Viajó desde Bolivia para
saber qué pasó con su hermano
Una mujer se presentó ante la Cámara Federal de
La Plata para pedir que se investigue el destino de su familiar desaparecido. En
la jornada de ayer también se recibió el testimonio de varios familiares y ex
detenidos de centros clandestinos.
Por Francisco Martínez y Lucas Miguel (Secretaría de Prensa)
LA PLATA.- Una mujer viajó desde Bolivia a
La Plata para declarar ayer ante la Cámara Federal, con el fin de averiguar el
destino de su hermano desaparecido en 1976 en esta ciudad.
Amanda Kramer de Torrez declaró que su
hermano Hernán, que estudiaba Ingeniería química en la Universidad de La
Plata, desapareció junto a un amigo el 11 de septiembre de 1976 de su casa de
calle 66 entre 118 y 119.
La mujer contó las dificultades que
tuvo la familia para conocer algún dato sobre el paradero del joven. “La
represión acá era dura, no nos era fácil venir (desde Bolivia) para hacer
gestiones”, contó Kramer.
Además relató una historia que incluye
la aparición de un hombre que se hizo pasar por un ex compañero de detención
clandestina de Hernán Kramer, y que, según la hermana del desaparecido, tenía
vínculos con el dictador y ahora presidente constitucional de Bolivia, Hugo Bánzer.
“Una persona que volvió a mi país
decía que había salido de un centro clandestino por sorteo, y que mi hermano
saldría en quince días”, dijo Kramer. Finalmente ese dato resultó ser
falso, y la testigo señaló que quien decía ser ex detenido “seguramente sería
un represor de acá”. Esa persona se llama Miguel Angel Ferrufino.
También declaró que ese hombre “una
vez me dijo que si le pagaba una fianza (Ferrufino estaba preso) me contaría lo
que le había pasado a mi hermano. Yo le dije que no le iba a pagar”. El
supuesto represor le contestó entonces que “el general (Hugo) Bánzer le dijo
que no contase nada”.
La fábula que habría inventado
Ferrufino incluye una historia de escape, con el hermano de Kramer y otro
detenido, de un tren que se dirigía a Salta. La mujer declaró que este hombre
le contó que su hermano Hernán estaba alojado en un hospital de esa ciudad.
Este dato también resultó ser falso.
“La
represión acá era dura, no nos era fácil venir
(desde Bolivia) para hacer gestiones”, contó Amanda Kramer. "Yo no tenía
el coraje de ahora".
Amanda Kramer pidió a los jueces de la Cámara
“que vean si hay fichas sobre mi hermano en el Archivo” de Inteligencia de
la Policía, puesto bajo custodia por el Tribunal hace algunos meses y exhibido
públicamente la semana pasada. “Quisiera volver a mi país con algo”,
manifestó la testigo.
La mujer también relató un vínculo
que tuvo con un militar boliviano, Ricardo Berazain, quien supuestamente tenía
relaciones con las autoridades argentinas. Esta persona le dijo a la familia
—sin saber datos sobre el desaparecido— que Hernán Kramer “estaba
vivo”. “Cuando mi hermano desapareció era la única esperanza que teníamos”,
expresó.
Además, la hermana del desaparecido
contó que concurrió a la Casa Rosada para hacer constar la denuncia de la
desaparición de Hernán. “Pedí una constancia y me dieron una tarjeta, con
los datos de él. Eso fue un avance”, expresó. Luego se conectó con una
organización que nucleaba a familiares de extranjeros desaparecidos en
Argentina.
Kramer no ahorró en gestiones para dar
con el paradero de su hermano. En 1979, en la IX cumbre de la Organización de
Estados Americanos (OEA) que se desarrolló en Bolivia, familiares de
desaparecidos de esa nacionalidad en nuestro país le entregaron al delegado
argentino, Alejandro Formina, documentación sobre lo que había pasado con esas
personas. “Nos dijo que en la Argentina no había problemas con los Derechos
Humanos”, señaló la testigo.
