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Viernes 7 de enero de 2000

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Comisaría 5°, el centro 
más investigado
 
Forma parte del proceso judicial que lleva adelante la Cámara Federal. Es uno de los centros clandestinos por el que pasó una gran cantidad de personas. Muchos, están desaparecidos. Cinco ex detenidos contaron cómo eran las condiciones de detención, y varios policías apelaron al “no recuerdo”. 

Por Francisco Martínez  (Secretaría de Prensa) 


LA PLATA.- La investigación de lo que sucedió durante la dictadura en la comisaría quinta de La Plata, es la más avanzada en cuanto a centros clandestinos de detención se refiera, dentro del marco general del Juicio por la Verdad que lleva a cabo la Cámara Federal de esta ciudad.

La dependencia policial, ubicada en diagonal 74 entre 23 y 24 de La Plata, funcionó como un lugar de retención de detenidos ilegales, cuando la Policía provincial estaba al mando del coronel Ramón Camps y su lugarteniente, el Director de Investigaciones Miguel Etchecolatz.

Cinco ex detenidos de ese centro clandestino declararon hasta el momento en las audiencias del Juicio por la Verdad, que comenzaron en septiembre de 1998: Carlos De Francesco, Mario Féliz, Julio López, Hugo Marini y Luis Favero.

También fueron citados a declarar varios policías que prestaron funciones en la comisaría quinta, así como dos ex titulares de esa dependencia. En general, los ex miembros de la Policía de Camps no aportaron mucha información, y apelaron al “no recuerdo” a la hora de contestar las preguntas de los jueces y de los abogados que son parte en el juicio.

Hacinados

Carlos De Francesco prestó el primero de sus dos testimonios el 25 de noviembre de 1998, y de los que declararon, es el ex prisionero que más tiempo estuvo “alojado”: cuatro meses, entre diciembre de 1976 y abril de 1977.

De Francesco fue detenido en la facultad de Ciencias Exactas, donde era profesor. Pasó por un centro clandestino que funcionó en Arana —allí lo torturaron— y después fue llevado a la comisaría quinta, traslado que, según él, “era común”.

En la dependencia policial, De Francesco no fue torturado, pero si vio que lo habían sido sus compañeros de detención. “A uno le habían escrito con ácido sulfúrico la palabra ‘monto’ en la espalda y en el abdomen”, comentó en su declaración.

También relató las circunstancias en las que permanecían detenidos. En pleno verano, llegaron a ser casi 30 hombres en una celda que, según se comprobó en una inspección ocular, medía 3,90 metros de largo por 3,20 de ancho. “Había momentos en que el piso se mojaba y llegamos a la conclusión que era el vapor condensado de nuestra transpiración. El hedor sería grande porque los guardias se quejaban”, precisó De Francesco.

“En un momento estábamos todos infectados de piojos. Nos dieron trapos y kerosene, pero no resultó”, contó también el ex detenido. Asimismo, expresó que “a veces pasaban tres días sin que viniesen los guardias a traernos comida”.

El tema de la comida es un detalle importante en la comisaría quinta. Algunos ex detenidos dijeron que se traía del Seminario Mayor, una institución eclesiástica que queda a media cuadra de donde funcionó el centro clandestino y de la que algunos reconocían sus campanadas. El ex policía Rodolfo Lezcano, por su parte, dijo que se traía de los Bomberos. Y otro oficial, Aldo Amaya, declaró en otra causa que “en Bomberos se hacía la comida para todas las comisarías”.

Mario Féliz, otro de los ex detenidos de la 5°, precisó durante una inspección ocular: “La comida llegaba una vez por día, y no todos los días. Muchos bajaron de peso, yo bajé 20 kilos”. Féliz estuvo en la comisaría entre febrero y abril de 1977.

En esa inspección ocular, realizada el 14 de julio pasado, Féliz reconoció el lugar donde estuvo detenido, lo que hoy es ahora el Archivo de la comisaría. “Hoy me parece más chico”, dijo en esa oportunidad y señaló que se tenían que turnar para dormir, por la falta de espacio.

“Una vez, alguien después de torturado se quiso ahorcar en la celda —recordó Féliz en su testimonio de noviembre del ‘98—. Nosotros teníamos los ojos tapados, y lo quisimos ayudar como podíamos. Unos guardias se lo llevaron y creo que lo mataron”.

