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Espacio Abierto
Edición
digital
La historia de Horacio Pietragalla Corti,
último Hijo restituído
“Tatuado de ellos”
Hijo de Horacio Pietragalla y Liliana Corti, Horacio fue el joven número 75 que recuperó su identidad. Criado por la empleada y vecina de un militar que fue su secuestrador y su padrino, creció con la duda constante acerca de su verdadero origen.
Por Monica Cofré (*)

Horacio Pietragalla hijo en
la vigilia del 12 de agosto, cuando se sancionó la nulidad del
Punto Final y la Obediencia Debida.
(Foto: F. Martínez) |
Durante 26 años lo llamaron César Sebastián Castillo pero la tarde en que recibió los resultados de los análisis de su sangre y tuvo la certeza de quién era realmente, llamó a Abuelas de Plaza de Mayo y dijo su nombre por primera vez:
—Soy Horacio Pietragalla Corti y voy para allá.
Allí esperaban para conocerlo algunos tíos y primos.
—¿Cómo era tu vida antes del 4 de abril?
—Era un chabón normal, estaba en el barrio (Lugano), trabajaba como repositor externo en una cervecería, estaba noviando. Pero bueno, con una duda que la tenía adentro. La tuve desde los 14 años más o menos. A mí me criaron como hijo propio y ahí yo empecé a dudar si podría ser adoptado, porque era muy distinto. Capaz que no le daba tanta importancia. Dudaba y nada más, hasta llegaba a pensar que podía ser una fantasía.
—¿Buscabas fotos de cuando eras chico?
—Si, pero como mis viejos eran muy humildes y tenían que llamar a un fotógrafo para que venga...La primera foto que vi fue cuando mi hermana cumplió cuatro años. Yo hace poco me di cuenta que ella cumplía esa edad porque sino hubiese pensado que algo estaba mal; supuestamente ella me llevaba cinco años. Yo estuve anotado como con un año menos y cuando me enteré de la noticia ¡tenía un año más!, eso fue un bajón (risas).

Horacio Pietragalla padre y
Liliana Corti, el día de su casamiento. (Foto: Gentileza H.
Pietragalla) |
—¿Entonces, cuándo naciste?
—Nací, en realidad, el 11 de marzo de 1976 y estaba anotado el 22 de mayo del '77, que fue la fecha que se le cantó al militar porque mis viejos no tenían ningún tipo de contacto para hacer una documentación falsa. Todo lo hizo este militar: Hernán Tetzlaff; como él ya tenía una nena apropiada que había nacido en febrero del '76 es como que
quiso crear, por las dudas, una distancia escrita.
—¿Cómo fue el contacto entre el militar y tu mamá?
—Mi vieja me pidió cuando se enteró que había un bebé con el que no sabían qué hacer, porque el militar me consiguió para un familiar de él y a último momento se arrepintió. Ahí mi vieja escuchaba, y me empezó a pedir. Ella trabajó 30 años como empleada doméstica de él y hasta hace cinco años trabajaba ahí. Era vecino del edificio, fue padrino mío de bautismo. Padrino porque fue a la iglesia, porque era una relación totalmente fría. Habrá querido ser el padrino para “estar ahí”. Pienso que mi vieja biológica hizo un montón desde arriba para que me agarre mi vieja (la que me crió) porque dentro de todo... yo no tuve una infancia muy feliz porque era un ocultamiento que ellos tenían en la casa.
—A partir de conocer la verdadera historia, ¿en qué te identificás con tus padres?
—Yo lo que veo en mí, es que genéticamente me quedó muy tatuado lo que fueron mis viejos. Hoy en día me encuentro con amigos y familia de mis viejos y me lo dicen, viste. Tengo gestos de mi viejo, la risa de mi vieja. Pienso igual que ellos. Es como que rompo un poco con eso de que los primeros cinco años, copiás todo de tus viejos de crianza. No sé, yo te digo la verdad, capaz que es a propósito, en esta circunstancia capaz que se da así el tema de sacarlo. Otra cosa es que te den, pero sacarme de mi mamá... capaz que eso fue lo que produjo que yo hoy en día esté así, ¿no?, tan tatuado de ellos. Es una cosa que yo me planteo, a veces, porque es impresionante. Bueno, la cara de mi vieja soy yo, viste. Yo mido 1,98 y mi viejo 1,95.
—¿Y qué sentías cuando escuchabas hablar del tema de los desaparecidos o de la dictadura?
—Siempre me interesaba este tema. Yo escuchaba la canción de Rubén Blades “¿Adónde van los desaparecidos?” (“Desapariciones”) ¡No podés creer qué mal, la piel de gallina!, me agarraba todo un escalofrío. “La Historia Oficial”, siempre la vi y siempre me llamaba la atención “La noche de los lápices”. El “Nunca más” lo leí cuando tenía 15 años, que lo pedí prestado, iba leyendo a escondidas. Leí el “Nunca más” para saber bien qué pasaba. A escondidas, por un tema de que como mi mamá laburaba ahí, viste... siempre eso, algo que no era normal.
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Horacio
Pietragalla en los brazos de su madre, cuando era un bebé, antes de ser secuestrado.
(Foto: Gentileza H. Pietragalla) |
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—¿Qué fue lo que determinó que empezaras a averiguar?
—Era una duda constante que tenía sobre este tema, pero nunca me animaba a ir (a Abuelas), o se me iba. Por eso me parece impor-tantísimo que esté el tema ahí, que esté, que esté...porque es como que lo dejás pasar porque si estás bien, estás cómodo y no le das importancia. Hasta que te cae la ficha de empezar a dudar más. Por ejemplo, a mi me cayó la ficha de empezar a dudar más cuando meten en cana a este milico, prendo la tele y veo a Estela de Carlotto hablando y engancho un programa “25 años de Abuelas” y una serie de cosas que me llevan para ese lado.
(*) Consejo Editorial de la APDH
La Plata.
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Rompecabezas familiar
Horacio Pietragalla y Liliana Corti eran, en un principio, militantes de la Juventud Peronista. Él estudiaba sociología y ella psicología. Se casaron en junio de 1972. Horacio fue asesinado en Córdoba por la Triple A, en noviembre de 1975. Horacio (hijo) nació el 11 de marzo de 1976. Liliana fue asesinada en agosto de 1976 en un operativo en una casa de Villa Adelina. Allí, Horacio fue secuestrado y habría sido llevado a la Brigada Femenina de San Martín.
El 27 de agosto pasado, antropólogos forenses identificaron en las exhumaciones de NN en el cementerio de San Vicente en Córdoba, el cuerpo de Horacio Pietragalla (padre). El 2 de septiembre, su hijo viajó a Córdoba a recuperar los restos.
“Esto es reparador, me devolvieron la identidad y la historia de mi viejo. La vida me viene deparando sorpresas, hace poco tiempo tenía una duda sobre mi identidad y descubrí que era hijo de desaparecidos y ahora me fui preparando para esta noticia” dijo Horacio, el día en que recorrió las pantallas de los noticieros llevando los restos de su padre envueltos en una bandera argentina. |
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