A pesar de todos los intentos, la
familia no supo nada sobre el destino de Kramer y su amigo. Tampoco pudieron
hablar con compañeros de la facultad u otros amigos de su nacionalidad.
“Cuando vine aquí tenía 21 años y tenía miedo, no tenía el coraje de
ahora”, dijo Amanda Kramer al culminar su declaración. La mujer aportó a la
causa una lista con los nombres de 43 desaparecidos bolivianos en la Argentina.
Estaba embarazada y pudo salvar a su
bebé
En tanto, una sobreviviente de un centro
clandestino de detención relató ayer que estando embarazada logró salvar a su
bebé, que nació en la Cárcel de Olmos.
Beatriz Grasso fue secuestrada el 29 de
marzo de 1976 en la fábrica SIAP —en donde trabajaba—, por un grupo de
hombres del Ejército que actuó a cara descubierta y que se la llevó por
“averiguación de antecedentes”. La mujer dijo que pertenecían al
Regimiento 7 de Infantería de La Plata, y que “vinieron con mucho despliegue,
incluso con una tanqueta”.
Grasso era delegada gremial de la Unión
Obrera Metalúrgica (UOM), y no dudó en vincular a sus jefes con su detención
ilegal. Dijo que cuando fue interrogada en un centro clandestino que funcionó
en la Brigada de Infantería de La Plata, escuchó la voz de un hombre de
apellido Fregote, “jefe de relaciones exteriores de la empresa”. “Supongo
que también estaría Tedeschi, el dueño de la fábrica”, agregó la testigo.
La mujer contó que estando detenida en
la Brigada Femenina, y luego en Infantería, comprobó que estaba embarazada.
“No sé qué me pasó que no me torturaron”, expresó. Grasso dijo que más
tarde fue llevada a la Cárcel de Olmos.
“Fue el día anterior a la asunción
en la Provincia de (el ex gobernador de facto, Ibérico) Saint Jean. Me enteré
que luego de ese hecho en Infantería las condiciones de detención fueron más
duras”, expresó Grasso.
Beatriz
Grasso dijo que estando ilegalmente
detenida, comprobó que estaba embarazada.
"No sé por qué no me torturaron"
Asimismo, declaró que estuvo cinco años y
siete meses a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. En noviembre de 1976
pasó a la Cárcel de Devoto, en donde tuvo a su hija al mes siguiente. A los
seis meses de edad, la bebé fue recuperada por su padre, mientras que Beatriz
Grasso permaneció detenida en forma ilegal en ese penal hasta el 20 de octubre
de 1981.
“Me pedían que firmara un
‘arrepentimiento’, que era una forma que ellos tenían para demostrar que
supuestamente había hecho algo”, relató Grasso y añadió: “Nunca lo acepté”.
Grasso señaló que una de las personas
encargadas de ofrecerle el “arrepentimiento” fue Carlos Oscar Sánchez
Toranzo, un funcionario de enlace entre el Primer Cuerpo del Ejército y los
presos políticos en las cárceles en esa época.
Sánchez Toranzo es una figura conocida
para este Juicio: Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de “La Noche de los Lápices”,
contó en su declaración ante la Cámara que esta persona lo entrevistaba en la
Cárcel de Olmos para preguntarle “qué pensaba de conceptos como familia y
religión”. También dijo Díaz que Sánchez Toranzo, teniente coronel
retirado, le confió que sus compañeros secuestrados el 16 de septiembre de
1976 “fueron fusilados en la primer semana de enero de 1977”.
El 27 de abril pasado, durante un careo,
Sánchez Toranzo negó todo, si bien admitió que se entrevistó con Pablo Díaz:
“La misión dada por las autoridades militares era la de ir viendo cuál era
el comportamiento de los detenidos dentro de las unidades penitenciarias”,
explicó.
Secuestro a media cuadra de la
Gobernación
Oscar Fueyo es el actual secretario de
Administración y Finanzas del ministerio de Justicia y Seguridad de la
Provincia de Buenos Aires y declaró ayer por la desaparición de su hermano
Roberto René. Por esta misma causa, también prestó testimonio el tercero de
los hermanos, Juan Carlos, quien estuvo detenido junto al desaparecido Roberto.
