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ESPACIO ABIERTO
N°26
Abril 2003

Tapa

Editorial 1

Editorial 2

Breves 24 de marzo

Por la Paz y contra el poder imperial

Torturas: el caso testigo

Lavallén, el hombre de la Mercedes Benz 

Tres nuevas denuncias, camino al Juicio y Castigo

Fábricas recuperadas: apología del trabajo

Tejerina: Nada más que un represor

Institucionales

Contratapa:
Breve homenaje a un gran militante

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Revelación esperada en el Juicio por la Verdad


Lavallén, el hombre 
de la Mercedes Benz
El represor fue señalado por la esposa de un desaparecido de la empresa como uno de los que participó en el secuestro.

Por Francisco Martínez (*)


La foto de Lavallén, de 1983, reconocida por la testigo.

Rubén Luis Lavallén sumó en el Juicio por la Verdad otra denuncia más en su contra. Y ahora se confirma qué rol jugó en la represión ilegal contra los obreros de la Mercedes Benz, los desaparecidos integrantes de la comisión interna de la fábrica de González Catán.

Según la esposa de uno de esos desaparecidos, Lavallén participó en uno de los secuestros de los obreros. Es el caso de Alberto Gigena, detenido ilegalmente el 13 de agosto de 1977. 

El dato sirve como doble prueba: primero, confirma que Lavallén operaba desde la Brigada de San Justo como represor de la zona, algo que él negó el año pasado y que resultaba obvio puesto que se apropió de la hija de dos desaparecidos que pasaron por el centro clandestino que funcionaba en esa dependencia policial.

La segunda prueba es contra Mercedes Benz: la empresa, un año después, contrató a Lavallén como Jefe de Seguridad. Según uno de sus gerentes, “porque habrá tenido las cualidades para ello”. 

La denuncia que hizo el 26 de marzo Graciela Velázquez de Gigena cierra el círculo de otras cuestiones que ya se habían acreditado en la causa. 

Por ejemplo, el hecho de que por la Brigada de San Justo, en la que trabajaba el entonces subcomisario Lavallén, pasaron algunos de los desaparecidos de la Mercedes Benz, como lo contó el ex detenido Juan José Martín en el Juicio por la Verdad. 

El testigo, uno de los dos sobrevivientes de la comisión interna de la Mercedes Benz y el primero en ser secuestrado, dijo a la Cámara que en ese lugar “me vendaron los ojos, me ataron las manos en la espalda y me dieron shocks eléctricos mientras me preguntaban cosas de la fábrica”.

Otro de los sobrevivientes, Héctor Ratto, fue secuestrado el mismo día que Gigena, no en su casa sino en las instalaciones de la propia fábrica. Lo llevaron a la comisaría de Ramos Mejía y cinco días después al Regimiento de Campo de Mayo, donde se encontró con Gigena y otros desaparecidos.

“Por las voces reconocí a algunos de mis compañeros de la Mercedes Benz”, declaró Ratto en julio de 2001. Permanecían todos en un galpón del regimiento, lugar donde a Ratto lo torturaron “a tal punto que tenía los dos brazos paralizados”. A comienzos de septiembre de 1976, hubo un traslado que no lo incluyó a él, y no se supo más nada de esos delegados.

La presencia de los represores dentro de la fábrica de Mercedes Benz fue confirmada por Ratto. De hecho, el testigo denunció que el día de su secuestro uno de los gerentes, Juan Tasselkraut, le entregó el domicilio de Diego Nuñez a la comitiva militar que lo fue a secuestrar. Esa misma noche, Nuñez sería también detenido en su casa de Ciudad Evita.


Velázquez de Gigena contó que encontró a uno de los represores en la comisaría de San Justo.
(Foto: FM)

Una foto y dos represores

Velázquez de Gigena reconoció a Lavallén en una fotografía —que se publica en esta página— que le exhibió la periodista alemana Gabriela Weber, muchos años después de los hechos. Weber le mostró varias tomas y la mujer señaló la foto que data del año 1983, cuando el represor todavía era Jefe de Seguridad de Mercedes Benz. 

El represor ocupó ese cargo desde el 2 de julio de 1978 hasta que la Justicia empezó a encontrar pruebas de que se había apropiado de Paula Logares.

La esposa del desaparecido también reconoció a otro represor que participó del secuestro de su marido, cuando fue a realizar la denuncia a la comisaría de San Justo.

Cuando el oficial que la atendía le preguntó cómo eran los hombres que habían entrado en su casa, otro policía entró a la oficina. Velázquez no se pudo contener: “‘¡Era él, era él!’, dije. El hombre pegó la vuelta y se fue”. La mujer describió a ese represor como un hombre “delgadito, blanquito y petisito”.

Velázquez de Gigena, en cambio, no pudo reconocer las fotos que la Cámara Federal le mostró del personal de San Justo en la época de la dictadura. Adujo una razón elemental: “Ahí están con uniforme y a casa fueron de civil, de pelo largo y bigote”.

Donde manda capitán

Cuando fue citado en abril del año pasado, Lavallén respondió preguntas sobre su desempeño como Jefe de Seguridad de Mercedes Benz.

Una pregunta fue sobre el trato que tenía con lo que quedaba de la comisión interna para 1978 y si los delegados reclamaban por los desaparecidos.

“Tuve muy buen trato con todos ellos, de ninguna manera me recordaron y me dijeron hechos anteriores. He mantenido muy buena relación con los operarios incluso. Creo que hay gente que, si se la cita, puede corroborar lo que yo digo”.

También se le preguntó sobre su rol en la Brigada de San Justo y por el centro clandestino de ese lugar. “Eso se llamaba Área Restringida y era manejada por los militares. Allí no tenía acceso ningún personal de la Brigada”, contestó Lavallén. Y remató: “Donde manda capitán, no manda marinero”. 

Las afirmaciones de Lavallén chocan con la realidad. En una causa judicial de los '80, la Justicia determinó que en la Brigada de San Justo no existía la división de “tareas” que alegó el represor. 

Quizás la respuesta a esta contradicción esté en otro tramo de la declaración de Lavallén en el Juicio por la Verdad. Cuando la abogada Marta Vedio le preguntó si sabía que allí se torturaba, el hombre de la Mercedes lanzó una pista. “Yo no trabajaba de noche”, aclaró, aportando con esa frase cierto conocimiento del accionar represivo de ese lugar.

(*) Secretario de Prensa

Archivan causa contra un represor

El juez federal Humberto Blanco aseguró que las leyes de impunidad están vigentes y archivó la causa en la que se investigan los delitos de índole sexual del ex policía Miguel Ferreyro (foto) contra la sobreviviente Nilda Eloy, cometidos en el centro clandestino de la Brigada de Lanús.

La causa se había formado en diciembre de 2001, luego de que la ex detenida reconociera a Ferreyro por la voz en una declaración en el Juicio por la Verdad. 

“No puedo dejar de advertir la vigencia de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida respecto de las personas que —como en este caso— integraron las fuerzas policiales”, señaló el juez en su fallo del 5 de marzo pasado y, con ello, ordenó archivar la causa. 

El fiscal Félix Crous apeló y pidió la declaración de invalidez e inconstitucionalidad de ambas leyes de impunidad, con lo que el expediente está a resolución de la Cámara Federal. 

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