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ESPACIO ABIERTO
N°29
Junio
2004

Tapa

Editorial

Convenio con el Centro Angelelli

El juicio oral contra Bergés y Etchecolatz

Juzgados y condenados, en casa
Los protago-
nistas y los testigos
La sentencia

Derechos Humanos, mentiras y peligros

Salud reproductiva
"La despenali-
zación es una cuestión de tiempo"

Juicio por la Verdad
"Habrán pensado que iba a quedar-
me llorando en mi casa"

Memoria
Aprender a aprender sobre el golpe

Caso Beroch
Ahora falta la justicia

Represión
Kearney tiene mucho que decir pero no le preguntan

Justicia
Poner freno a tanto garrote y esposas

Institucionales
Conferencia de Zaffaroni

Contratapa:
“Ellos y ellas están aquí”

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Exoneraron al profe-represor Néstor Beroch


Ahora falta la justicia

Consejo Editorial

Finalmente, Néstor Beroch, el profesor platense acusado de participar en la represión ilegal durante la última dictadura cívico-militar, fue expulsado del plantel de la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) de la provincia de Buenos Aires, en un gesto que puede interpretarse como un primer paso hacia la Justicia. Ahora, justamente, falta que un juez lo investigue por la amplia gama de violaciones a los derechos humanos de las que se lo acusa.

La resolución de la cartera educativa se dio a conocer el 2 de marzo pasado. Contrariamente a lo previsto por las organizaciones de derechos humanos, el profesor fue expulsado por su trato con los alumnos y no por las graves acusaciones en su contra. Incluso, Beroch tiene antecedentes penales.

La propia Secretaría de Derechos Humanos bonaerense había dictaminado en octubre pasado su expulsión porque entendió que nunca debió haber ingresado en el plantel docente: el profesor estuvo imputado en una causa por robo, perpetrado con militantes de la organización Tacuara, en el año 1965 y —con el tiempo y la fuga— logró la prescripción.

Por ello, para la Secretaría Beroch nunca debió haber ingresado en Educación en 1977, porque aquellos antecedentes son incompatibles con el Estatuto del Docente.

El pegador
El ex alumno de Beroch, Diego Javier Leschinsky, declaró en el sumario que el profesor “tenía como costumbre, en relación con algún alumno que no estaba prestando atención o no se comportaba bien en la clase, a modo de llamado de atención, le arrojaba una tiza o bien le pegaba con una lapicera en la cabeza. Para ello, el profesor se acercaba al alumno, le hacía agachar la cabeza y con la punta le golpeaba la nuca”.

También aseguró que Beroch había conformado un grupo de alumnos, “los más corpulentos”, que “tenían como misión, ante alguna indisciplina de otros compañeros, darles una paliza o manteada”.

En el sumario otros cinco alumnos señalan el gusto del profesor por “lapicerazos” y “manteadas”, pero “restándole carácter agresivo”.
Con esos testimonios terminó la carrera docente de Beroch. El Tribunal de Disciplina de la DGCyE ordenó su exoneración por “exceso de autoridad del docente” y “por el trato humillante a sus alumnos y por alentar la violencia”. Y para eso tardó poco más de siete años. El sumario data del 13 de noviembre de 1996.

El represor
El currículum represivo de Beroch es grande. Sin embargo, el Tribunal de Disciplina no tuvo en cuenta las acusaciones realizadas en la CONADEP por otro represor, el suboficial retirado del Ejército Oreste Vaello, quien lo señaló como integrante de un grupo de tareas conformado por miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), “colaboradora de la Brigada de Investigaciones de La Plata”.

Vaello aseguró que Beroch obedecía órdenes del comisario Alberto Pacheco, que Carlos “el Indio” Castillo era el jefe del Grupo y que todos habían participado en La Plata de la formación de la organización terrorista Triple A.

Martín Horacio Cañas, en tanto, lo señaló en el Juicio por la Verdad como “uno de los jefes del grupo” que secuestró a sus hermanos desaparecidos María Angélica y Santiago Enrique. Y Lázaro Aleksoski lo responsabilizó por la desaparición de su hermano, José David.

Como coralario, en la investigación del Juicio por la Verdad un informe, del que se desconoce su autoría, lo incrimina en la desaparición de los chicos de la Noche de los Lápices. Por este último hecho, junto al sumario se inició una causa penal que cayó en manos del juez federal Humberto Blanco, que en marzo de 1997 declaró la causa “extinguida por prescripción”.

Pero todavía Beroch no puede respirar tranquilo. Justamente, el juez Blanco tiene otras dos causas judiciales pendientes en su contra: fue denunciado como represor en los centros clandestinos de Arana y en la Unidad Penal N°9.

Es decir, la exoneración de Beroch es el primer atisbo de que la justicia aparece de a poco. Pero no el último esperable.

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