Los hermanos Fueyo relataron ante el
tribunal que la madrugada del 21 de octubre de 1976 un grupo de ocho personas de
civil, armadas y con las caras cubiertas, secuestraron a Roberto René y a Juan
Carlos de la casa de sus padres, ubicada sobre la calle 53 de esta capital, a
cincuenta metros de la Casa de Gobierno provincial. “Se produjo una ‘zona
liberada’”, dijo Oscar Fueyo, “la Guardia de Gobernación no vio nada”.
Según contó el testigo, en uno de los
cuatro autos Torino en los que se movían los secuestradores estaba un compañero
de estudios de su hermano Roberto, apodado “El Vasquito”.
Cuando los represores golpearon a la
puerta, Roberto salió a atenderlos. Pero cuando preguntaron por él, les dijo
que no estaba. Sin embargo, según el relato de Oscar Fueyo, “El Vasquito”,
desde el auto, les indicó a los secuestradores que Roberto René era el que los
estaba atendiendo. Y, así, se lo llevaron junto a su hermano Juan Carlos, después
de saquear el domicilio.
Ayer, Juan Carlos Fueyo relató a los
jueces de la Cámara que cree que el lugar donde estuvo detenido ilegalmente
junto a Roberto fue el Batallón de Infantería de Marina Nº3 (BIM3): “Se
notaba que (los represores) eran de Marina por el vocabulario”, sostuvo.
“Hacían
abuso de las mujeres. El ‘cura’ decía:
‘Dios las cría y estos hijos de su madre
las violan’”,
recordó Juan Carlos Fueyo sobre su estadía en el BIM 3
Juan Carlos permaneció detenido durante
una semana tras la que fue liberado en el bosque platense. En la declaración
que prestó ayer recordó que había una detenida, apodada “chilena”, “a
la que le pegaban con una goma en los pechos para que reaccionara a la picana.
Decían: ‘Se nos fue la mano’”, dijo Juan Carlos ante el Tribunal . Y añadió:
“Hacían abuso (lo represores) de las mujeres. El ‘cura’ (apodo de un
represor) decía: ‘Dios las cría y estos hijos de su madre las violan’”.
El testigo también afirmó que en el
operativo de secuestro participaron la Marina y la Policía Federal: “Mi
hermano (Oscar) había trabajado junto a (el arzobispo de La Plata, monseñor
Antonio José) Plaza y fue a preguntarle por el caso de Roberto. Plaza le dijo
que fue un operativo de Marina y de la Policía Federal, y que uno de nosotros
dos saldría”, manifestó Juan Carlos.
Por otro lado, Oscar Fueyo, abogado,
sostuvo que durante la detención de sus hermanos presentó varios hábeas
corpus, “tantos, que cansamos a los jueces”, dijo. “A mí me tocó una
persecución económica. Todos los juzgados generaban costas. Esto hizo que la
gente (familiares de desaparecidos) a la que yo le llevaba los recursos
desistiera de seguir enviando” hábeas corpus, completó el ahora funcionario
del ministerio de Justicia y Seguridad. Además, afirmó que en 1982 lo
notificaron que debía 30 mil pesos de las costas no pagadas y le dictaron el
embargo de todos los bienes, medida que finalmente no se ejecutó y ya prescribió.
Oscar Fueyo hizo denuncias por la
desaparición de Roberto René ante varias dependencias públicas e incluso
declaró ante el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, en una audiencia en la
que, según dijo, estaba como acusado el ex jefe de la Policía bonaerense,
coronel Ramón Camps.