En esa declaración Féliz recordó un traslado de detenidos de los que nunca se supo más nada. Este hecho habría ocurrido a fines de marzo de 1977. Entre esas personas estaban: Alfredo Reboredo —hijo de uno de los jueces de la Cámara—, Juan Carlos Arrázola, Juan Miguel Iglesias, Roberto Odirisio, Juan Carlos Peralta y Carlos Simmons. “A este le dijeron: ‘vos vas a ver lo que es pagar sin tener nada que ver”, manifestó Féliz.

Torturas en la terraza

Jorge López es el único ex detenido que dijo haber sido torturado en la comisaría quinta. El testigo, durante otra inspección ocular realizada el 7 de julio, señaló que los apremios los recibió en la terraza de la comisaría, al aire libre y a los oídos de los vecinos.

López también reconoció el lugar donde permaneció en cautiverio, después de casi 23 años. La “celda” es ahora el baño de la comisaría.

Cuando el Tribunal les preguntó a varios policías de bajo rango que trabajaron en la comisaría quinta qué pasaba en la terraza, nadie supo responder. “Nunca supe que había una terraza”, dijo Carlos De Alba, un policía que, sin embargo, fue el más sincero —o el menos cínico, según cómo se lo mida— de los que declararon.

López, que estuvo en la 5° en diciembre de 1976, recordó que allí había un “asador”, “donde ponían a la gente en un elástico con picana”, para torturarla. 

Por su parte, Hugo Marini declaró que estuvo en esa comisaría desde fines de enero hasta abril de 1977. El 24 de marzo, a un año de comenzada la dictadura, los represores — dijo Marini— “nos dieron un golpe en festejo del Golpe”.

En su testimonio del 17 de noviembre pasado, Marini coincidió con sus ex compañeros de cautiverio en que tenían permiso para ir al baño, en una sala contigua a la celda. Sobre el tema de la comida, dijo que “había veces en que nos servían los guardias y otras en las que dejaban las ollas y platos”.

El último de los ex detenidos de la 5° que declaró fue Luis Favero, quien sólo permaneció unos días. Afirmó que cuando él estuvo había otras 23 personas en la celda.
 
Apología de la desmemoria

Contrastando la buena memoria de los ex detenidos, los policías que declararon parecieron confirmar que la arteriosclerosis no es una enfermedad que llega a la tercera edad.

José Luis Luise fue el caso emblemático de esta suerte de oda al olvido. El 11 de agosto, Luise se preocupó tanto por decir “no recuerdo” que terminó denunciado por el Tribunal por falso testimonio.
 
Luise, un sargento de 47 años, estuvo en la comisaría quinta en los años ’76 y ’77, según informes del Ministerio de Justicia y Seguridad entregados a la Cámara. El policía, no obstante, señaló que estuvo allí sólo hasta octubre del ’76.

También dijo que no vio personal “no policial” en la comisaría, ni mujeres embarazadas detenidas —lo que contrasta con testimonios de ex detenidos—, que su función era apenas barrer el piso y que nunca entró a los calabozos. Más tarde cometió una contradicción: habló de calabozos generales e individuales, haciendo una diferencia.

Cuando el juez Schiffrin le preguntó cómo sabía que existía esa diferencia si nunca había entrado a los calabozos ni había tenido contacto con los detenidos, Luise asombró al público presente en la sala de audiencias: “No sé”, respondió.

Otro concepto que no supo explicar el policía fue cuando habló de presos “comunes”. El Tribunal le preguntó entonces si sabía si existían dos tipos de detenidos: los comunes, y los ilegales. “No recuerdo”, fue su respuesta.

Tampoco recordó Luise los nombres de sus compañeros de trabajo. "Es un caso excepcional su falta de memoria", le disparó el juez Leopoldo Schiffrin y le preguntó: “¿Alguien le dio instrucciones para que se negara a declarar y se rehusara constantemente diciendo 'no recuerdo'?". 

Después de la reprimenda, Luise recordó algunos nombres pero ya era tarde: el Tribunal lo denunció por falso testimonio rato después de finalizar la audiencia.

Rodolfo Lezcano fue otro policía que poco recordó. No se acordó de los nombres de sus compañeros y un juez llegó a preguntarle si tenía “algún defecto” en la memoria.

Lezcano dijo que él trabajaba en la comisaría quinta pero que cumplía funciones de guardia en otro lugar, por lo que no estaba mucho allí.

