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ESPACIO ABIERTO
N°22
Marzo 2002

Tapa

Editorial

Asambleas barriales 
de La Plata

Nombres y hechos listos para ser juzgados

Torturas y malos tratos: cumplir las normas

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El caleidoscopio de Porto Alegre

Un mundo sin guerras es posible

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El 'caso Favero' en el Juicio por la Verdad


Nombres y hechos listos 
para ser juzgados
Los policías que participaron de la “ratonera” contra Daniel Favero y María Paula Alvarez se muestran como simples instrumentos de un jefe represor que ordenó la desaparición de dos personas.

Por Francisco Martínez (*)

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Julio César Argüello, el "mecánico" de autos (Foto: FM)
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Raúl Orlando Machuca, el jefe.
(Foto: VW)
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Mario Víctor Sita, el condecorado. (Foto: FM)

La noche del 24 de junio de 1977, el represor Carlos Nogara encomendó a una comisión policial de la Brigada de Investigaciones de La Plata la tarea de realizar una “ratonera” contra el poeta Daniel Favero y su mujer, María Paula Alvarez.

El grupo estaba integrado por el cabo Julio César Argüello (de 30 años en ese momento), el sargento Marío Víctor Sita (42), otro suboficial de apellido Russo (ya fallecido), y el sub-inspector Raúl Orlando Machuca (23), que por ser oficial estaba al mando de la comisión. 

Los policías se dirigieron a un departamento contiguo al que Favero habitaba en un edificio en calle 57 entre 12 y 13, de La Plata. Allí, según dijeron en sus testimonios ante la Cámara Federal, esperaron cerca de una hora y media.

“A nosotros nos dieron la llave de un departamento en diagonal a ése y (la orden era) que toda persona que saliera se procediera a detenerlos”, admitió Machuca. 

Pero los policías no cumplieron la orden. Según relatan y consta en un sumario policial de la época, se produjo un tiroteo con resultado hasta ahora incierto. Se sabe que Argüello quedó herido pero los policías no fueron capaces de precisar qué pasó con Favero y Alvarez.

“Para mí estaban heridos o muertos, porque no se movían”, dijo Mario Sita. Machuca, aportó más o menos lo mismo: “Que no se movían, no se movían”.

Sin embargo, Argüello declaró en el sumario policial —en rigor, un “Consejo de Guerra” contra Favero y Alvarez por haber “herido” al policía— que vio cómo “una mujer caía herida mientras que un hombre se entregaba y era detenido”. Cuando declaró el 5 de diciembre, Argüello dijo que no podía precisar ese dato, y ese fue uno de los motivos por los que los jueces ordenaron su arresto por falso testimonio.

El parte policial firmado por Machuca esa misma noche, indica que la pareja fue “abatida”. No obstante, el policía dijo en su declaración que él no redactó ese texto y que simplemente se lo dieron a firmar.

Para fundamentar el desconocimiento de qué pasó con la pareja que hasta el día de hoy permanece desaparecida, los policías dicen que después del tiroteo los jefes (Nogara y otros represores del Comando de Operación Tácticas N°1 —COTI—) se hicieron cargo de la situación.

También dijeron que ellos no sabían quiénes eran las personas a las que iban a vigilar y, eventualmente, detener. “Yo no sabía”, sentenció Argüello, cometiendo otra contradicción con su declaración en el sumario policial, en donde dijo que la comisión se dirigió a la casa de departamentos para “investigar las actividades de sus moradores, por cuanto se tenía conocimiento que no serían ajenos a actividades subversivas”.

A esto debe agregársele que en el parte firmado por Machuca, se indica que en el departamento 2° E “se sabía que se alojaban delincuentes subversivos, de la banda autotitulada Montoneros y que horas más tarde con refuerzos suficientes de personal y armas iban a ser intimados a su rendición”.

Un mecánico, un oficial joven y un condecorado

Argüello se presentó ante la Cámara como el encargado de hacer el mantenimiento de los vehículos de la Brigada y señaló que en esa época “la verticalidad que existía dentro de la Policía no llevaba a uno a preguntar” a qué se debían ciertas órdenes. Menos, seguramente, si se producían a las 0.30, hora propicia para reparar coches.

Machuca, un joven oficial de 23 años que dijo dedicarse a la represión en los cabarets, admitió que participó de operativos de traslados de detenidos ilegales a la comisaría 5° y el Pozo de Bánfield. “Éramos sólo el refuerzo”, explicó.

Sita, en tanto, es uno de los tantos condecorados el 30 de noviembre de 1976, con la Orden San Miguel Arcángel, por haber “eliminado de la sociedad a elementos extremadamente peligrosos, para beneficio de la misma y prestigio de la Institución”. Entonces, fue ascendido a Sargento 1° “por mérito extraordinario”.

Por sus contradicciones e imprecisiones, los policías podrían ser procesados por falso testimonio, ya que no lograron decirle al Tribunal qué pasó con la pareja con la que ellos se enfrentaron. En definitiva, un dato simple que consiste en saber si murieron o si fueron detenidos y llevados a un centro clandestino.

Pero también, si otro fuera el contexto jurídico de la Argentina, podrían ser procesados por participar, directa o indirectamente, en la desaparición forzada de dos ciudadanos. 

Su situación es diferente a la de otros represores ya que están plenamente identificados. Faltará saber qué es lo que decide hacer la Justicia.

(*) Secretario de Prensa de la APDH La Plata

Un torturado en la Agrupación 601

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El testigo y los jueces, en el 601 (Foto: FM)

El testigo Eduardo Macías se convirtió en el primer sobreviviente de la represión ilegal que cuenta haber estado secuestrado y haber sido torturado en la Agrupación 601 de Comunicaciones, de City Bell.

El dato, revelador, lo brindó ante la Cámara en su testimonio del 20 de marzo. Macías señaló que un grupo de personas que dijeron ser del Ejército lo secuestaron de su casa el 13 de enero de 1977, cuando volvía del trabajo.

"En el 601 había una casa para alojar detenidos. En una sala se aplicaba la picana y a mí me torturaron", indicó.

Agregó que estuvo en ese lugar con un amigo suyo que está desaparecido, Rubén De Angelis, a quien identificó mientras los re-presores tomaban lista.

"Había hombres y mujeres detenidos —precisó Macías—, y las mujeres eran violadas".

Después de su testimonio, la Cámara dispuso una inspección ocular en el regimiento, para ver si el testigo reconocía el lugar donde estuvo detenido.

Macías, que sólo pasó una noche ahí y estuvo vendado, recordaba un piso de mosaicos negros y blancos. 

Uno similar se encontró en la enfermería del 601, pero el testigo no pudo precisarlo. "No estoy seguro", dijo.

Ver más información sobre este tema en el informe de prensa de esa fecha

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