Al promediar su relato, el funcionario
provincial dijo que conocía el funcionamiento de las Fuerzas Armadas (FFAA)
“porque entre los 14 y 19 años viví en un colegio militar”. Y a continuación,
para la indignación de varios familiares de desaparecidos y víctimas de la
represión ilegal que se pararon y se fueron de la sala de audiencias, justificó
la obediencia debida: “En las FFAA hubo mucha gente de buena voluntad que no
se enteró de lo que pasaba hasta el juicio a los comandantes”, afirmó. Y
remató: “Era una estructura muy cerrada; no se está en una estado
deliberativo y se cumplen órdenes”.
Ex detenidos
Otra de las personas que declaró ayer
fue Patricia Pozzo, una ex detenida de centros clandestinos que contó su
historia y la de su hermana Julia, desaparecida junto a su esposo, Roberto Castañet.
Pozzo, quien actualmente reside en
Francia, relató que fue secuestrada de su casa el 29 de julio de 1976, junto a
su hermana y su cuñado. “En mi dormitorio me interrogaron sobre un chico
asesinado por la Triple A en diciembre del ‘75”, expresó la testigo.
“Como no querés colaborar, vas a tener que hablar con ‘el coronel’”,
contó Pozzo que le dijeron los represores.
Patricia Pozzo, su hermana y el esposo
de ésta, fueron llevados a un centro clandestino de Arana que, por los datos
que dio la testigo, se trataría de la División de Cuatrerismo, ubicada en las
calles 610 y 16 de esa localidad. Allí fue torturada con la picana eléctrica.
“A mi hermana la torturaron varias veces, y a mi cuñado, también, yo escuché
sus gritos”, señaló.
Del centro de Arana, Pozzo fue llevada
junto a un grupo de personas al “Pozo de Quilmes”. Entre esas personas ya no
estaban su hermana y su cuñado. “Allí estuvimos dos días sin comida, agua,
y sin poder ir al baño”.
La testigo contó que en una oportunidad
los represores le sacaron la venda (que utlizaba todo el tiempo), para darle de
comer a los detenidos. “La comida era basura: pedazos de cáscara, huesos,
migas de pan sucio”, detalló Patricia Pozzo.
A los 15 días fue llevada a la comisaría
3° de Lanús, en donde el comisario de apellido Piñi “nos dijo que el Ejército
nos había dejado de depósito”. A esa dependencia policial concurrieron
varios ex detenidos antes de ser liberados; allí eran “legalizados”
(puestos a disposición del PEN) y luego llevados a cárceles comunes.
Pozzo pasó por las cárceles de Olmos y
de Devoto, en donde firmó la opción para salir del país, trámite que hizo
efectivo en diciembre de 1979.
Madre e hijo
En las audiencias de ayer también
declaró Victoria Benítez, esposa del desaparecido José Clemente Artigas,
secuestrado en su casa junto a otras cinco personas el 16 de septiembre de 1977.
Por el mismo caso, declaró Juan Ramón Artigas, uno de los hijos de la víctima,
que tenía sólo seis años cuando las Fuerzas de Seguridad se llevaron a su
padre.
En la tarde de esa jornada la casa de
los Artigas tenía visitas. Habían ido a almorzar cinco amigos de José y
estaba toda su familia, con hijos que oscilaban entre los siete meses de edad y
los catorce años. Todos estaban pendientes del televisor, porque iban a mirar
boxeo.
Juan Ramón contó durante la audiencia
que “Mario, un amigo de mi papá, fue a avisarle que nos iban a llevar a
todos. Le dijo que hiciera algo porque andaban ‘los perros’ cerca”. Según
Juan, su padre le pidió a los invitados si podían retirarse pero ninguno quiso
hacerlo.
Un
grupo personas vestidas de civil irrumpió en
el domicilio en donde almorzaban cinco amigos y la familia, que incluía a niños
pequeños. "A Pablo le tiraban tiros al costado de su cabeza", expresó
Juan Artigas.
Cuando había pasado media hora de este
episodio un grupo numeroso de personas vestidas de civil y uniformadas irrumpió
en el domicilio de los Artigas y sometió a todos sus habitantes. Los seis
hombres —José y sus cinco amigos— fueron esposados y atados con cable. “A
Pablo, (a) ‘El Colorado’, le tiraban tiros al costado de su cabeza y le
preguntaban por armas”, recordó Juan Ramón, quien cuando vivió ese hecho
era un niño.
