radio Provincia de
Buenos Aires, en la localidad de Lisandro Olmos. "Fue un
campo de concentración y tortura que, más allá de estar
incorporado al circuito represivo de La Plata, no tenía el
grado de conexión que se advierte entre los otros centros de
detención de la zona", indica Crous.
Este centro resultó ser, en
varios casos, el único lugar de detención de las personas
secuestradas y se caracterizó por los largos tiempos de
permanencia en él que tenían que padecer las víctimas.
"Otro de los rasgos que caracteriza a este centro es que en
él actuó personal perteneciente a casi todas las fuerzas de
seguridad. En efecto, de acuerdo con casi todos los testimonios
de los liberados, éstos pudieron notar la presencia de personal
del Ejército, la Armada, la Policía Federal y de la provincia
de Buenos Aires, del Servicio Penitenciario bonaerense y del
Servicio de Inteligencia del Estado", destaca el fiscal.
En "La Cacha", los
detenidos "permanecían sobre colchonetas extendidas en el
suelo, tabicados y amarrados por medio de grilletes" y la
comida era suministrada "en cacharros con el símbolo del
Ejército Argentino o bien del Regimiento 7 de
Infantería".
Sobre los represores del centro
clandestino hay muy poca información. De la reconstrucción que
hizo el fiscal surgen varios apodos como "el oso" —quien
podría tener el apellido Cuneo—, "el francés" —podría
ser el coronel del Ejército Raúl Fierro o el fallecido ex
comisario Jorge Nogara—, "el griego", "el
amarillo", "el Gallego", "Jota",
"Mostaza", "Palito", "Pituto",
"Pollo", "Mister X", "los
carlitos" —guardias pertenecientes a la Armada—,
"el
salteño", y el "padre Manolete". Y sólo dos
nombres: Miguel Etchecolatz y el policía Osvaldo Lara.
Comisaría 8º
"En muchos casos, la
Comisaría 8º sirvió como paso previo a la 'legalización' o
'blanqueo' de los detenidos clandestinos que, a partir de ese
momento, pasaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional
(PEN), siendo remitidos, la mayoría de las veces, a distintas
unidades penitenciarias de la provincia o de la Capital
Federal", señala el dictamen.
En la comisaría 8º de La
Plata los detenidos eran registrados en el libro de detenidos
"a disposición del Área Operacional 113". Esa pieza,
asimismo, contenía asentamientos falsos, como libertades que
nunca se hicieron efectivas.
La seccional alojaba por
entonces a tres clases de detenidos: los clandestinos, los que
estaban a disposición del PEN y los que estaban apunto de ser
"blanqueados" a disposición de la Junta Militar. A
estos últimos, dice Crous, "se les permitía quitarse las
vendas de los ojos, y eran aseados por el personal de la
dependencia para borrar los rastros que dejaban en sus cuerpos
las degradantes condiciones de detención clandestina que
sufrían".
En tanto, quienes estaban a
disposición del PEN "eran tratados como cualquier otro
detenido en condiciones legales, correctamente alimentados y
podían ser visitados por sus familias".
Por su parte, los clandestinos
"eran vigilados, aparentemente, por militares y personal
vestido de civil ajeno a la dependencia policial", si bien
hay testimonios que también mencionan a los policías, asegura
el dictamen.
Entre los responsables
identificados del centro clandestino, Crous menciona al
comisario Rubén Rodolfo Sabich, a los policías Darío
Inchausti y Francisco Jasa —los tres declararon en el Juicio
por la Verdad—y al capitán Amuchástegui, jefe de Operaciones
del Regimiento 7.
La invalidez de las leyes
Al igual que en anteriores
presentaciones, el fiscal Félix Crous solicitó al juez de
turno que para llevar a cabo la investigación declare la
inconstitucionalidad e invalidez de las leyes de Punto Final y
Obediencia Debida.
Esta vez Crous repitió en los
argumentos el dictamen sobre esas normas que elaboró el
Procurador General ante la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, Nicolás Becerra.
Allí Becerra hace un análisis
de los sucesos por los que atraviesa el país y exhorta a
recuperar la legalidad. Sostiene que “ampliar los horizontes
mentales es un deber inexcusable para quienes ejercemos una
autoridad pública. Y esa conversión implica que, aun entre los
escombros de las catástrofes humanas, podemos descubrir una
singular oportunidad de cambio. La actuación de las
instituciones públicas que implique el avasallamiento de los
derechos fundamentales de las personas y del orden institucional
son una señal, un signo, del peligro de disolución social y
constituyen una violación del Estado de Derecho.”
Más adelante, el jefe de los
fiscales indica que “puesto ante la decisión de precisar los
alcances de la obligación de investigar y sancionar a los
responsables de graves violaciones de los derechos humanos y del
derecho a la justicia, creo que el compromiso estatal no puede
agotarse, como regla de principio, en la investigación de la
verdad, sino que debe proyectarse,
cuando ello es posible, a la sanción de sus responsables”.
Y, luego, asevera: “Pienso,
además, que la reconstrucción del Estado nacional, que hoy se
reclama, debe partir necesariamente de la búsqueda de la
verdad, de la persecución del valor justicia y de brindar una
respuesta
institucional seria a aquellos que han sufrido el avasallamiento
de sus derechos a través de una práctica estatal perversa y
reclaman una decisión imparcial que reconozca que su dignidad
ha sido violada”. |