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Caso
Mariani: la Cámara busca pruebas en un consultorio y en el Hospital Italiano
Quieren
encontrar documentación que pueda determinar si el parto de la esposa de un
policía existió o si se trata de los posibles apropiadores de Clara Anahí
Mariani. El dueño del consultorio es el médico policial que firmó el acta del
supuesto nacimiento y también los certificados de defunción del matrimonio
Mariani.
Por Vanina Wiman, Lucas Miguel y Francisco Martínez
(Secretaría de Prensa)

Darbón se reencuentra con las partidas de
defunción que firmó durante la dictadura (Foto: FM) |
LA PLATA. - La Cámara
Federal se encuentra en este momento buscando documentación en el consultorio
de un ex médico policial que podría haber participado en la maniobra de
apropiación de Clara Anahí Mariani, desaparecida en un procedimiento durante
la última dictadura. Los jueces también dispusieron el allanamiento del
Hospital Italiano, en donde el médico también trabajaba: allí, tres días
después de la desaparición de la bebé, se produjo el supuesto parto de la
esposa de un policía que participó en ese operativo.
Héctor Amílcar Darbón, ex médico de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires, declaró hoy ante el Tribunal, primero en carácter testimonial y, luego,
en carácter informativo, en la causa en la que se investiga el asesinato de
Daniel Mariani y Diana Teruggi y la desaparición de su pequeña hija Clara
Anahí, durante el violento ataque a la "Casa de la Resistencia", el
24 de noviembre de 1976.
Darbón está vinculado a esta causa en varios puntos: en primer lugar, fue
quien firmó, como médico policial, las actas de defunción de Diana Teruggi y
Roberto Porfidio, asesinados en ese episodio, y la de Daniel Mariani, a quien
mataron nueve meses después. Y en segundo lugar, fue el médico que asistió el
supuesto parto de la esposa de uno de los policías que participó de ese
procedimiento y que, según el certificado de nacimiento firmado por Darbón,
tuvo lugar el 27 de noviembre de 1976.
Hoy, el ex médico policial, al ser interrogado sobre su intervención en la
confección de estos certificados, dijo que no recordaba "si yo hice el
reconocimiento (de los cadáveres) y si sólo firmé el acta de
defunción". Luego, utilizó el mismo argumento para poner en duda su
participación en el supuesto parto de la esposa del policía: "No me
consta si era mi paciente o si yo constaté el nacimiento que atendió otro
médico".
"Si fue paciente mía, tengo que tener esa información en el fichero de mi
consultorio privado", afirmó entonces Darbón.
A raíz de esto, el abogado Juan María Ramos Padilla, que participó de la
audiencia en representación de María Isabel Chorobik de Mariani, la abuela de
Clara Anahí, pidió hoy la detención del médico y el allanamiento de su
consultorio, para buscar esos datos.
"La intervención del doctor Darbón en la vida de esta familia (en
referencia a los Mariani) es constante. Aparece firmando el certificado de
defunción de la madre de la niña sustraída, y aparece un año después (...)
firmando el certificado de defunción del padre", sostuvo hoy Ramos
Padilla. A esto se suma la participación de Darbón en el supuesto parto de la
esposa del policía.
Ramos Padilla argumentó: "No es admisible que existan tantas
coincidencias. Está claro que ya hay una presunción suficiente de que acá
hubo una participación concreta en el ocultamiento de los rastros que permitió
que hasta hoy no podamos encontrar a Clara Anahí Mariani". Y agregó:
"Hay que allanar su casa porque vamos a encontrar documentación
seguramente interesante".
Después de una discusión en la que participaron todos los abogados presentes,
el Tribunal accedió a la solicitud de Ramos Padilla, que fue respaldada por el
fiscal ad hoc Félix Crous y por la abogada de la APDH La Plata Marta Vedio. El
juez Leopoldo Schiffrin dispuso "que se visite el consultorio del doctor y
que él revise su fichero en nuestra presencia". Al cierre de esta
edición, los jueces aún se encuentran en el consultorio privado del doctor
Darbón, ubicado en 137 Nº 1460.