Por su parte, Victoria Benítez afirmó
que “fui a averiguar (por José) a la Brigada de Investigaciones y conocí a
dos de los (secuestradores) que fueron a mi casa”. Por esto, los jueces
ordenaron que la mujer reconociera a los represores en las fotos del archivo,
pero Benítez no logró identificarlos.
José Clemente Artigas era ordenanza en
la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y militaba en
el Partido Justicialista junto a los amigos que fueron secuestrados con él, de
lo que tampoco se sabe nada hasta ayer.
Reaparecidos
Por otro lado, también declaró el
matrimonio compuesto por Norma Elba Sánchez y Rubén Oscar D’Ovidio (hijo).
Rubén Oscar, su padre —también de
nombre Rubén Oscar— y su hermano Carlos Alberto fueron secuestrados la
madrugada del 20 de agosto de 1976.
Los represores, primero, pasaron por la
casa del matrimonio D’Ovidio-Sánchez y se llevaron a Rubén. “A las 3.30
sentimos golpes muy fuertes; ingresaron cinco o seis hombres armados, la mayoría
con la cabeza cubierta”, afirmó Norma Sánchez. Inmediatamente, los
secuestradores se llevaron a su marido y saquearon su casa.
Norma, desesperada, intentó comunicarse
con sus suegros, pero el teléfono no contestó y, entonces, decidió concurrir
personalmente. “Encontré todo revuelto. Estaba la madre (de Rubén) y se habían
llevado a su marido (Rubén Oscar) y a su otro hijo (Carlos Alberto)”, contó
Norma durante la audiencia.
Después de esto, la mujer se dirigió a
la comisaría más cercana, la 2°: “El comisario me dijo: ‘(ese operativo)
no tiene nada que ver con nosotros; seguro que fue el Ejército’”, agregó
Norma ante los jueces de la Cámara.
Por otro lado, Rubén manifestó que,
después de encapucharlo en su casa, lo introdujeron en un vehículo y lo
llevaron, según estima, a la Brigada de Investigaciones de la Policía
bonaerense, en 55 entre 13 y 14 de esta ciudad. “Por el movimiento (que había
en la dependencia) pienso que había gente en el mismo estado que yo”,
sostuvo.
Rubén D’Ovidio afirmó que mientras
le tomaban declaración —encapuchado y atado—, se dio cuenta que también
habían secuestrado a su hermano Carlos Alberto: “Lo escuché porque él
estaba declarando en una mesa contigua”, dijo.
Al rato de permanecer en lo que supone
que era la Brigada de Investigaciones, los D’Ovidio, junto a otros detenidos
fueron trasladados a un centro clandestino, que según estima Rubén, podría
ser el que funcionó en el destacamento de Arana. Aquí, el testigo se enteró
que las Fuerzas de Seguridad también habían secuestrado a su padre porque lo
escuchó hablar.
En ese centro clandestino los D’Ovidio
permanecieron hasta la medianoche de ese día, cuando los secuestradores los
subieron a una camioneta y los liberaron en las inmediaciones del bosque
platense.
Cinco familiares, pocas pistas
También declararon ayer cinco
familiares de desaparecidos que no supieron mucho acerca del destino final de
sus seres queridos.
Silvia Almarza, hermana del desaparecido
Guillermo Abel, relató que éste y su novia, Angélica Campi, vivían en Tandil
y habían viajado a La Plata por unos días, para visitar a la familia a los
padres de Angélica.
Según contó la testigo, a las siete de
la tarde del 9 de febrero de 1977, un auto interceptó a la pareja y la secuestró.
“Campi fue liberada a los 40 días y nos contó que estuvieron juntos (con
Guillermo) en un lugar que no pudieron ubicar”, declaró Almarza.
La testigo también afirmó que “a los
20 ó 30 días del secuestro, un hombre, sin violencia, recorrió (el interior
de) la casa de los padres de Campi” y luego se fue.
