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Exoneraron
al profe-represor Néstor Beroch
Ahora
falta la justicia
Consejo Editorial
Finalmente, Néstor Beroch, el
profesor platense acusado de participar en la represión ilegal
durante la última dictadura cívico-militar, fue expulsado del
plantel de la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) de la
provincia de Buenos Aires, en un gesto que puede interpretarse como un
primer paso hacia la Justicia. Ahora, justamente, falta que un juez lo
investigue por la amplia gama de violaciones a los derechos humanos de
las que se lo acusa.
La resolución de la cartera
educativa se dio a conocer el 2 de marzo pasado. Contrariamente a lo
previsto por las organizaciones de derechos humanos, el profesor fue
expulsado por su trato con los alumnos y no por las graves acusaciones
en su contra. Incluso, Beroch tiene antecedentes penales.
La propia Secretaría de Derechos
Humanos bonaerense había dictaminado en octubre pasado su expulsión
porque entendió que nunca debió haber ingresado en el plantel
docente: el profesor estuvo imputado en una causa por robo, perpetrado
con militantes de la organización Tacuara, en el año 1965 y —con
el tiempo y la fuga— logró la prescripción.
Por ello, para la Secretaría Beroch
nunca debió haber ingresado en Educación en 1977, porque aquellos
antecedentes son incompatibles con el Estatuto del Docente.
El pegador
El ex alumno de Beroch, Diego Javier Leschinsky, declaró en el
sumario que el profesor “tenía como costumbre, en relación con
algún alumno que no estaba prestando atención o no se comportaba
bien en la clase, a modo de llamado de atención, le arrojaba una tiza
o bien le pegaba con una lapicera en la cabeza. Para ello, el profesor
se acercaba al alumno, le hacía agachar la cabeza y con la punta le
golpeaba la nuca”.
También aseguró que Beroch había
conformado un grupo de alumnos, “los más corpulentos”, que “tenían
como misión, ante alguna indisciplina de otros compañeros, darles
una paliza o manteada”.
En el sumario otros cinco alumnos
señalan el gusto del profesor por “lapicerazos” y “manteadas”,
pero “restándole carácter agresivo”.
Con esos testimonios terminó la carrera docente de Beroch. El
Tribunal de Disciplina de la DGCyE ordenó su exoneración por “exceso
de autoridad del docente” y “por el trato humillante a sus alumnos
y por alentar la violencia”. Y para eso tardó poco más de siete
años. El sumario data del 13 de noviembre de 1996.
El represor
El currículum represivo de Beroch es grande. Sin embargo, el
Tribunal de Disciplina no tuvo en cuenta las acusaciones realizadas en
la CONADEP por otro represor, el suboficial retirado del Ejército
Oreste Vaello, quien lo señaló como integrante de un grupo de tareas
conformado por miembros de la Concentración Nacional Universitaria
(CNU), “colaboradora de la Brigada de Investigaciones de La Plata”.
Vaello aseguró que Beroch obedecía
órdenes del comisario Alberto Pacheco, que Carlos “el Indio”
Castillo era el jefe del Grupo y que todos habían participado en La
Plata de la formación de la organización terrorista Triple A.
Martín Horacio Cañas, en tanto, lo
señaló en el Juicio por la Verdad como “uno de los jefes del grupo”
que secuestró a sus hermanos desaparecidos María Angélica y
Santiago Enrique. Y Lázaro Aleksoski lo responsabilizó por la
desaparición de su hermano, José David.
Como coralario, en la investigación
del Juicio por la Verdad un informe, del que se desconoce su autoría,
lo incrimina en la desaparición de los chicos de la Noche de los
Lápices. Por este último hecho, junto al sumario se inició una
causa penal que cayó en manos del juez federal Humberto Blanco, que
en marzo de 1997 declaró la causa “extinguida por prescripción”.
Pero todavía Beroch no puede
respirar tranquilo. Justamente, el juez Blanco tiene otras dos causas
judiciales pendientes en su contra: fue denunciado como represor en
los centros clandestinos de Arana y en la Unidad Penal N°9.
Es decir, la exoneración de Beroch
es el primer atisbo de que la justicia aparece de a poco. Pero no el
último esperable.
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