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ESPACIO ABIERTO
N°29
Junio
2004

Tapa

Editorial

Convenio con el Centro Angelelli

El juicio oral contra Bergés y Etchecolatz

Juzgados y condenados, en casa
Los protago-
nistas y los testigos
La sentencia

Derechos Humanos, mentiras y peligros

Salud reproductiva
"La despenali-
zación es una cuestión de tiempo"

Juicio por la Verdad
"Habrán pensado que iba a quedar-
me llorando en mi casa"

Memoria
Aprender a aprender sobre el golpe

Caso Beroch
Ahora falta la justicia

Represión
Kearney tiene mucho que decir pero no le preguntan

Justicia
Poner freno a tanto garrote y esposas

Institucionales
Conferencia de Zaffaroni

Contratapa:
“Ellos y ellas están aquí”

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Editorial


El condigno Juicio y Castigo

La restitución de la identidad a la joven Carmen Sanz y la condena a los represores Jorge Antonio Bergés y Miguel Osvaldo Etchecolatz es el primer fruto maduro de la lucha contra la impunidad de los genocidas en la ciudad de La Plata.

Se trató del primer juicio oral y público que se lleva a cabo en la capital bonaerense contra criminales de lesa humanidad. Sólo quienes luchamos por esto sabemos cuánto costó que fueran nuestros tribunales los que juzgaran a esos dos delincuentes y no jueces de otra jurisdicción; que sea en este suelo, donde cometieron sus crímenes aberrantes y donde los sufrieron las víctimas, que Bergés y Etchecolatz respondieran ante la Justicia.

Este juicio oral abrió un camino que se vislumbra largo: deberán pasar también por los tribunales platenses más de un centenar de represores imputados en las causas en las que se investigan los centros clandestinos de detención de Arana, La Plata y de algunos puntos del sur del Gran Buenos Aires.

Bergés y Etchecolatz no habían vuelto a ver las caras de los jueces de un tribunal por estos crímenes desde la causa Camps, en 1986. Con este juicio, fueron los primeros condenados por la responsabilidad en la supresión de identidad de una hija de desaparecidos. Antes de este proceso sólo se había juzgado a los apropiadores de los niños, no a quienes como Bergés y Etchecolatz promovieron y avalaron el delito.

Por eso este juicio ha sido histórico. Y representa un triunfo de la lucha por los Derechos Humanos, del que la sociedad debe sentirse congratulada. El precedente condenatorio da fuerza a la búsqueda de Justicia en tribunales como los de La Plata, que recién comienzan a despertar del letargo de tantos años de impunidad.

Hubo quienes desde un principio denostaron la condena a siete años de prisión que recibieron los dos represores. Se sabe que Bergés y Etchecolatz cometieron muchos más delitos de los juzgados en ese juicio, pero allí sólo se juzgó su responsabilidad en la supresión de la identidad y la falsificación de los documentos de una niña nacida en cautiverio, cuyos padres fueron desaparecidos por el plan criminal de la dictadura. Por el mal que infligieron a esta sociedad cualquier condena para ellos parece poca. Pero esta condena se les sumará a las próximas que vengan y a las que ya tienen.

De hecho, de la sentencia del Tribunal que los juzgó se desprende una nueva causa judicial por la retención y el ocultamiento de Carmen Gallo Sanz.

Esa medida fue adoptada como respuesta a la acusación que realizaron la APDH La Plata y la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, quienes solicitaron se juzgue a los represores con la aplicación del artículo 146 del Código Penal, que reprime los delitos de sustracción, ocultamiento y retención.

En la nueva causa que ordenó abrir el Tribunal por los últimos dos delitos —por el de sustracción Bergés fue absuelto en la causa Camps— los dos represores deberán ser indagados y encarcelados. La pena máxima para esos crímenes es de quince años.

Bergés, además, tiene pendiente la pena de seis años que recibió en la causa Camps y que eludió con la Obediencia Debida. Etchecolatz, por su parte, adeuda 23 años por esa causa, más otros tres por calumnias e injurias contra el maestro Alfredo Bravo.

Está visto, la Justicia se construye de a poco. Por eso, la condena de ambos es altamente positiva. Los dos tuvieron el condigno juicio y castigo por el que tanto luchamos.

Mesa Directiva

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