Almarza, asimismo, dijo que las únicas
pistas que tuvo sobre su hermano se las dieron los ex detenidos del centro
clandestino que funcionó en la comisaría 5° de esta capital, Carlos De
Francesco, Mario Féliz —ambos declararon en el Juicio por la Verdad— y
Miguel Ángel Laborde, quienes estuvieron con Guillermo durante su cautiverio.
También testimonió Mirta García
Sasone, vecina de la familia López Comendador, que sufrió la desaparición de
Luis el 28 de junio de 1977.
García Sasone sostuvo que presenció
dos hechos relacionados con el caso: uno en julio del ’76 y otro en junio del
’78. Con respecto al primero de los episodios, la testigo dijo que ese día
“mi mucama me llamó para que no volviera a casa porque había dos
encapuchados apuntando a Alejandra López Comendador”, hermana del
desaparecido.
García Sasone dijo que sin embargo
volvió a su casa porque sus hijos estaban allí. Cuando fue a ingresar al
edificio tuvo que pedir permiso a un oficial, al que le explicó que sus hijos
estaban adentro. Según la testigo, el represor le contestó: “Quédese
tranquila que sabemos todo sobre usted; hace ocho días que la seguimos” y la
dejó pasar. Cuando pasó frente a la puerta del departamento de los López
Comendador, García Sasone vio una mancha de sangre en el piso y preguntó que
había pasado. “Me dijeron que no preguntara y siguiera”, contó la testigo
a los jueces.
No obstante, ese día Luis no estaba en
su casa y se salvó.
El secuestro ocurrió dos años más
tarde. Este fue el segundo episodio, que la testigo pudo ver por la mirilla de
su puerta. Según contó, un grupo de personas armadas entró al edificio
insultando a Luis López Comendador, que abrió la puerta cuando sintió que
alguien tocaba.
Luego lo golpearon y se lo llevaron en
dos autos.
Además, Elba Chamorro declaró sobre la
desaparición de su esposo Jorge María Alfonso, ocurrida en el domicilio de
ambos en Berisso el 26 de octubre de 1976.
La mujer contó que en horas de la noche
un grupo de personas secuestró a Jorge, y que no supo nada del destino de él,
a pesar de las gestiones que hizo. “Lo busqué por todos lados”, expresó
Chamorro.
La testigo contó que su marido era
gremialista de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y que trabajaba en la
Terminal de Ómnibus de La Plata. Y que al día siguiente del secuestro concurrió
a la comisaría 2° de Berisso para hacer la denuncia por la desaparición de
Jorge, pero que este trámite no la ayudó en nada.
Otro familiar que prestó declaración
testimonial ayer fue Mónica Multrazzi, cuyo hermano José y la esposa de éste,
Silvia Agostinelli, desaparecieron de su casa de Zárate el 20 de noviembre de
1976.
“Colocaron un explosivo para abrir la puerta”, relató
la mujer y agregó: “Al día siguiente, un camión del Ejército se llevó
todas sus pertenencias”.
Multrazzi contó que la familia presentó
hábeas corpus en favor de la pareja desaparecida, en juzgados de La Plata, San
Nicolás y Capital Federal. Pero que ninguno de estos dio un resultado positivo.
Por último, en el caso por la detención
ilegal de Julio César Cámara, declaró su ex esposa Ofelia Ester Pereyra. “A
las seis o siete de la mañana (de un día de noviembre o diciembre de 1977)
escuché como una explosión. Me levanté y en la puerta de la habitación
encontré cuatro o cinco hombres armados”, contó la mujer.
Pereyra afirmó que secuestraron a su
marido y éste volvió en muy malas condiciones de salud a las 48 horas. “No
hablaba, casi no caminaba y tuvimos que darle de comer en la boca durante dos
semanas”, relató.
Julio César Cámara declaró en el
Juicio por la Verdad el 6 de octubre pasado y no supo identificar el centro
clandestino en el que estuvo detenido.
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