Free Web Hosting by Netfirms
Web Hosting by Netfirms | Free Domain Names by Netfirms

 
ESPACIO ABIERTO
N°29
Junio
2004

Tapa

Editorial

Convenio con el Centro Angelelli

El juicio oral contra Bergés y Etchecolatz

Juzgados y condenados, en casa
Los protago-
nistas y los testigos
La sentencia

Derechos Humanos, mentiras y peligros

Salud reproductiva
"La despenali-
zación es una cuestión de tiempo"

Juicio por la Verdad
"Habrán pensado que iba a quedar-
me llorando en mi casa"

Memoria
Aprender a aprender sobre el golpe

Caso Beroch
Ahora falta la justicia

Represión
Kearney tiene mucho que decir pero no le preguntan

Justicia
Poner freno a tanto garrote y esposas

Institucionales
Conferencia de Zaffaroni

Contratapa:
“Ellos y ellas están aquí”

 Suscripción a edición impresa

 

 

 

Espacio Abierto
Edición digital

La declaración de Estela de Carlotto 
en el Juicio por la Verdad


"Habrán pensado que iba a
quedarme llorando en mi casa"
La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo contó la historia del secuestro de su esposo, el asesinato de su hija y la desaparición de su nieto.

Por Francisco Martínez (*)


Carlotto declaró por más de dos horas. "Mi esposo contaba cómo mataban, cómo torturaban" en la Brigada de Investigaciones, relató. (Foto: FM) 

Por su presencia, por su discurso, en fin, por su historia, Estela Barnes de Carlotto se convirtió en la figura central de la primer audiencia del Juicio por la Verdad en este 2004.

La presidenta de Abuelas declaró el 17 de marzo por el asesinato de su hija Laura, por el secuestro su fallecido esposo Guido y por la desaparición de ese nieto, que llevaba el mismo nombre que su abuelo y que hoy no se sabe donde está.

"Voy hablar de la víctimización de mi familia", dijo, al comenzar su declaración.

Su esposo Guido fue secuestrado el 1° de agosto de 1977, y permaneció en cautiverio 25 días. El hombre le había prestado una camioneta a su hija Laura para una mudanza, y quien debía entregársela, Daniel Mariani, no lo hizo. Guido fue hasta el domicilio de la familia Aued, en 132 y 35, y lo secuestraron. Quizás los mismos que ya se habían llevado a los Aued y que ya habían matado a Daniel, amigo de Laura.

Guido Carlotto había estado en la Brigada de Investigaciones de La Plata. Fue ferozmente torturado y perdió 14 kilos. "Mi esposo contaba cómo mataban, cómo torturaban y cómo luego daban unas inyecciones que hacían caer desmayados o muertos a los torturados. Y cómo los mismos delincuentes decían «ahora, dónde los llevamos». Decían: Punta Lara, el Cementerio, Arana. Eso es lo que escuchó mi esposo", señaló Carlotto.

Fue entonces que la familia decidió que Laura fuera a vivir a Buenos Aires. El último contacto fue el 16 de noviembre. "Ahí ya tuvimos la certeza de que ella había corrido la misma suerte que tanto otros jóvenes militantes", relató su madre.

Durante esos meses sólo tuvieron "informaciones esporádicas" de Laura: que estaba viva, dijo un anónimo; que estaba embarazada de seis meses, contó una liberada. 

"Fue la alegría de que Laura estaba viva, la alegría de que esperaba un bebé y la lógica humana de que no iba a morir, que iba a volver, que yo tenía que empezar a buscar a un nieto", rememoró Carlotto.

Directora de una escuela, empezando "una vida nueva" porque "no hay enseñanza no hay libros que digan cómo buscar a una persona", Estela de Carlotto conoció a las primeras Abuelas. Se sumó a su lucha.

El 25 de agosto de 1978 le llegó una fría citación: la Policía pedía "a los progenitores de Laura Carlotto, presentarse urgentemente en la subcomisaría de Isidro Casanova". Estela, su hermano y su esposo fueron sin saber cuál era el resultado. 

Allí estaba el subcomisario, quien les mostró el DNI de Laura y les preguntó si la conocían. Lacónicamente, les espetó: "Lamento informarles que ha fallecido". 

"Yo reaccione muy mal, le dije «asesinos, ella estaba secuestrada, tuvo un hijo, dónde está mi nieto». Tenía un crucifijo enorme sobre su escritorio y le dije «él los va a juzgar»", recordó Estela.

En esa Argentina trágica y acostumbrada al horror, el funebrero le agradeció a Carlotto el haber venido a retirar el cuerpo: "Hasta ahora todos los que me dan son para enterrarlos como NN en el cementerio de la zona, y yo no cobro nada", le dijo.

Después de este episodio doloroso, Carlotto continúo su lucha. "Quizás habrán pensado los asesinos que yo iba a quedarme llorando en mi casa, pero tuve más fuerzas para seguir, sobre todo para buscar a ese chiquito".

En 1980, estando en Brasil para buscar un contacto con el Papa, Estela de Carlotto se encontró con dos liberados: Alcira Ríos y Luis Córdoba. Este matrimonio le dio la información de que Laura había parido a su hijo Guido en cautiverio. Los sobrevivientes estaban convencidos de que "Rita", como la conocían allí, estaba en libertad, la habían visto irse bañada y "arreglada". Pero Carlotto les contó que había sido asesinada, con dos disparos, uno en su vientre para intentar borrar la prueba de su maternidad.

Seis años después, la presidenta de Abuelas pidió a la Justicia que exhume el cuerpo de su hija. Del análisis de los huesos, surgió que había sido asesinada con un disparo a la cabeza con un arma de grueso calibre y que había tenido un hijo. 

"El nacimiento de mi nieto me lo confirma un soldado conscripto, que fue puesto para vigilar a una subversiva que iba a dar a luz, el 26 de junio del '78 en el Hospital Militar Central", continuó Estela. Ese soldado, Carlos López, reconoció que un militar de apellido Minicucci trajo a Laura.

Carlotto señaló que "hay tres Minicucci. Uno de ellos falleció, a otro lo investigue y sé que no, pero hay un tercero que falta investigar, puede tener mi nieto". La confusión sobre los Minicucci ya se dio en el Juicio por la Verdad otra vez: se habla de un Federico y de un Guillermo, pero hasta hoy no se ha podido identificarlos correctamente.

La presidenta de Abuelas se preguntó por qué su hija tuvo el "privilegio" de dar a luz en un Hospital Militar. Estimó que eso se debería a que el niño ya estaría destinado a alguien importante y acotó que uno de los carceleros de "La Cacha" le compró el ajuar del bebé del color preferido de Laura: el blanco.

Responsables

Carlotto declaró que Orestes Vaello dio en la Conadep nombres de dos responsables:

* Un oficial de apellido Osterrier, que habría sido el que mató a Laura Carlotto.

* Un médico peruano, Arroyo Morales, que recibió al nieto de Estela.

El conscripto contó que el bebé fue retirado por un civil y que el tal Minicucci le dio una inyección a su madre "para dormirla". 

"Hoy todo joven que se llama Guido o que tenga los ojos de Laura me impacta", expresó Carlotto. Y agregó: "Esta historia, es una historia más en tantas historias fuertes de nuestra querida Argentina. Yo creo que la Justicia llega, es lenta pero llega. Las Abuelas siempre confiamos en la Justicia".



(*) Secretario de Prensa.

Ir arriba