Comisaría 5°, el centro
más investigado
Forma parte del proceso judicial que lleva adelante
la Cámara Federal. Es uno de los centros clandestinos por el que pasó una gran
cantidad de personas. Muchos, están desaparecidos. Cinco ex detenidos contaron
cómo eran las condiciones de detención, y varios policías apelaron al “no
recuerdo”.
Por Francisco Martínez (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- La investigación de lo que sucedió
durante la dictadura en la comisaría quinta de La Plata, es la más avanzada en
cuanto a centros clandestinos de detención se refiera, dentro del marco general
del Juicio por la Verdad que lleva a cabo la Cámara Federal de esta ciudad.
La dependencia policial, ubicada en diagonal
74 entre 23 y 24 de La Plata, funcionó como un lugar de retención de detenidos
ilegales, cuando la Policía provincial estaba al mando del coronel Ramón Camps
y su lugarteniente, el Director de Investigaciones Miguel Etchecolatz.
Cinco ex detenidos de ese centro clandestino
declararon hasta el momento en las audiencias del Juicio por la Verdad, que
comenzaron en septiembre de 1998: Carlos De Francesco, Mario Féliz, Julio López,
Hugo Marini y Luis Favero.
También fueron citados a declarar varios
policías que prestaron funciones en la comisaría quinta, así como dos ex
titulares de esa dependencia. En general, los ex miembros de la Policía de
Camps no aportaron mucha información, y apelaron al “no recuerdo” a la hora
de contestar las preguntas de los jueces y de los abogados que son parte en el
juicio.
Hacinados
Carlos De Francesco prestó el primero de sus
dos testimonios el 25 de noviembre de 1998, y de los que declararon, es el ex
prisionero que más tiempo estuvo “alojado”: cuatro meses, entre diciembre
de 1976 y abril de 1977.
De Francesco fue detenido en la facultad de
Ciencias Exactas, donde era profesor. Pasó por un centro clandestino que
funcionó en Arana —allí lo torturaron— y después fue llevado a la comisaría
quinta, traslado que, según él, “era común”.
En la dependencia policial, De Francesco no
fue torturado, pero si vio que lo habían sido sus compañeros de detención.
“A uno le habían escrito con ácido sulfúrico la palabra ‘monto’ en la
espalda y en el abdomen”, comentó en su declaración.
También relató las circunstancias en las que
permanecían detenidos. En pleno verano, llegaron a ser casi 30 hombres en una
celda que, según se comprobó en una inspección ocular, medía 3,90 metros de
largo por 3,20 de ancho. “Había momentos en que el piso se mojaba y llegamos
a la conclusión que era el vapor condensado de nuestra transpiración. El hedor
sería grande porque los guardias se quejaban”, precisó De Francesco.
“En un momento estábamos todos infectados
de piojos. Nos dieron trapos y kerosene, pero no resultó”, contó también el
ex detenido. Asimismo, expresó que “a veces pasaban tres días sin que
viniesen los guardias a traernos comida”.
El tema de la comida es un detalle importante
en la comisaría quinta. Algunos ex detenidos dijeron que se traía del
Seminario Mayor, una institución eclesiástica que queda a media cuadra de
donde funcionó el centro clandestino y de la que algunos reconocían sus
campanadas. El ex policía Rodolfo Lezcano, por su parte, dijo que se traía de
los Bomberos. Y otro oficial, Aldo Amaya, declaró en otra causa que “en
Bomberos se hacía la comida para todas las comisarías”.
Mario Féliz, otro de los ex detenidos de la 5°,
precisó durante una inspección ocular: “La comida llegaba una vez por día,
y no todos los días. Muchos bajaron de peso, yo bajé 20 kilos”. Féliz
estuvo en la comisaría entre febrero y abril de 1977.
En esa inspección ocular, realizada el 14 de
julio pasado, Féliz reconoció el lugar donde estuvo detenido, lo que hoy es
ahora el Archivo de la comisaría. “Hoy me parece más chico”, dijo en esa
oportunidad y señaló que se tenían que turnar para dormir, por la falta de
espacio.
“Una vez, alguien después de torturado se
quiso ahorcar en la celda —recordó Féliz en su testimonio de noviembre del
‘98—. Nosotros teníamos los ojos tapados, y lo quisimos ayudar como podíamos.
Unos guardias se lo llevaron y creo que lo mataron”.