La jerarquía

Durante el ’99, la Cámara citó a dos ex titulares de la comisaría para que den explicaciones. El primero fue Fernando Muñoz, titular de la 5° durante cuatro meses en 1976. Aunque su edad denotó su olvido (tiene 71 años), Muñoz sorprendió a todos cuando dijo que no había estado en la comisaría durante el gobierno de facto, cuestión imposible dado que este comenzó el 24 de marzo.

Muñoz desmintió que bajo su mando haya habido detenidos ilegales en la comisaría quinta. También dijo que los militares “no tenían injerencia” en la dependencia. Lo que podría ser cierto, puesto que se cree que la 5° no fue centro clandestino sólo hasta meses después de comenzada la dictadura.

El sucesor de Muñoz, Osvaldo Sertorio, sería quien más implicado está con la represión ilegal. Sertorio declaró el 29 de septiembre, pero lo hizo sólo por la desaparición de la bebé Clara Anahí Mariani, quien fue robada durante un ataque a la casa de sus padres el 24 de noviembre de 1976.

Sertorio era el comisario de la 5° cuando ocurrió ese hecho, y la casa de los padres de Clara Anahí estaba bajo su jurisdicción. Durante su testimonio negó haber presenciado el ataque —comandado por Camps y Etchecolatz, según dijeron policías que participaron— y dijo que ahí actuó el Ejército: “Yo estaba ajeno a eso”. Pero en una declaración que hizo en 1984 había reconocido haber estado allí, y tras su lectura durante la audiencia, Sertorio la tuvo que ratificar.

El ex comisario no brindó detalles del centro clandestino puesto que la Cámara no permitió preguntas en ese sentido. Sin embargo, llegó a decir que en la parte trasera de la dependencia estaban los militares, y que “ahí ellos se hacían cargo de la situación”. En ese lugar funcionaban los calabozos en donde permanecían los prisioneros políticos. “Nosotros no teníamos relación con la subversión”, aseguró el titular de la comisaría-centro clandestino más concurrida por detenidos ilegales de La Plata durante la última dictadura.

En el testimonio que dio ante la justicia federal en 1984, Sertorio dijo que había en la dependencia que comandaba un “área restringida” que controlaba el Ejército.

“Vendados y esposados”

Un subordinado de Sertorio fue quien más datos brindó sobre la comisaría quinta. Aunque con resguardos, Carlos De Alba dijo que vio la llegada de detenidos “vendados y esposados” a la comisaría, el trato habitual que recibían las personas secuestradas por las Fuerzas de Seguridad.

De Alba contó además que vio que se traía a personas en los baúles de los autos, con los típicos rasgos de la dictadura: en un Falcon y conducidos por personal de civil.

El policía dijo que su tarea era sólo administrativa. No obstante esto no lo privó de ver a una mujer embarazada detenida en la comisaría, en el año ’76. 

Miguel Angel Flores fue otro ex efectivo que aseguró haber visto detenidos ilegales en la comisaría quinta. “No podíamos preguntar y había una zona restringida”, expresó. Flores también afirmó que “por la noche, los gritos eran frecuentes”.

El testigo “prófugo”

El testigo estrella de entre los policías fue Alberto Cadenas, aunque en realidad brilló por su ausencia. Cadenas fue subcomisario de la quinta y no se presentó dos veces a declarar ante la Cámara, por lo que fue traído por la Policía federal para que preste testimonio.

El ex policía declaró en una audiencia diminuta, ante pocos jueces y abogados y sin público, ya que fue llevado al Tribunal el día después a uno de los habituales miércoles de audiencias.

Cadenas dijo entonces —contradiciendo informes del Ministerio de Justicia— que el ya no estaba en la comisaría quinta cuando comenzó la dictadura. Sin embargo, dio datos interesantes sobre la represión ilegal: señaló que, prestando servicios en la Unidad Regional, obedecía órdenes de los Grupos de Tareas encargados de secuestrar a las personas. “Lo nuestro era el cerco”, graficó para indicar que su actividad se limitaba a facilitar la tarea de los secuestradores y no a participar de ella.

Apenas comienza la investigación en la comisaría quinta de La Plata. Hasta el momento se tienen identificadas a 89 personas que pasaron por allí —Carlos De Francesco estima que él vio a 200—. De todas ellas, más de 60 están desaparecidas.


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