Además de tomar esta medida, los jueces determinaron también que se realice un
allanamiento en el Hospital Italiano, en busca de los registros que puedan
constatar si allí tuvo lugar o no el parto de la esposa del policía.
Sin embargo, la Cámara no accedió al pedido de detención que realizó Ramos
Padilla. Schiffrin sostuvo que "no se encuentran los supuestos
necesarios" para tal medida y que no se trata de "un caso de
flagrancia" en relación a la posible participación del médico policial
en la apropiación de la bebé.
También se discutió la manera en que se iba a informar de estas
investigaciones a la presunta víctima, es decir, a la ahora joven de 25 años
que habría sido apropiada por el policía y su esposa. La cuestión se dirimió
cuando María Isabel Chorobik de Mariani solicitó que los jueces se encargaran
personalmente de esa tarea. Schiffrin aseguró que mañana por la mañana se
decidirá por qué vía se aproximarán a esta persona "de manera lo menos
traumática posible".
Sobre la confección de las actas de defunción de las personas asesinadas en el
ataque a la casa del matrimonio Mariani, Darbón dijo: "Recuerdo el
episodio porque, cuando sucedió, yo estaba en el hospital atendiendo una
cesárea y empezamos a escuchar el estruendo. Dos o tres horas después,
empezaron a traer heridos", aseguró el médico. Uno de los heridos que
ingresaron al nosocomio fue el policía cuya esposa supuestamente dio a luz a
una beba tres días después. Esta persona ya ha declarado en el Juicio por la
Verdad.
El 25 de noviembre de 1976, el médico recibió en la morgue policial los
cuerpos de Diana Teruggi y Roberto Porfidio y, varios meses después, el de
Daniel Mariani. Darbón manifestó que el 25 firmó el acta de defunción de
"dos personas no identificadas que estaban totalmente carbonizadas".
No obstante, en las actas de defunción en las que figura la firma del médico
aparecen sus nombres.
"Pero yo recuerdo que eran NN porque tenían las fichas dactiloscópicas,
que se usan cuando la persona no está identificada", sostuvo Darbón. Se
le preguntó entonces si a un cadáver carbonizado se le podían tomar huellas
digitales, y respondió que no. De esto se desprende que a los cuerpos se les
tomaron primero las huellas y se los incineró después.
También se interrogó al médico sobre la presencia de impactos de bala en los
cuerpos. Darbón esquivó la pregunta usando el mismo argumento que había
utilizado antes: "No recuerdo, porque a mí me tocó hacer los certificados
de defunción pero no el reconocimiento de la causa de muerte de las personas.
Yo veo el libro y de ahí copio".
En la parte testimonial de su declaración, Darbón respondió preguntas más
generales sobre los procedimientos de la policía para tratar con supuestos
cadáveres NN que correspondan a personas que posiblemente hayan sido víctimas
de la represión ilegal durante la última dictadura.
"Lo que hacíamos (los médicos policiales) era inspeccionar el cuerpo y
ver cuál era la causa de la muerte. Sólo se hacían autopsias cuando la causa
no era clara", aseveró Darbón al respecto. Sobre los cadáveres que
llegaban con pérdida de masa encefálica por proyectil de arma de fuego -es
decir, un disparo en la cabeza-, dijo que "recuerdo que ha habido, era una
época que nos trajo dolor a todos".
Caso Plaul
En la audiencia de hoy también declaró Patricia Escofet, esposa del
desaparecido Osvaldo Plaul, secuestrado en la localidad de Remedios de Escalada
el 4 de enero de 1977.