En esa declaración Féliz recordó un
traslado de detenidos de los que nunca se supo más nada. Este hecho habría
ocurrido a fines de marzo de 1977. Entre esas personas estaban: Alfredo Reboredo
—hijo de uno de los jueces de la Cámara—, Juan Carlos Arrázola, Juan
Miguel Iglesias, Roberto Odirisio, Juan Carlos Peralta y Carlos Simmons. “A
este le dijeron: ‘vos vas a ver lo que es pagar sin tener nada que ver”,
manifestó Féliz.
Torturas en la terraza
Jorge López es el único ex detenido que dijo
haber sido torturado en la comisaría quinta. El testigo, durante otra inspección
ocular realizada el 7 de julio, señaló que los apremios los recibió en la
terraza de la comisaría, al aire libre y a los oídos de los vecinos.
López también reconoció el lugar donde
permaneció en cautiverio, después de casi 23 años. La “celda” es ahora el
baño de la comisaría.
Cuando el Tribunal les preguntó a varios
policías de bajo rango que trabajaron en la comisaría quinta qué pasaba en la
terraza, nadie supo responder. “Nunca supe que había una terraza”, dijo
Carlos De Alba, un policía que, sin embargo, fue el más sincero —o el menos
cínico, según cómo se lo mida— de los que declararon.
López, que estuvo en la 5° en diciembre de
1976, recordó que allí había un “asador”, “donde ponían a la gente en
un elástico con picana”, para torturarla.
Por su parte, Hugo Marini declaró que estuvo
en esa comisaría desde fines de enero hasta abril de 1977. El 24 de marzo, a un
año de comenzada la dictadura, los represores — dijo Marini— “nos dieron
un golpe en festejo del Golpe”.
En su testimonio del 17 de noviembre pasado,
Marini coincidió con sus ex compañeros de cautiverio en que tenían permiso
para ir al baño, en una sala contigua a la celda. Sobre el tema de la comida,
dijo que “había veces en que nos servían los guardias y otras en las que
dejaban las ollas y platos”.
El último de los ex detenidos de la 5°
que declaró fue Luis Favero, quien sólo permaneció unos días. Afirmó que
cuando él estuvo había otras 23 personas en la celda.
Apología de la desmemoria
Contrastando la buena memoria de los ex
detenidos, los policías que declararon parecieron confirmar que la
arteriosclerosis no es una enfermedad que llega a la tercera edad.
José Luis Luise fue el caso emblemático
de esta suerte de oda al olvido. El 11 de agosto, Luise se preocupó tanto por
decir “no recuerdo” que terminó denunciado por el Tribunal por falso
testimonio.
Luise, un sargento de 47 años, estuvo en la comisaría quinta
en los años ’76 y ’77, según informes del Ministerio de Justicia y
Seguridad entregados a la Cámara. El policía, no obstante, señaló que estuvo
allí sólo hasta octubre del ’76.
También dijo que no vio personal “no
policial” en la comisaría, ni mujeres embarazadas detenidas —lo que
contrasta con testimonios de ex detenidos—, que su función era apenas barrer
el piso y que nunca entró a los calabozos. Más tarde cometió una contradicción:
habló de calabozos generales e individuales, haciendo una diferencia.
Cuando el juez Schiffrin le preguntó cómo
sabía que existía esa diferencia si nunca había entrado a los calabozos ni
había tenido contacto con los detenidos, Luise asombró al público presente en
la sala de audiencias: “No sé”, respondió.
Otro concepto que no supo explicar el policía
fue cuando habló de presos “comunes”. El Tribunal le preguntó entonces si
sabía si existían dos tipos de detenidos: los comunes, y los ilegales. “No
recuerdo”, fue su respuesta.
Tampoco recordó Luise los nombres de sus
compañeros de trabajo. "Es un caso excepcional su falta de memoria",
le disparó el juez Leopoldo Schiffrin y le preguntó: “¿Alguien le dio
instrucciones para que se negara a declarar y se rehusara constantemente
diciendo 'no recuerdo'?".
Después de la reprimenda, Luise recordó
algunos nombres pero ya era tarde: el Tribunal lo denunció por falso testimonio
rato después de finalizar la audiencia.
Rodolfo Lezcano fue otro policía que poco
recordó. No se acordó de los nombres de sus compañeros y un juez llegó a
preguntarle si tenía “algún defecto” en la memoria.
Lezcano dijo que él trabajaba en la comisaría
quinta pero que cumplía funciones de guardia en otro lugar, por lo que no
estaba mucho allí.