El secuestro se produjo en la tarde de ese día, cuando el matrimonio Plaul fue
a visitar a Rosa Angélica Murno y su marido, Rodolfo Antonio Merediz, ambos
desaparecidos. Antes de ingresar a la casa de sus amigos, los Plaul fueron
sorprendidos por alrededor de 30 hombres armados: "Aparecieron en autos,
detrás de los árboles y por las terrazas", dijo Escofet, que relató que
los detuvieron e ingresaron en la vivienda.
Plaul y Murno fueron interrogados durante dos horas en la casa. Escofet pudo ver
todo des de el patio, donde la tenían retenida los represores. Mientras esto
ocurría, Merediz, que no estaba, arribó a la vivienda con su pequeña hija al
hombro. Cuando vio el panorama, dio media vuelta y se fue, pero un vecino
empezó a gritar que ahí estaba la persona que los secuestradores buscaban y
finalmente se lo llevaron junto a Osvaldo Plaul y Rosa Merediz.
Escofet, en tanto, fue conducida hasta su casa por los represores en el auto de
la empresa de su marido. "Me dijeron que si en 48 horas no tenía noticias,
me olvidara de él", contó la testigo. Los secuestradores le robaron el
auto y también el perro, que estaba dentro del vehículo.
Osvaldo Plaul era director de Operaciones Comerciales del Laboratorio Abbott. A
partir de la averiguación que hizo Enrique Álvarez -segundo de Plaul en la
empresa- ante un mayor del Ejército vinculado a su familia, Escofet pudo saber
que su marido estaba detenido en el edificio de Coordinación Federal, en Buenos
Aires. Después se enterarían de dos traslados más: al I Cuerpo de Ejército y
a Campo de Mayo.
Otra gestión de la empresa ante el entonces coronel Martín Bonnet no dio
resultado: el militar contestó que el operativo nunca existió y que Plaul no
estaba detenido. "Nos recomendó presentar un hábeas corpus", relató
Escofet. Así se hizo el 12 de enero de 1977.
Según contó la testigo, el mismo 4 de enero, en forma paralela, fueron
secuestrados Facundo Urteaga y su esposa, Marina Grace Jara, y Atilio Catáneo y
su pareja, de nombre Irene.
"Los secuestros tuvieron un denominador común: Osvaldo Pedrozo, amigo de
todos ellos", dijo Escofet. De acuerdo a su relato, ese día Pedrozo -a
quien identificó como periodista vinculado actualmente a la Unión de
Trabajadores de Prensa de Buenos Aires- debía vender una casa a Roldolfo
Merediz, quien iba a realizar la compra con un préstamo que le habían hecho
los Urteaga.
Según dijo, Pedrozo no se presentó a realizar la operación. Tiempo después,
y ante consultas de los familiares de los desaparecidos, el periodista habría
recomendando que "no hicieran nada" ya que, insinuó, todos estarían
muertos. "No hagan nada, si se llevan todas las pertenencias de la casa,
quiere decir que los mataron", habría dicho Pedrozo, aludiendo al despojo
que los militares hicieron de la vivienda de los Merediz, de la que se llevaron
hasta los pisos de madera.
A mediados de los '80, Escofet se cruzó en un tren con Pedrozo, a quien no
había podido ubicar durante años. Según contó la testigo, lo acusó de
"entregador", le dio su tarjeta y le pidió explicaciones. "Voy a
tratar de ubicarte, pero no creo que te llame", le contestó el periodista.
Nunca más tuvo noticias de él.
Durante la dictadura la familia siguió con las averiguaciones. Escofet se
reunió con los entonces coroneles Martín Bonet y Raúl Gatica. Este último,
cansado de los reclamos, le espetó: "Usted, también, qué quiere. Si su
marido era sociólogo". Escofet nunca le había mencionado el título
profesional de Osvaldo Plaul.
Por otro lado, la testigo contó que el 25 de mayo de 1977 se entrevistó con
monseñor Emilio Graselli, por entonces secretario del Vicariato de la Armada.
El cura recibía a diario la visita de familiares de desaparecidos que lo
consultaban por el destino de sus seres queridos.