La jerarquía
Durante el ’99, la Cámara citó a dos ex
titulares de la comisaría para que den explicaciones. El primero fue Fernando
Muñoz, titular de la 5° durante cuatro meses en 1976. Aunque su edad denotó
su olvido (tiene 71 años), Muñoz sorprendió a todos cuando dijo que no había
estado en la comisaría durante el gobierno de facto, cuestión imposible dado
que este comenzó el 24 de marzo.
Muñoz desmintió que bajo su mando haya
habido detenidos ilegales en la comisaría quinta. También dijo que los
militares “no tenían injerencia” en la dependencia. Lo que podría ser
cierto, puesto que se cree que la 5° no fue centro clandestino sólo hasta
meses después de comenzada la dictadura.
El sucesor de Muñoz, Osvaldo Sertorio, sería
quien más implicado está con la represión ilegal. Sertorio declaró el 29 de
septiembre, pero lo hizo sólo por la desaparición de la bebé Clara Anahí
Mariani, quien fue robada durante un ataque a la casa de sus padres el 24 de
noviembre de 1976.
Sertorio era el comisario de la 5° cuando
ocurrió ese hecho, y la casa de los padres de Clara Anahí estaba bajo su
jurisdicción. Durante su testimonio negó haber presenciado el ataque
—comandado por Camps y Etchecolatz, según dijeron policías que
participaron— y dijo que ahí actuó el Ejército: “Yo estaba ajeno a
eso”. Pero en una declaración que hizo en 1984 había reconocido haber estado
allí, y tras su lectura durante la audiencia, Sertorio la tuvo que ratificar.
El ex comisario no brindó detalles del centro
clandestino puesto que la Cámara no permitió preguntas en ese sentido. Sin
embargo, llegó a decir que en la parte trasera de la dependencia estaban los
militares, y que “ahí ellos se hacían cargo de la situación”. En ese
lugar funcionaban los calabozos en donde permanecían los prisioneros políticos.
“Nosotros no teníamos relación con la subversión”, aseguró el titular de
la comisaría-centro clandestino más concurrida por detenidos ilegales de La
Plata durante la última dictadura.
En el testimonio que dio ante la justicia
federal en 1984, Sertorio dijo que había en la dependencia que comandaba un “área
restringida” que controlaba el Ejército.
“Vendados y esposados”
Un subordinado de Sertorio fue quien más
datos brindó sobre la comisaría quinta. Aunque con resguardos, Carlos De Alba
dijo que vio la llegada de detenidos “vendados y esposados” a la comisaría,
el trato habitual que recibían las personas secuestradas por las Fuerzas de
Seguridad.
De Alba contó además que vio que se traía a
personas en los baúles de los autos, con los típicos rasgos de la dictadura:
en un Falcon y conducidos por personal de civil.
El policía dijo que su tarea era sólo
administrativa. No obstante esto no lo privó de ver a una mujer embarazada
detenida en la comisaría, en el año ’76.
Miguel Angel Flores fue otro ex efectivo que
aseguró haber visto detenidos ilegales en la comisaría quinta. “No podíamos
preguntar y había una zona restringida”, expresó. Flores también afirmó
que “por la noche, los gritos eran frecuentes”.
El testigo “prófugo”
El testigo estrella de entre los policías fue
Alberto Cadenas, aunque en realidad brilló por su ausencia. Cadenas fue
subcomisario de la quinta y no se presentó dos veces a declarar ante la Cámara,
por lo que fue traído por la Policía federal para que preste testimonio.
El ex policía declaró en una audiencia
diminuta, ante pocos jueces y abogados y sin público, ya que fue llevado al
Tribunal el día después a uno de los habituales miércoles de audiencias.
Cadenas dijo entonces —contradiciendo
informes del Ministerio de Justicia— que el ya no estaba en la comisaría
quinta cuando comenzó la dictadura. Sin embargo, dio datos interesantes sobre
la represión ilegal: señaló que, prestando servicios en la Unidad Regional,
obedecía órdenes de los Grupos de Tareas encargados de secuestrar a las
personas. “Lo nuestro era el cerco”, graficó para indicar que su actividad
se limitaba a facilitar la tarea de los secuestradores y no a participar de
ella.
Apenas comienza la investigación en la
comisaría quinta de La Plata. Hasta el momento se tienen identificadas a 89
personas que pasaron por allí —Carlos De Francesco estima que él vio a
200—. De todas ellas, más de 60 están desaparecidas.
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