El prelado armó un fichero con los distintos casos, compuesto por más de dos
mil piezas, que ahora está en poder de la Cámara Federal. Graselli declaró
dos veces en este juicio ya que se sospecha que sabía cuál era el destino de
los desaparecidos. Ante los jueces, el cura juró "por Dios" que el
fichero era fruto de los datos que le llevaban los familiares y negó
rotundamente que su fuente fueran las Fuerzas Armadas.
Hoy, Escofet lo contradijo al afirmar que Graselli, mientras examinaba una lista
escrita a máquina con tinta roja, le aseguró: "(Plaul) Está muerto y no
vuelvan nunca más. Porque los que están en rojo es porque los han
matado".
Al finalizar la audiencia, la testigo cargó contra el Laboratorio Abbott.
Aseguró que la empresa denunció a su marido por el hurto del auto, que le
robaron los represores el día del secuestro, y que en abril del '77 lo dejaron
cesante. Durante esos cuatro meses, contó, "si alguien llamaba a Abbott
preguntando por Osvaldo, le decían que estaba enfermo de hepatitis".
Torturas en un camión
En otro orden, declaró ante la Cámara Luis Farina quien fue detenido
ilegalmente el 2 de abril de 1976 y permaneció en centros clandestinos y
penales hasta octubre de 1979. Farina fue secuestrado junto a su esposa, Nélida
Baldi, que testimonió hace dos semanas.
El ex detenido-desaparecido brindó un dato novedoso en el Juicio por la Verdad:
la circunstancia de haber sido torturado dentro de un camión, cuando estuvo en
el centro clandestino de 1 y 60 de esta ciudad.
Farina, hoy un contador de 54 años, contó que en los años previos a la
dictadura había militado en una Unidad Básica del barrio la Loma. Precisamente
declaró en la causa por la desaparición de Gladys Amuchástegui, quien
también pertenecía a ese grupo político que en su mayoría fue desaparecido
el 20 de agosto de 1976.
El testigo contó que al ser secuestrado lo metieron dentro del baúl de un auto
y lo llevaron a un lugar al que reconoció como la comisaría 9°. Al día
siguiente, lo trasladaron al Cuerpo de Infantería de 1 y 60, donde dijo haber
compartido el cautiverio con delegados de Astilleros: "el Pulpo"
Rodríguez, Horacio Piombo y otro de apellido Klimavicius.
"A mí me tenían aislado, con una mano atada a la cama con una
esposa", recordó. "Era una situación de extrema dureza. Fuimos
sometidos a torturas dos o tres veces".
Luis Farina contó que lo torturaron dentro de un camión, del tipo
"frigorífico o de los que llevan alimentos". En el interior, le
ataron una soga a los pies, a la que ataban a un "pasamanos" ubicado
en el techo. "Y me levantaban como si fuese una medio res", completó
Farina. Así, lo torturaron con la picana.
Diez días después de su secuestro, Farina ingresó en la Unidad 9, según
consta en el legajo del Servicio Penitenciario Bonaerense que la Cámara le
exhibió esta mañana. Fue uno de los primeros presos políticos de la dictadura
en llegar a esa dependencia.
"Cuando llegué a la U9 creí haber recuperado la libertad, por lo duro que
fue el proceso de secuestro", expresó. Más tarde, agregó: "Fui
motivo de curiosidad de los empleados. Me hicieron desvestir cuatro veces para
verme las quemaduras" de la tortura.
Farina comentó que se enteró de los casos de Horacio Rapaport y Ángel
Georgiadis, quienes fueron puestos en libertad por el Poder Ejecutivo y, a la
salida de la cárcel, nuevamente secuestrados. Sobre este tema habló el año
pasado el periodista Eduardo Anguita y otros ex detenidos de la U9.
También mencionó que recordaba una requisa muy intensa que se realizó en la
cárcel el 13 de diciembre de 1976, fecha que coincide con la masacre de
Margarita Belén, en el Chaco.
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